Tu rostro difumina ya
la breve vida de nuestro estar.
Común tenemos el gozo, partitura
escrita a ciegas que nos miente
disolviendo los tonos agrios y
pesados de la sierpe, que el telón
mastica a pedazos cuando a sus actores
tímidamente, se orinan
entre sus rodillas, los repudian
por la insana celebración
de tu muerte frente al espejo.
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