1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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    Como Tom Hanks en Forrest Gump
    cuando al fin dejó de correr,
    un día decides que ya está bien,
    que ya no hay cuerpo ni alma
    que soporte tanta carrera inútil,
    como si el camino se volviera
    de repente una jodida pared
    vertical, como cien caimanes
    mordiéndote los talones
    o los callos afeando al mismísimo
    corazón. Como si ya no te quedara
    un solo hueso por romperte
    y aún no has llegado a ningún sitio
    donde tumbarte bajo cualquier amable lluvia
    primaveral y mirar la vida
    como un cuadro que se pinta a sí mismo.
    Recuerdas ayer cuando esprintabas
    hasta la misma pechera de tu dios,
    cuando bailabas en alucinados círculos
    sobre el hígado enfermo del mundo,
    y los semáforos en rojo, las calles prohibidas y las trampas
    lubrificaban tus células de guepardo
    o de joven tigre enjaulado.
    Como cuando aterrizabas versos
    tras aquellas memorables duchas de luna llena
    o habitabas ese viejo piso
    sin dirección, de interminable pasillo,
    y sus infinitas habitaciones con el cartel
    en sus puertas de no molestar;
    pero a tu paso se abrían
    y en cada habitación clavabas tu bandera
    a la velocidad de los que no saben
    retroceder ni conjugar las estancias.
    Porque nunca supiste vivir sin correr
    y sueñas que corres,
    pero ya solo sueñas
    porque el flato acuchilla el motor
    gastado de antes
    y los pulmones explotan.
    Y es entonces cuando alguien te ofrece
    te regala unas nuevas zapatillas
    y te dice que hay que morir corriendo,
    pero tú le dices que ya has muerto
    demasiadas veces, que el problema
    son el puto sobrepeso de tu alma y tus pies,
    que es hora de dejarte volar por la gravedad del sol.
    Y esa persona te dice que solo vuelan
    los pájaros y los aviones,
    que tú no eres un pájaro ni un avión
    ni estás muerto aún,
    que son zapatillas mágicas.
    Suspiras y ríes, te vuelves y revuelves.
    Pero aun así aceptas las dichosas zapatillas.
    Y por un momento ya no te duele nada.
    Reconoces que son hermosas.
    Y aunque sabes que son de mentira
    te las calzas una vez más
    por ella, solamente por ella
    (y a lo mejor también un poco por ti)

    _______
  2. BUITRES EN MI JARDÍN

    El día que Supermán se enganchó a la marihuana
    en mi reino descorchábamos caprinos
    desde los campanarios, aplaudíamos
    el acuchillamiento de mamíferos astados
    y practicábamos el harakiri (en vivo) a los cerdos.
    Por aquellos años yo dibujaba sueños
    y odiaba a los niños con olor a mierda de vaca
    que chorreaban hostias tras la cerquilla
    aledaña a un colegio de piedra podrida
    (materia de los enlatados cerebros de sus progenitores)
    En la primera cadena explotaba el espíritu
    de la paloma en doble estéreo
    e improvisadas distorsiones a una sola mano.
    Nuestros padres se emborrachaban
    con vino de rosas y aromas de sangre seca:
    solera que hervía la bodega de las parroquias obreras
    y la festividad anual de la Casa de campo.
    En aquellos años, a nuestros jóvenes mayores
    aún les sangraban los himnos a capela,
    se creían a pie juntillas la pirotecnia libertaria
    y los anuncios musicados de nocilla.
    Ya entonces se fraguaban cambios terminales
    en el córtex de los barrios,
    mientras al sur los negritos del Colacao se empeñaban
    en seguir muriendo antes de los cuarenta.
    La floreciente dislexia existencial ya presagiaba
    el apocalipsis en los imberbes pechos.
    La engominada hornada de los lacoste
    acumulaban matrículas de deshonor
    en evoluciones y ciencias políticas.
    Los demás remaban hacia el horizonte
    que dictaban el anti-inmovilismo social
    y las feromonas de ocasión.
    Más tarde, yo aún aprendía a abrocharme
    los verbos en frecuencia modulada,
    engordando a golpe de tendón y uña
    la lista de mis futuros crímenes contra la humanidad
    y la línea crediticia del Corteinglés.
    A las estatuas se les cayeron los anillos,
    a los armarios las puertas
    y a otros el reloj del amor por las alcantarillas
    de algún paraíso en rebajas.
    Y Supermán, al fin desintoxicado,
    estrellaba sus lágrimas de acero contra el techo
    del planetario de su vieja ciudad technicolor.
    Allá por mi reino aún se mojaban los sexos
    y se empalmaban los miembros viriles
    de los machos ibéricos
    cuando un ser de cuatro patas doblaba el esqueleto
    y derramaba su sangre por la tierra.
    Pero por aquel entonces
    todavía creía en superhéroes
    que fundían con su mirada láser a los malos.
    Muchos años después yo seguía digiriendo padres
    y seguía escondiendo venas
    y seguía dibujando sueños.

    _______

    UN HOMBRE Y SU DOLOR

    Hay un hombre que se muere a cada minuto.
    Un hombre que le sobran razones para callar,
    un hombre que tiene motivos de sobra
    para gritar hasta reventar.

    Uno que se ahoga en un puzle de conceptos y de estrellas,
    que cree que la niebla tiene oídos (y que le escucha),
    que sabe que tras lo oscuro no habitan sombras
    con dentadura y hambre de lobo.

    Hay un hombre que a ratos precisa y profesa de dioses y métodos
    que justifiquen su descomunal pequeñez;
    que bendigan su intolerable instinto de bestia,
    y que le permitan fotografiar desde alguna luna de Júpiter
    el arco iris de sus tribales y deshilvanados hormigueros de hombre.

    Hay un hombre que necesita de otros hombres y mujeres:
    mujeres con halo y brisas de madre,
    de mujeres que alteran las mareas.
    Un hombre que necesita orgasmos
    tibios y sencillos (de los de andar por casa),
    los otros los guarda en el cajón donde crujen y se pudren
    recortes de cielos caducados y sus perdices momificadas.

    Que también necesita tormentas de vino y litros de olvido,
    toneladas de paciencia, gramos de ilusión,
    moralejas de postre y bandas sonoras
    para llorar y para llevar.
    Que necesita también alas de plastilina infantil
    y paredes con olor a isla y a humo,
    espejos y sus ismos, paréntesis, brújulas y revólveres
    (estos últimos cargados de insultos expectorantes
    y furiosas primaveras)

    Pero sobre todo,
    sobre todo, lo que ese hombre necesita
    son unas manos que acaricien y alivien
    su endiablada acidez incorpórea,
    unos labios que compartan y amortigüen su dolor,
    su inconmensurable dolor por llegar a reconocerse
    en el turbio e infecto estanque
    de la (su) memoria humana,

    ... dolor de no sentir dolor.

    Hay un hombre que ya no necesita de amores que viajan en burbujas
    y explotan acribilladas de café y químicas
    mágicas al amanecer,
    un hombre que ya no necesita mentiras,
    tantas y tantas mentiras, engrasadas
    y sincronizadas como caros relojes suizos.

    Hay un hombre al filo del abismo de la desesperanza,
    a punto de romperse en un billón de átomos de insoportable lucidez.
    Un hombre que entretanto se conforma con respirar,
    un hombre que ante todo sueña el triunfo del hombre,

    de ese hombre aún en proceso,
    de ese hombre con H de humanidad,
    y con el tan generalizado hábito
    entre algunos y algunas como él
    de enfrascarse en estúpidas e infructuosas discusiones con su silencio,
    a dejarse volar sin límites ni restricciones ,

    a la osadía y potencial pérdida de tiempo de verter,
    día tras día, en un alarde de estoica aseptitud,
    su monótono y repetitivo dolor
    sobre un mudo y jodido papel.

    _______

    LA INDUSTRIA

    Dentro de la habitación:

    Insomnio de palomas disecadas.
    Sombras a pleno rendimiento:
    Metalurgia de la memoria
    en estructura de techos altos
    e inabarcablemente fríos.
    Planchas gigantes y quejosas,
    dentadas correas rezuman
    corazones de culpa o humo
    entre estertores y relámpagos
    sin gravedad.
    Lunas/es de cocaína ante un descolorido
    calendario de antiguas amantes
    ataviadas con lencería roja
    e inerte expresión. Fluye
    sudor ácido y terrible,
    desbocado bajo las sábanas
    y sobre las sucias sienes
    de los protagonistas
    del último remake del inframundo.

    Fuera de la habitación:

    Un gato negro y viejo
    (más viejo que negro)
    araña suavemente la puerta.
    Clamando en voz baja
    su oficio de ángel nocturno,
    su incuestionable derecho
    a arroparse junto a los pies
    de su mejor amigo,
    en su penúltima muerte.

    _______
    A Medusa y Alizée les gusta esto.
  3. ´
    Ya la luz guardada comienza a doler
    y es normal anochecernos un poco.

    Hoy recuerdo esa tarde en una isla del sur de Japón
    empujando una barcaza junto a unos exhaustos
    y sorprendidos pescadores nativos -parecíamos
    bronceados semidioses reflotando el arca del diluvio-

    En agradecimiento me llevaron gratis a otra isla
    donde me alojaba y bebía cervezas asahi
    y dragones negros como si fueran agua.

    En una capital caribeña vi a la mujer más bella de América.
    Trabajaba en un casino por un escatológico sueldo
    y se ofreció a llevarme al paraíso a cambio de 20 dólares USA
    Nunca pagué por sexo (pero esa vez estuve a punto,
    lo reconozco)
    Fuera del casino la noche tropical sudaba su febril reggae
    como si no existiera un jodido mañana.

    Abdul, un marroquí que me hacía una obra en el piso,
    me invitó a conocer el humilde paraíso de donde venía.
    -Familia inacabable, caballos en arena fina, paredes blancas,
    verdes árboles frutales y verdes plantaciones de marihuana,

    y a lo lejos siempre el mar-

    Un día de febrero a principios de los 90,
    mientras en el viejo Maastricht se cosía la nueva Europa,
    yo llevaba al implorante Toni a comprar su dosis de polvo
    de mariposa marrón a la costa de los muertos vivientes.

    No había nada paradisiaco en aquella costa de barro,
    flores intravenosas y delgadez horrenda
    (ese día certifiqué la trampa de los paraísos exprés)

    Paraísos para recordar y no volver.
    Paraísos solo para valientes, locos o kamikazes,
    que se esfuman un día de repente
    escapados de entre los dedos
    en un breve o largo instante,
    como se mueren los ángeles rotos y los sueños.

    No hay nada transcendente en los paraísos de este mundo
    ¡y para qué!
    La transcendencia es un tren que siempre llega vacío y con retraso,
    los paraísos ignoran vías y nunca regresan.


    "La transcendencia es la mentira más cómica
    de todas las mentiras,
    y los paraísos solo existen a modo de anticipada y fugaz
    indemnización por los infiernos por venir"

    ... me lo juraban Mark y Laura hace mil años
    en aquel bar nocturno de Zaragoza,
    filosofando como antiguos griegos borrachos
    mientras compartíamos humo, rayas, rock y birras,

    una pareja encantadora con acordes grunge
    y el mejor rollo de España,
    les había conocido un par de bares antes.

    Él se marchó al lavabo.
    Laura y yo nos miramos en silencio
    (de negro cósmico sus ojos)
    Entonces la besé y ella me besó.
    Labios y lenguas pegados alrededor de un minuto.

    ¿Y esto? me preguntó.
    No sé, -contesté-
    Sonrió.
    Luego regresó Mark y brindamos con tres chupitos de tequila.

    Creo que se querían. Me gustaban.
    Continuamos charlando -y riendo-
    sobre la gloriosa imperfección (y levedad) de los paraísos
    cuatro o cinco bares más,

    hasta el último rayo de luna.

    ______
    A E.Fdez.Castro, Kratos Peru y Alizée les gusta esto.
  4. A Kratos Peru y E.Fdez.Castro les gusta esto.
  5. `
    De pronto la ves,
    en ese pasillo,
    entre la sección de productos de limpieza
    y la de comida para mascotas.
    No estás del todo seguro,
    quizás ella tampoco.
    Te cuesta recordar su nombre.

    Su lugar en tu cerebro: un aula casi vacía,

    el sol de mediodía mordiendo las ventanas,
    y como patética excusa unos supuestos
    apuntes olvidados en una carpeta
    en un supuesto rincón de un pupitre.


    Lo siguiente una falsa improvisación
    en forma de invitación para echar
    un partido de tenis
    (su chándal te dio la pista)
    Luego unas cervezas pospartido
    y un largo beso en la prórroga
    bajo el marcador siempre
    amañado en aquellos días de la luna.


    Se acerca a ti y entabláis conversación.
    Dos vidas en diez minutos. Su historia:
    dos adolescentes con su mismo color de ojos
    y la misma nariz, un boomer amante del golf,
    una nómina amable, algún roto incosible
    y un par de arrugas delatoras.

    La tuya: cuatro verdades a medias,
    varias sonrisas irónicas disparadas al techo,
    stock de airadas cicatrices
    más un cuadro de amnesias bajo llave
    y con colmillos.

    Tu memoria empieza a funcionar a destajo,
    esos hoyuelos al sonreír, ese gesto...
    Y comprendes por qué
    aquella excusa en aquel aula.
    Pero da igual,
    no es la primera vez que te ocurre
    (seguro que tampoco la suya)

    Y es que a veces la vida
    -cabrona como ella sola-
    en pleno centro comercial
    te lleva a la sección de hipotéticas existencias
    u otras dimensiones.

    Y entonces en esos momentos
    solo te salvan una de esas oxigenantes
    risas de entreacto,
    uno de esos silencios establecidos
    con la mirada (siempre de mutuo acuerdo)
    o una llamada (siempre más que oportuna)
    en el insensible móvil

    japonés de última generación.

    ______
  6. En nuestro planeta existen cuatro grupos animales dependiendo de su grado de inteligencia (capacidad de deducción, percepción acertada de la realidad, toma de decisiones coherentes, sentido común...)

    1º- Algunos (pocos) humanos
    2º- Grandes simios, algunos mamíferos no humanos, loros, cuervos y algunos humanos
    3º- Resto de animales vertebrados no humanos, pulpos, hormigas y algunos humanos
    4º- Resto de animales invertebrados y otros (muchos) humanos
  7. `
    Amo el metro y los trenes de cercanías.

    Viajar en los trenes de Madrid es poesía pura
    en vena.

    Los prefiero con abundante pasaje
    pero tampoco demasiado llenos.

    El gobierno se ha empeñado en jubilar mi coche
    y ambos nos lo tomamos con resignación.
    -Ay compañero, "amico firmo nil emi melius"
    que lo sepas-

    Antes de Cristo, antes de mi Opel Corsa gti
    -que corría como el diablo sin abs y sin airbags
    y sin radares y sin controles de alcoholemia-
    y antes de mi primer invierno nuclear
    yo viajaba mucho en metro y buses,
    ¡jóder, cuánto ha llovido de eso!

    Sí, amo viajar bajo las calles
    y los edificios de la ciudad;
    todos son felices en los andenes y vagones
    en esta nación de luz led y ratas discretas,
    de felicidad y amor subterráneos.

    Solo faltan los pájaros,
    si hubiera pájaros sería la nación perfecta.

    Los jóvenes -ajenos aún a los big crunchs de la vida-
    en parejas o grupos, conversan y ríen
    con sus teléfonos móviles. Todos
    teclean religiosamente y a la velocidad de la luz,

    teclean, ríen, hablan y aman sin parar
    abducidos por sus silícicos apéndices,
    extrafinos, Apple, japoneses o coreanos.
    Jóvenes y teléfonos móviles son uno
    en este inquieto siglo.

    Y es que todos los jóvenes son hermosos,
    todos los jóvenes son buena gente,
    todos los jóvenes son poetas en potencia.

    En el metro todos los pasajeros son felices
    hasta los que tienen cara seria y se miran
    en el cristal de las ventanas de los vagones
    o leen un libro o el periódico o sus contratos
    de trabajo o los resultados de sus analíticas de sangre.

    Miles de almas ateas, creyentes, agnósticas,
    diestras, zurdas, veletas, eólicas,
    chicas con deportivas más grandes que ellas,
    viejos con mirada tan cansada
    como los hepatocitos de España,
    almas internacionales, sin gluten,
    con arena de mar, espías de Andrómeda...

    Todos son felices y yo tan feliz.

    Y son felices porque en el metro no existe la soledad.
    Y son felices porque si de repente uno se desmaya
    si te da una lipotimia o te da un infarto
    incluso si saltas a las vías en un ataque
    de supremo bajón existencial
    todos te van a ayudar, van a pedir ayuda
    con sus bonitos y modernos teléfonos móviles;

    van a ponerse nerviosos
    algunos van a llorar a gritar a preocuparse por ti
    van a detener el tren
    y van a dejar de reír y de guasapear
    y de charlar alegremente sobre sus cosas.
    Te van a ayudar a ti, te van a amar a ti.
    Porque si Dios existe, no lo dudes, va en metro.

    El metro y los trenes de cercanías
    son el verdadero ministerio de la Solidaridad
    de este puto mundo.

    Si bombardeara La Aviación enemiga,
    si hubiera un terremoto devastador,
    o una guerra y al mes un terremoto de 7,6
    todos, juntos, en magnánima comunión
    habitando los inexpugnables pasillos del metro,
    ayudándose unos a otros como hermanos
    como hermanos que antes, arriba, no lo eran.

    Aunque aquí no hay guerras ni terremotos
    devastadores, esas cosas ocurren
    en lugares donde no hay
    ni se imagina metro ni suerte,
    pero ahora estamos hablando del metro de Madrid.

    Falsos mapas del tesoro y relatos burbuja
    ilustran el interior de los vagones.
    A veces entra un músico y resume
    algún great hit de Dylan o el maestro Leonard
    que sorprende y emociona al personal
    (y les afloja el corazón y los bolsillos)

    Ahora dejan viajar a los perros con sus humanos,
    si mi Bart estuviera aún conmigo le llevaría en metro
    solo para que lo conociera,
    y seguro montaría La Revolución
    y algunos pasajeros ya no serían tan felices,
    pero yo sí.

    No estaría mal morirse en el metro,
    un buen lugar para morir: rodeado de amor
    de gente feliz que nunca te dejarán solo,
    porque en el metro no hay soledad;
    ... rodando, volando sobre las vías
    a través de los túneles y entre publicidad
    mil colores y una voz de mujer suave,
    robótica -casi divina-

    anunciándote amable la próxima estación.

    _____
  8. `
    Ahí van, solos, únicos,
    pasados de transaminasas, divorciados de cuentos
    y princesas o príncipes cegatos a los escombros
    de sus galones y encantos.

    Ahí van los honrados perdedores
    con los flaps gastados y sus canas por bandera,
    con el suero de sus poemas mediocres,
    con las cuentas siempre en el alambre.

    Recorriendo los reinos paliativos de la visa,
    escrutando las ofertas del mes,
    las novedades que confunden al ocaso
    de sus ayer explosivas existencias
    y colorean por un rato el stock de sombras.

    Dignos perdedores que se resisten como tigres
    siberianos a tirar la toalla (¡eso nunca!)

    Ritualmente se iluminan como soles
    con las lunas de neón esas noches muy jodidas
    y empatizan con algún felino sintecho
    al mirarse a los ojos -un respeto cariñoso
    y mutuo adquirido entre viejos perdedores-

    Doctorados en la escabrosa ciencia
    de la supervivencia social, houdinis
    del disimulo y los silencios amaestrados.

    Soportan estoicos las fiestas de sus jóvenes vecinos
    del piso de arriba los sábados sin fin.

    Ellos, solos, a punto de la siguiente derrota,
    a un paso de la mutación inevitable
    en ser leve, ingrávido a los terremotos
    e incendios transformadores del mundo,

    cuando en el ascensor se cruzan con su vecina
    embarazada del piso de arriba, esa chica de 32
    con el brillo de la vida en 16K,
    le dicen buenas tardes y le sonríen, le sonríen
    de verdad, se alegran de su felicidad, de su juventud,
    de toda la juventud y felicidad de la galaxia;

    le sonríen explayando sus corazones
    de poeta mediocre, de honorable perdedor,

    y evitan comentar sobre lo conveniente
    y ante todo gratificante
    de revisar su gusto musical,

    -y es que, qué coño vale la vida
    sin que unas buenas guitarras eléctricas
    te hayan desvirgado el alma, la sangre,
    al menos una vez, al menos una -


    _______
  9. `
    Arde Internet.

    Arden las redes y los foros.

    Increíble.
    Jesús -el hijo de Dios- ha regresado.

    Se le ha visto paseando sobre las aguas del río Hudson
    frente a la Statue of Liberty en New York.

    No dice nada. Saluda sonriente
    a la multitud que le observa desde tierra
    y los abarrotados ferrys.

    Viste una túnica blanca como la nieve.
    Debajo solo unos jeans.

    Helicópteros del FBI sobrevuelan constantemente
    tan bajo que alborotan su larga melena.
    Parece un loco.

    ¿Protocolo de alerta antiterrorista o extraterrestre?
    Epidemia de onicofagia en la White House.

    Lleva 24 horas caminando. Más o menos
    cada 50 minutos se tumba boca arriba
    sobre el agua con las rodillas dobladas
    y la nuca apoyada en las manos.
    Parece que está silbando. Las gaviotas vuelan a coro sobre él
    dibujando frases en el aire:

    "ME HAN OBLIGADO A REGRESAR"

    "HERMANOS MÍOS, ESTO NO PUEDE SEGUIR ASÍ/
    OS ESTÁIS CARGANDO EL PLANETA/
    Y NO PARÁIS DE JODEROS ENTRE VOSOTROS "

    "VENGO A PONER UN POCO DE ORDEN/
    TRAIGO TODO UN ARSENAL
    DE NUEVOS MILAGROS"

    Las redes echan chispas.

    Dicen cosas como:

    "Otro extranjero que viene a delinquir y vivir de las ayudas del Estado"

    "Vaya pintas de vegano perroflauta, fijo que es marica"

    "A este le ha financiado algún lobby
    cambioclimatista al servicio de la agenda 2030 y
    el supremacismo feminista"

    "¡Argentino!"

    Pero Jesús ya no está para sandeces.
    No está dispuesto a un segundo fracaso.

    Entonces
    da una fuerte palmada y la tierra comienza a temblar.

    Las redes siguen echando chispas:

    "Eso es censura cabrón"

    "¡Fascista progre!"

    "... Aguafiestas"

    Jesús consulta con su padre.

    "Estos gilipollas no tienen remedio.
    Mándales a tomar por culo.
    Hágase tu voluntad"

    Y ante la negativa de Satanás ("yo quiero malvados, no zombis")
    a partir del año uno de la nueva era
    el hombre vagó por los tenebrosos senderos de la existencia
    en busca de la santa lucidez por otros dos mil años.

    Y (de paso) la última luz del último aparato conectado a la red cesó.


    Y de nuevo se hizo la bendita

    ciberoscuridad.

  10. `
    Le recuerdo bajo aquel uniforme Batman style,
    veinte y algún años, el astra a la cintura
    en el far west de la aurora madrileña
    y un aviario roto en la cabeza.
    Siempre una chica de ayer entre nubes
    de vinilo y espuma. Pirámide de sueños en 3D

    Gourmets de veneno dulce y angustias codificadas.
    360º de paraíso y piel primaveral. Tuppers y chester
    a media luz con café mecánico. Eran tiempos
    de musgo, milagros al por mayor y amor por cable.

    Carne de volcán. Menú de fluidos y tristezas
    comestibles. Un entrañable desconocido mastica
    versos burbujeantes y sangra estrellas con taquicardia
    allá por sus mil y una crepusculares rendijas.
    Cual búho flaco (o mosca kamikaze) duelen
    sin vértigo los días vacíos surfeando olas
    de asfalto a bordo de flamante black corsa tdi

    La recuerdo, ángel en jeans. Sol puro en la noche
    de moda. Pijama azul algodón. Desimagina cumbres
    sin oxígeno, ríe causas con sabor a tierra y guindilla
    sobre isobaras de hiperternura.

    Ella hubiera hecho babear a la ONU
    y a Wall street juntas,
    al artista más top de cualquier generación,
    al primer astronauta en pisar Marte.
    Alguien decía:
    "El desapego es la vacuna contra el desengaño"

    -Boys don´t cry-
    pero los héroes eléctricos mueren
    una y otra vez al contacto con el suelo.

    Tronaban oscuras guitarras en el pecho frágil
    y entre radioactividades de cremallera
    mientras aceleraba incontrolable un viejo reloj
    de arena con vocación de alud y desguace onírico.

    Juntos descubrieron que el único amor es aquel
    que sobrevive a los posos del alba,
    que el abismo se cocina a fuego muy lento
    y sabe mejor en buena compañía,
    que la red asesinó a la luna de los hombres lobo
    o que el cometa Halley transporta
    horizontes sin terminar y almas de perro.

    ________
  11. `
    ¡Qué bueno!,
    pretendían que me creyera su cuento
    y su párvula alquimia...
    Seguro que no sabían de mi antídoto;
    y es que
    no hay mejor antídoto contra un veneno
    que otro veneno más potente.
    Pues el veneno no siempre es letal
    ni su toxicidad tan simple
    como la gran mayoría supone.
    Tóxico son otras muchas cosas
    que no precisan ser ingeridas
    o sin fórmula explicada.
    Tóxico es una media verdad.
    Tóxico es una calle sin salida
    y tóxico es una salida siempre a la misma calle.
    Tóxico puede ser una flor
    de colores rabiosamente bellos
    mezclada en la sopa,
    tóxico es una sopa
    para cien estómagos vacíos...


    -----------

    Terraza del Portobello.
    Centro neurálgico de la Justicia de Madrid.
    Mañana primaveral del 2002. Lunes.
    Tres piratas millonarios y otro pirata novato
    se juegan a los chinos 500 euros en birra,
    cava, ostras de primera y bogavante.

    Letrados, procuradores, sus señorías,
    camareros con dotes de Spiderman,
    dentro algún famoso imputado;
    dos rubias lucen nariz nueva & bótox,
    y un trasojado deudor que discute
    en voz baja sobre cielos desaprovechados
    y duendes malignos en manada
    con su caña de cerveza y unas aceitunas.

    ¡Marchando seis de arroz con maravillas
    de las costas del noroeste peninsular!

    El espléndido sol entre espumas
    contradice a los agoreros del desastre,
    a las noches-lapa y sus roedores del sueño.

    -Amigo, el bicho justo donde estaba,
    (me dice a la carrera Javi)
    Le doy, sin bajar la vista, uno de veinte,
    (hoy me he librado de pagar la fiesta
    y antes hice el mes en un par de horas)

    Un mensaje de ella en el móvil,
    sonrío al sol y él me devuelve la sonrisa.
    Dos putas vip avalan la sonrisa del sol
    desde el portal a mi derecha.
    Arranco la Honda, el horizonte se abre;
    el futuro cómplice me cede el paso,
    la ciudad resplandece
    y el veneno me recorre
    dulce, dulce
    esta mañana de primavera.

    _______
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  12. `
    Ellos,
    pequeños y curiosos seres de saltos imposibles,
    en este singular y caótico frijol de la galaxia.

    Hijos predilectos de Bastet. Numen de Szymborska,
    Huxley, Kerouac, Warhol, Picasso, Twuain,
    Mattise, Mercury o la diva Taylor.

    Garfields, Bolas de Nieve, Romeos, Kittys,
    Rayitas, Isidoros "atila" o adorables Misus...

    Pero a ti, que naciste gato callejero sin nombre
    ni padrinos, te digo:

    Si fueras un gato listo te acercarías
    al primer bípedo con buena pinta* que veas,
    (*o sea, con cara de bueno, ojos llenos
    de aguas dulces, de yo no sé si Dios existe
    pero no soporto el sufrimiento ajeno
    ni la suerte tan escasa y mal repartida)

    Asimismo olvídate de los que tienen mirada rara
    o esconden la mano.

    Luego deberías ejecutar piruetas graciosas,
    poner ojitos tristes, de cordero degollado,
    como los que debió poner Judas al reencontrarse
    con su antiguo socio en etéreas latitudes.

    Muy posiblemente te van las siete vidas en ello.
    Sería genial dislocar un pelín, incluso,
    tu estructura ósea con el fin de conmover
    sobremanera al dios de poco pelo.

    Después, si te acariciara, yo que tú
    ronronearía como un jodido loco,
    hasta que no se escuchen la música del móvil
    ni los cláxones de ningún coche,
    hasta que se disipen las dudas que pudieran surgir
    a ese humano por los gastos de alimentación
    y veterinario,

    o la inevitable tristeza a soportar
    el día que te vayas al otro mundo.

    Recuerda,
    que si al cabo de un minuto sonríe y no sale corriendo
    con la cabeza gacha y sin mirar atrás,
    tendrás muchas cartas a tu favor
    para que tu existencia transcurra
    entre montones de suaves cojines,
    latas de sabrosas delicatessens,
    pelotitas con cascabeles y caricias a destajo;

    no extrañes el paisaje desde la ventana,
    la libertad es sólo un sueño engañoso.

    Mi buen amigo, la vida es así,
    también la de vosotros los gatos.

    Que sepas que nadie estamos exentos
    de tener que maullar por una ración
    de efímera y gloriosa felicidad,
    dar en ocasiones nuestra zarpa a torcer;

    "Quien no llora no mama"
    es un refrán también aplicable a vosotros los felinos.

    Te diré, que en realidad, todo gira
    en torno al caprichoso y mero azar,
    para ti, para mí, y para todo hijo de vecino.

    Eso sí,
    de igual modo debes saber que hay alguna probabilidad
    que topes con el tipo equivocado
    y te dé una patada en la barriga,
    te ofrezca una sardina envenenada,
    te encierre a perpetuidad en un sucio cuartucho,
    o en el mejor caso, simplemente te bufe
    y siga su camino.

    Hermano gato, yo te entiendo
    aunque tú no me entiendas a mí.

    Todos en un momento dado podemos ser
    tanto amorosos peluches un día,
    como feos, pulgosos y malolientes gremlins,
    -carne de lunas y vertedero- al día siguiente.

    Y es que al final todo depende de ese instante
    fortuito e inescrutable en que nos cruzamos
    con algún ángel tan perdido como nosotros
    -de nuestra misma ralea-

    o, si el viento sopla en contra,

    con el mismísimo y puto diablo.

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  13. ´
    Si Dios fuera ucraniano
    sus paisanos no necesitarían rezar a ningún dios,
    matar/morir por ninguna mierda de bandera
    ni tampoco ingresar en la OTAN;
    los ángeles beberían cerveza Obolon
    y la plaza Maidan en Kiev se convertiría
    en el centro neurálgico
    en constante fiesta del universo.

    Si Dios fuera ucraniano, lo más seguro
    hoy no se quedaría sentado en su trono celestial
    ni tendría que dormir en el metro
    con mujeres, niños y otros viejos como él.

    Echaría Antártidas por la boca
    y dudaría seriamente de si enviar o no a su hijo
    veinteañero armado con milagros
    de última generación a la guerra.

    Si Dios fuera ucraniano quizás
    provocaría terremotos de magnitud 10
    al paso de los tanques, provocaría
    supertornados al vuelo de los cazas rusos.
    A Putin le reencarnaría de urgencia en pino siberiano,
    secaría todos sus pozos de petróleo
    e incendiaría todos sus depósitos de gas
    (aunque se congelaran frente al televisor
    los hermosos y privilegiados
    herederos de Pilatos europeos)

    Pero ahí no acabaría todo.

    Posiblemente lanzaría rayos exterminadores
    contra los palacios presidenciales
    y lujosas estancias de todos y cada uno
    de los ajedrecistas del terror,
    de los que inoculan su veneno medular
    en los hígados de la masa,
    de los que circunscriben vidas
    entre lindes diseñadas al servicio
    de sus codiciosos y negros culos arácnidos.

    Lo malo es que Dios también
    posee cierta consanguinidad humana,
    y con tal semejanza genética lo más probable
    es que, a pesar de su antiguo amor por el hombre,
    su propia bacanal de caos y fuego
    le animara aún más,
    y comenzara a coger gusto
    a eso de aplastar tiranos y gilipollas.

    Pudiera ser que su conciencia divina
    le obligara a terminar lo empezado,
    y siguiera aniquilando con sus superpoderes destructivos
    a todos los fanáticos futboleros,
    a los imbéciles de las redes sociales,
    a los que tienen la empatía en la entrepierna
    y a cada idiota que no supiera
    quién fue Gandhi o cuál es la segunda
    ciudad más poblada de Ucrania.

    y entonces ya daría lo mismo
    que Dios fuera ucraniano, palestino, esquimal,
    residente de algún campo de refugiados
    del más sucio y olvidado rincón del planeta
    o un exbróker cocainómano de Wall Street.

    Porque llegados a tal punto
    tampoco sería injusto ni extraño
    que en un momento de hartura
    y ofuscación apretara el botón rojo
    que usan los entes superiores y su servicio de limpieza

    cuando de verdad se cabrean.

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  14. ´
    Ahí yacían, ... sobre la acera,
    coprotagonistas del improvisado plató:
    el pequeño charco de sangre,
    el horror, la sospecha y el silencio
    -ese silencio que aturde-
    junto al malherido níquel de unas llaves
    y cuatro o cinco monedas a juego.
    Y por encima de todo, el escalofrío
    que deroga los estómagos.

    Olía la calle como a sueños sin usar,
    a primavera, a sábado de feria,
    a día de circo.

    Sensuales maniquíes, azules imposibles
    y olas paradisiacas clonados en pantallas 4K.
    Milagros tecnológicos a plazos
    para estrenar tras los cristales
    también intervenían en la escena
    (dentro de sus limitadas posibilidades)

    La policía repartía órdenes
    y oxazepam los psicólogos.
    Rebajas y cláxones aguardaban mudos
    el desenlace de lo ya finiquitado.

    Abrazos, lágrimas, miradas cruzadas
    como abrazos.
    Hasta el humo de los coches
    destilaba ahora humanidad.

    Todo era uno: la tibia tristeza
    que aprieta e iguala a los distintos,
    el asombro, el pulso de los transeúntes,
    el rictus nervioso en sus rostros.

    Y también el perro pekinés con jersey de lana,
    el culo perfecto de la rubia del cuarto,
    la insolente barriga del portero
    o la tienda de apuestas, inauditamente vacía,
    (incluso las entumecidas funcionarias
    de aquella sede pública
    a la vuelta del Centro comercial)

    Esa incipiente llovizna,
    la boca del metro masticando el tráfico de preguntas,
    el éter gran angular de los edificios centenarios,
    el sol amargo y feliz de la cerveza,
    las palomas municipales bañadas
    en luz neón y la nube de teléfonos móviles...

    Todo, todos y todo junto eran uno
    y tan poco, por aquellos largos minutos,
    ante ese cuerpo roto al que le faltaba un zapato
    -de aquel hombre del calcetín rojo-

    ... frente al supremo espectáculo,
    al arte inescrutable y transgresor
    de la muerte en vivo y en abierto.

    _______
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  15. `
    Resulta, amigo,
    que un día de repente
    te han crecido los enanos,
    y también te ha crecido el coche,
    la oficina,
    las superficies comerciales,
    la pantalla del televisor,
    tu bola de cristal,
    los terremotos a deshoras,
    los fiordos del disco duro,
    el botiquín de casa
    y la casa entera.
    Y ya no solo eso.
    Y es que, a la vez, en un instante
    (como visto y no visto)
    te han encogido el chasis
    y el motor de despegar,
    el depósito de gasolina súper
    y esa chistera sin fondo
    de los sábados noche
    -rotulados hoy de deja vu-
    Ahora eres una hormiga escapada de la fila,
    sola,
    desubicada,
    en un jardín rebosante de arduras jurásicas,
    emoticonos hambrientos
    y hormigueros de pago.
    Un ratón desafiante y desafinado,
    todo compungido
    (y un poco cabreado)
    con ataques de irracionalidad ratonil
    y lleno de pulgas,
    entre una manada de elefantes
    que no existen (según tu psicólogo)
    Y es que sin darte ni cuenta
    también te han crecido la sombra,
    los fantasmas insomnes
    y las cicatrices de tus alienígenas
    revueltas de campana.
    Como a la par te encogieron
    aquellas memorables uves en mayúscula
    de tu indeformable
    reino previscoelástico,
    la despensa de munición
    para las batallas perdidas,
    los sueños despiertos en alguna parte
    o aquellos trenes mágicos hacia ningún sitio.
    ... Y como siglos atrás
    los jeans rotos,
    Joan Manuel Serrat,
    los Picapiedra,
    el sex, drugs & rock&roll,
    el Alquimista
    y su puta madre.
    Resulta que ahora eres
    un triste y resabiado iceberg andante
    con fiebres boreales y un titanic
    clavado en la espalda.
    Un gran iceberg menguante
    escudriñando una paella multicolor
    en el chiringuito de enfrente,
    mientras el sol, las olas
    y un grupo de jóvenes sirenas
    con la brisa a favor
    y el corazón de punta
    relucen felices
    acaparando la arena
    a ritmo de rap,
    y -sin casi mirarte-
    te llaman de usted,
    ponen las largas
    y te piden paso.

    ______
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