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El Avión

Dibujando Voces
Las alas del avión hacían como que se plegaban ante la embestida furiosa del viento; pero luego se volvían a abrir sin perder un ápice de altura y lo enfrentaban de nuevo. Luego revoloteaba sin sentido en un espacio breve, haciendo, más que piruetas, breves nudos en el aire.

Venía osco y polvoroso el viento del oeste. Hediondo, pestilente.

El avión le retaba con sus alas cuadradas y el insistente e irregular ruido de un motor aparentemente indomable.

-Rrrrrrrr

-Raaaaá,

-Brrrrrrrr...

-Pruuuuú

Duró la fiera batalla casi una hora.

Dando vueltas y vueltas, alargando a veces hacia el poniente su breve vuelo, hasta que de repente las alas se desprendieron de las manitas morenas que las sujetaban.
Primero de un lado, luego del otro.

El Viento se encargó de lo demás.

Vengativo y furioso se llevó las alas como premio a tanto desafío, entre un remolino gris que las revolvía en su seno espiral e invisible (remedo de hoyo negro) junto con bolsas de plástico, papeles percudidos con todo lo imaginable, desechos industriales pulverizados y otros muchos componentes habituales de un tiradero de basura.

A un costado del área de vuelo estaba la razón del colapso aéreo: se reventó una hélice morenita y descalza.

Derrumbado en el suelo, el infante andrajoso cubre con una tira de trapo sucia su dedo ensangrentado. Ha tropezado con una roca invisible entre el matorral de hierbas que rodea la choza de cartón y láminas que sirve de vivienda a su familia. Se le levantó completa la uña del dedito gordo de pie derecho. No llora pues sabe que está solo y nadie acudirá en su ayuda. Se porta como los héroes de guerra de las películas que ve en la televisión vetusta que no falta en la casa.
Le gustan los aviones. Ha dicho a todos que cuando sea grande será un piloto. Es tan enfático en su idea que cuando le duele la pancita por el hambre, mamá le dice que se aguante, que los pilotos no lloran.
Él resiste con algo más que heroísmo los acosos del ayuno involuntario, como si fuera una prueba de fuego.

Por ahora la aventura con alas ha concluido. Descuido de navegante bisoño que por mirar los cielos y soñar con las nubes se olvidó de los suelos, desde donde siempre se traza todo vuelo.

De cualquier forma, no ceso de cantar odas a esa bella aventura que lo llevó a volar más allá de sus plantas descalzas y desnudas, saltando y corriendo tras un trozo de cartón viejo y ajado que tiene el poder de hacer sentir, soñar, a cualquier alma infantil pura, lo hermoso que es volar aunque se viva rodeado de basura.
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Comentarios (2)

R
Rosario Martín ·
♥ 0
Volar, ese deseo que nace con nosotros.Maravilloso.
Es increible tu capacidad para remover,sacar a flote las sensaciones olvidadas y recordarnos la capacidad que tienen las almas puras de apreciar la vida en las condiciones más miserables.
Bella lección,Melquiades, para un mundo que inventa juguetes
cada vez más alejados de la imaginación y lo que es peor un mundo que va reduciendo,por motivos diversos,la maravillosa etapa de la infancia.
Un abrazo
Melquiades San Juan
Melquiades San Juan ·
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Los niños hacen que todo vuele. Con lodo hacen palomas y éstas vuelan. Viven bajo techos de cartón y sobre pisos de tierra y son felices. Sienten hambre y les duele su pancita y no piensan que en ello pudiera haber maldad humana. Algunos, en los lugares más marginales del país mío, cierran sus ojitos casi después de mirar los primeros rostros y recibir una que otra sonrisa, luego se van hacia donde nunca se vuelve. Qué bueno que eso único que alcanzaron a ver fue su privilegiado contacto con la realidad temprana de cada hombre: la sonrisa de una madre. No conocieron esas miserias y egoísmos que atesora el hombre, solo la sonrisa de una madre.
Ya no hago testamento de esto, gracias por leer Rosario, abrazos.
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