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  1. Al través del ramaje el sol poniente
    veíase brillar, tal como brilla
    de una española la mirada ardiente
    tras el bordado tul de la mantilla.
    Tendime sobre el césped, y liada 5
    mi manta coloqué sobre una piedra
    convirtiéndola en rústica almohada
    al pie de un tronco preso entre la hiedra.
    Y allí miré, del cielo en los profundos
    espacios encenderse las estrellas 10
    que desde que me han dicho que son mundos
    como este mundo, ya no encuentro bellas.
    Del cáliz de una flor que se entreabría
    como si bostezando despertara,
    vi de pronto, asombrado, que salía
    un ser de forma peregrina y rara.
    Ceñía por corona una sortija,
    y un alfiler servíale de espada,
    y su boca en un cuerno estaba fija
    que era un fragmento de una sonrosada.
    Al sonido que el cuerno produjera
    sobre sus labios diminutos rojos
    se conmovió Naturaleza entera
    y un nuevo aspecto revistió a mis ojos.
    Y vi a un clavel borracho de rocío; 25
    las flores a mirarlo se inclinaban
    y al verlo en tan extraño desvarío
    entre sí y al oído murmuraban.
    Un ruiseñor estaba entretenido
    cogiendo una luciérnaga, y a guisa 30
    de farol la llevaba hacia su nido
    para dar a sus hijos miedo y risa.
    Un lagarto, arrastrándose suave,
    iba jadeante y loco por el suelo
    persiguiendo la sombra de una ave
    que volaba tranquila por el cielo.
    . . . . . . . . . . . . . .
    Con terror junto a mí vi reposaba
    un cráneo, entre otros lúgubres despojos,
    que con fijeza extraña me miraba
    por los huecos sombríos de los ojos.
    Y una voz que del cráneo a mí venía,
    helándome la sangre de las venas,
    oí, muerto de espanto, que decía
    con un sonido perceptible apenas:
    «Nadie, nadie al morir se muere todo,
    »aún persiste en el muerto la conciencia,
    »de su ser, sin que pueda de algún modo
    »revelar a los otros su existencia.

    »Hija sólo del cerebro, nuestra alma
    »vive mientras un átomo subsiste 50
    »de su cuna, y en vano busca calma
    »que ni el no ser es cierto para el triste.
    »Y sufre sin que a nadie decir pueda
    »su íntimo, su profundo sufrimiento,
    »y ni el consuelo de esperar le queda
    »en la muerte total del pensamiento.
    »Do sus átomos van, allí les sigue,
    »y es un tormento su existir eterno,
    »que, por su inmenso horror, vencer consigue
    »a todos los tormentos del infierno».
    . . . . . . . . . . . . . .
    Tiñose Oriente del color de rosa,
    encendida, fragante y hechicera,
    que tienen las mejillas de la esposa
    al tálamo al saltar por vez primera.



    Fuente: biblioteca Cervantes
  2. http://hoyteviayermedoliste.blogspot.com/2018/08/biografia.html



    Sábana espectral

    [​IMG]


    Bruma desciende su lengua
    con caballos famélicos
    que el suelo y cielo blanquean,
    murmullos congelados
    a gritos pálidos entre espumas florece
    un aliento extraviado,
    carne de agua, profundidad
    de soto y acordeón de viento;
    de olmo secuaz desmochado,
    viva su entraña,
    aguarda el mes tercero
    que abra en lluvias
    el idioma oculto que gritan sus raíces.
    Es un camino al paraninfo,
    bordeado por pilares cipreses
    que bruma y su nieve
    cubre el pulmón del aire,
    sábana espectral que afila
    los dientes de frío.



    El Castellano
  3. Eterna lanza sesgada

    [​IMG]


    Cóncavo cielo
    de la pradera de tu ceño,
    orfandad de estrellas
    convexas que se besan
    por rubes que rutilan, y lamen
    sombras vanas a morir.
    Soto de perdidones
    y su proporción de alas de tierras,
    cepas en guadaña,
    aligustres sargentos,
    la noche que la luz negó
    a morir,
    luna de luto
    corría linde absuelto,
    despojada su compostura
    de alumbrar la llama
    que mi pecho hiende,
    luna gitana acuartelada
    partida por cuchillos verdes
    de siglos dormidos
    y cipreses iguales,
    somos la historia
    que escriben muertos
    de sus vidas,
    engendrados cuerpos incompletos,
    carnes de la mesa del creador,
    somos lo que vemos
    o somos lo que tenemos,
    para inefable cena caduca
    como otoño reposo del gris árbol,
    aventaré mi lustre perdido
    demigajando lamentos fríos,
    mi yerto sombrero
    de campos de idea
    brillarán acequias
    como molinos de tierra,
    el agua será besos de luz efímera,
    destartalada, dispersa
    como lluvia que ilumina,
    y la sangre de tierra camina.




    El Castellano
  4. Dark silence

    [​IMG]



    Mi oscuro silencio si te tocara
    sombras mirando la luna abierta
    descendencia clamando por luz
    soledades caminadas en ojo de tormenta
    caricias derretidas en la noche tenue
    mirando la luz la muerte está
    en el risco de la supremacia
    clamada y bebiendo su sed
    cuervo buscando silencio estático yerto
    negra la mañana, brillante la noche
    abrigada madre oscuridad que todo teje y mece
    sólo manténme lejos de sus ojos
    vida fuera de absorbente mentira
    fiebre del corazón luz líquida en las venas
    mirando nervios que se comen por dentro
    como el humo de mi cigarro
    fallé al mirar y aquella danza de astros
    venía despertando a la caricia del cielo
    siete reinos ardiendo su nombre
    siete venas en tus ojos
    es el ruido, mis ancestros
    caminando la sangre en tus ojos
    nos sufrimos en la morada
    que desliza verdades
    amarnos lamentando
    ruinas del quieto alambre
    que nos sostenía en emoción oscilante
    he renacido,
    renacido en lo salvaje
    lejos de ser tu príncipe sano
    soy la noche que te hace el amor
    con todas sus criaturas sedientas.
    Pulchra vere dilecti


    El Castellano
    A Elisalle le gusta esto.
  5. Barbecho arado, Selección de poemas, una década escrita, 177 páginas tamaño cuartilla a5, encuadernación Chanel tapa dura, prensado, índice con poemas numerados, 150 poemas, 9/07/2018.

    [​IMG] [​IMG] [​IMG] [​IMG]
  6. Vieja escuela sembrada





    [​IMG]



    Cierra los ojos
    es nuestra creencia,
    por la que no hay
    rosa sin espina,
    línea de destino,
    déjame sembrar luz
    en la retina,
    que caiga mi gota
    quebrada,
    viviendo tus memorias
    lejos de la letanía
    enroscada,
    crepitan los labios grises
    entre crujidos por despertar
    leones del nuevo día,
    Noche, noche
    tus minutos erizados vencen
    pasan las horas
    y las horas
    la misma pesadilla tejida,
    en vilo en vela
    de navegante sin mar
    sin barco, sin puerto,
    viviré una vez más
    esta soledad del párpado
    despierto,
    muy alto, muy hondo,
    todo se retuerce en sol mayor,
    hasta la cima
    me verán cabalgar,
    resume este papel
    un furor oxidado,
    soy yo, soy yo su raíz
    que ni yo mismo entiendo
    dichos soterrados en alma difusa
    en corazones sedientos
    su fría caricia entre espadas
    ni yo hago empeño solariego
    ay la tierra perdida de tu raíz
    quien osado sólo la viera
    de viva materia rompiéndome
    sucumbiendo sobre los filos hirientes
    hondas espumas
    riéndo en camino vivo,
    en un sentido
    con bordes de rosas y cebollinos
    y senda de espinos fugaces al alba,
    brotando imperecederos
    que enriquecen los pliegues sembrados
    de esta mi sonrisa
    de esta voz en calma y en tormenta
    de desnudos sigilos
    que te nombra y nombra
    si no estás lo hace sin cuenta
    Poeta
    Haces la ruta sin pena ni sangre
    que no sea portada en tus venas
    de solana hacia el sol
    en un ovillo giras en tornasol
    allí donde sus esposas
    amarillean y tu sien gotean
    en canto al amor
    alzado en rayo de Thor
    será un caracol
    cuando nos vamos
    solos sin nosotros
    con o sin Dios
    nació un vespertino albor
    ocultando el dolor
    secando lo que plañía
    la sin razón
    Se duda entre las cosas
    por la vaciedad de las cosas vacuas,
    vanas de fatuos alambres en fanal
    hoguera del hambre
    de oblícuas espinas
    y los nuevos castillos
    que sin su castellano chozas son
    destruimos
    si nos miramos
    vencer o vencer otra vez
    Oh raíz
    ay de tu tierra que te vio nacer
    qué guardas
    en tus bases en las grietas
    que te clavan que estiran
    tus lágrimas del ayer
    que no nos dejas ir
    por caminos distintos
    a los limpios valles de oscuridad
    reposo y sosiego que clava el camino
    ¿Será cómo es
    por siglos
    de siglos?

    De este tiempo oxidado
    que latirá el son
    con forma de tu siniestro corazón.


    El Castellano
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  7. Tus acres por pechera

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    Lontananza, de luz en vida
    sed de alma torna
    abre sus crispados, suaves labios
    en tersura de espada.

    Salvaje árbol velaba sus frutos
    con ordenanza del mañana.
    Acostado en su dicha,
    el fantasma del Bien sembrado
    aguardaba.

    Asilo en mi pecho,
    donde combate mi mujer no besada,
    nublados los rayos de Sol,
    canta el llanto de la lluvia
    y ciega atronadora su beldad.

    Afilaba una adelfa
    sonata de luna recta,
    voz extinguida
    que abre mi férreo ciprés.

    De voz y filo militar
    fallecidos.

    Murmuran frente y rejas
    el vestido de mi castellana
    que baila con batiente viento
    innoble mi ojo de tierra
    porque perece,
    yo nunca más.

    Derredor en silencio cansado
    acuso los hierros de tu franca
    para escalarlos
    y tu anhelante sombra
    poseer
    y así a silencio cállame.

    Abre esta cal procelosa
    donde yago,
    sin tu manto.

    Con más de mil palabras
    encanto repletas,
    dulzura en claro frío,
    bien nuestro,
    aura satisfecha tuya
    correrá mis venas.



    El Castellano
  8. Delirium. Joaquín María Bartrina
    siglo XIX

    Al través del ramaje el sol poniente
    veíase brillar, tal como brilla
    de una española la mirada ardiente
    tras el bordado tul de la mantilla.
    Tendime sobre el césped, y liada 5
    mi manta coloqué sobre una piedra
    convirtiéndola en rústica almohada
    al pie de un tronco preso entre la hiedra.
    Y allí miré, del cielo en los profundos
    espacios encenderse las estrellas 10
    que desde que me han dicho que son mundos
    como este mundo, ya no encuentro bellas.
    Del cáliz de una flor que se entreabría
    como si bostezando despertara,
    vi de pronto, asombrado, que salía 15
    un ser de forma peregrina y rara.
    Ceñía por corona una sortija,
    y un alfiler servíale de espada,
    y su boca en un cuerno estaba fija
    que era un fragmento de una sonrosada. 20
    -122-
    Al sonido que el cuerno produjera
    sobre sus labios diminutos rojos
    se conmovió Naturaleza entera
    y un nuevo aspecto revistió a mis ojos.
    Y vi a un clavel borracho de rocío; 25
    las flores a mirarlo se inclinaban
    y al verlo en tan extraño desvarío
    entre sí y al oído murmuraban.
    Un ruiseñor estaba entretenido
    cogiendo una luciérnaga, y a guisa 30
    de farol la llevaba hacia su nido
    para dar a sus hijos miedo y risa.
    Un lagarto, arrastrándose suave,
    iba jadeante y loco por el suelo
    persiguiendo la sombra de una ave 35
    que volaba tranquila por el cielo.
    . . . . . . . . . . . . . .
    Con terror junto a mí vi reposaba
    un cráneo, entre otros lúgubres despojos,
    que con fijeza extraña me miraba
    por los huecos sombríos de los ojos. 40
    Y una voz que del cráneo a mí venía,
    helándome la sangre de las venas,
    oí, muerto de espanto, que decía
    con un sonido perceptible apenas:
    «Nadie, nadie al morir se muere todo, 45
    »aún persiste en el muerto la conciencia,
    »de su ser, sin que pueda de algún modo
    »revelar a los otros su existencia.
    -123-
    »Hija sólo del cerebro, nuestra alma
    »vive mientras un átomo subsiste 50
    »de su cuna, y en vano busca calma
    »que ni el no ser es cierto para el triste.
    »Y sufre sin que a nadie decir pueda
    »su íntimo, su profundo sufrimiento,
    »y ni el consuelo de esperar le queda 55
    »en la muerte total del pensamiento.
    »Do sus átomos van, allí les sigue,
    »y es un tormento su existir eterno,
    »que, por su inmenso horror, vencer consigue
    »a todos los tormentos del infierno». 60
    . . . . . . . . . . . . . .
    Tiñose Oriente del color de rosa,
    encendida, fragante y hechicera,
    que tienen las mejillas de la esposa
    al tálamo al saltar por vez primera.



    Fuente: Biblioteca Cervantes
  9. La última cuerda Joaquín María Bartrina (1850 -Reus-1880)



    La última cuerda:

    Cuatro cuerdas rompí de mi lira,
    hiriéndola lleno
    del afán de volar y alejarme
    del mundo y su cieno,
    cual el ave que quiere ser libre,
    lanzando mil quejas,
    hiere, ciega de cólera, el áureo
    metal de sus rejas.
    Amo y sufro; la cuerda que sólo
    le resta a mi lira
    de mi bien al oído no llega
    por más que suspira.
    A su arco ha de atarla Cupido,
    la cuerda ya arranco...,
    mas tal vez al tenderla se rompa
    sin dar en el blanco.
    Si al extremo sutil de una caña
    a atarla me atrevo
    y mis sueños de amor y de gloria
    coloco por cebo,
    y a pescar voy la suerte en el mundo...
    es fácil la pierda;
    que es posible que un monstruo arrebate
    el cebo y la cuerda.
    ¡Ah!, ya sé... Si no alcanzo fortuna,
    ni es mía la bella,
    a mi cuello la cuerda yo anudo
    y me ahorco con ella.
  10. Oscuro haz, luz sembrada

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    Larga sombra me abarca,
    larga sombra me abraza,
    larga sombra que me envuelve
    yo quisiera meterla en un mundo más bello,
    yo quisiera librarla de hielos que aguardan,
    quisiera retornar a un mundo que era negro
    sumergirme más profundo que los mares
    y encontrar mis verdades,
    yo quisiera fundirme fraguas de hierro
    ser justicia izada de ser en luz intensa
    pero ya no siento nada,
    asolada mi estirpe con nombre agujereado,
    yo camino descalzo sin miedo ni quietud,
    sin estos clavos que me impusieron
    camino lejos, lejos sin mi nombre
    por si despierta mi azada
    con la que sepultar al Miguel Esteban
    que no nació todavía,
    por si una dicha me aguarda,
    no osarán en buscar portentos
    a esta larga sombra que avanza,
    no cambio sus males
    solo servirla flores silvestres
    así enamorada torne princesa de profundidades
    hada dueña de la sombra,
    hada fiel de embeleso en umbrales
    por tragar esta mi tierra
    que me avanza la despedida,
    cuántos pájaros volaron
    para ser único pájaro enfundado en trino,
    rajado, ultrajado,
    cuantas notas se escucharon
    hasta ser estrofa de agua
    por todos los que estuvieron,
    al acecho yerto de esta sombra mía,
    que no posee medida,
    solo una senda deshaciendo lo trazado,
    al firme astro alzo mi perplejo
    por toda oscuridad que fusiló mi partida,
    me apodero de este jardín
    de mi sangre sembrado,
    para latir en espejo asomado,
    y que viva siempre siempre
    esta sombra fría, vacía, llena en soledades,
    completa sin tapiales, hueca de mi carne,
    despeñada en vivencias soterradas,
    que yo alzaré para sembrar en ella
    esta vida que yo le debo a ella,
    para que viva siempre mi luz
    tejida con ella,
    hasta erizarla
    y que me responda
    cuando nombre a la belleza.
    Que sin ella queda sin aliento.





    El Castellano
  11. Niebla de flor profanada:
    [​IMG]
    Voy serpeando la tierra,
    mis pasos que jamás yerran,
    jamás altivos cercenan,
    una estaca en mi corazón
    que conseguí separarla un día,
    un hondo surco labrado
    de sangre desvalida
    me azogó profusa y hondamente,
    pero ya no te siento dolor,
    quizás tu vago recuerdo profano,
    para llegar,
    para deshacer tu sendero,
    de áspero color
    y sus azafranes amarillos
    de la tarde,
    ya no caigo
    por tus amplios lindes
    de niebla y cuchillo,
    aquí en mi alma
    se yergue el umbral,
    la sombra me abandona
    para besar,
    espíritu de agua dime
    si el devenir de mi vida sostienes,
    por qué angosto lo atrincheras
    en diáfano cuarto umbrío,
    yo que horizontal vago,
    por encontrar un día
    el vertical disparo
    de mi enhiesto ciprés
    con verdes refranes de hojas
    con acrisolados
    cristales de savia
    a su altura quiero yo blanderme ,
    velando a mis muertos abrojos,
    devorando la calma de sotos,
    ansiando la voz que me habla
    la voz que yerta me domina,
    preparé un lecho de cardos
    para llegado el día
    escribir un epitafio
    que ponga, que diga
    heme yo brotado de la espina
    aquí yace, aquí reposa
    todo el amor que sentí un día,
    y esta estaca
    conseguí arrancármela
    en su día.

    El Castellano
  12. [​IMG]

    Ahora que el día se ha ido,
    ahora que navego letras
    absorto a la espera
    de una nueva palabra
    capaz de crear revolución
    capaz de hundirse y resurgir.
    De flotar y deshacerse
    en mundanal ruido de sueño,
    temblando su frío sentido,
    un recipiente y un vaso de muerte,
    una visión y una explosión
    de todo lo que prevalece,
    de todo lo que incapaz perece,
    un maullido de tejado,
    un siniestro azar de suerte,
    esperé y esperé y todo lo negué
    como este verano frío y helado
    que todo lo inexistente surqué,
    que mi destino se doblaba en mi sien,
    era un día en solar negro,
    era como un tenebrio que camina,
    como una poza sin aljibe,
    como una hora cronometrada sin reloj,
    era una súplica teñida de sed,
    un grillo y un aguacero despierto de sol,
    una montaña sin hielo,
    un glaciar sin temperatura,
    un brazo sin alcanzar,
    una tormenta sin sonar,
    era la vida una caricia en mano helada
    sin sangre sin nombre,
    mutable horizonte sin linde
    un pájaro de cemento que aturde,
    una noche callejera
    y olvidada en la tela de araña,
    era tu surco algo más
    era vena era rabia desplomada
    en el barrio de la quimera despierta,
    quizás hoy quizás mañana
    jamás prenderás mi alzada palabra
    en otra alma en otro nombre
    porque esta es mi lumbre,
    esta es mi estaca.

    El Castellano
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  13. Lado de otro sitio

    [​IMG]

    [​IMG]
    Un aguilón de arpa
    que se duerme sobre la jofaina,
    sin las usuales conversaciones
    que lanzaba el alba,
    aguzo mi repentina fogata,
    un calor que sujetaba
    mi primavera,
    se abría la rosa
    que había tardado un año
    en despertar,
    sobre un lecho terruno
    crispaban ya las solas amapolas,
    saludando un mayo carrizo
    que ya entraba
    por la avenida
    que acicala la vida,
    una luz sin día
    descansado sobre la música,
    acecha mi ausencia revertida
    abriendo vaporosa
    esta mi sangre,
    llamando a mi voz muerta
    que ya no encara su brea,
    armonía que inspira grises neblinas,
    acumulando estos pastos jóvenes
    de su alarido de cópula.


    II
    Jamás oíste el postrar
    de mis azures sarnosos,
    abriendo sin palpar
    los cardos hermosos.

    Un soñar que la primavera
    era carne
    de mi doncel espera,
    quizás solo canto
    como canta el azul
    despidiendo, encontrando
    que el cielo es y será
    por los siglos azul,

    "Aquel día, fuimos como una sola
    de sus parejas atormentadas , sin habla
    hasta que habló por ellos,
    cazadores de silencios al mediodía
    era un profundo carril que era sexual
    con helechos y mariposas, "
    Seamus Heaney Campo abierto. Irlanda del Norte

    era mi cadillo despierto
    orando un sol oscurecido,
    sin acre de invierno,
    deslizaba ginebra
    desenroscando azares furtivos,
    Sin quieta, amarga doctrina de arbusto,
    lloraba que era endrino
    al cabalgar de savia,
    fiable destrenzo mi cadena funesta
    apunto mi ballesta
    a disparo puro, liso y duro
    que el alma atraviesa.

    III

    Resoplaba nuestro silbido estacional,
    una melodía sin garrote,
    que acongojaba el corazón,
    nuestro brillante patio
    erizado por lenguas de irisadas luces
    enraízadas,
    en su timidez perseveraba
    como perseveran las rocas por deshacer,
    quizás tenga miedo
    de lágrima esquiva que encuentra su huida,
    me ahondaba mi herida
    donde yago sin percatar
    lo que percata el tiempo,
    es mi azur una desquicia temprana
    que no pide que calle,
    este hijo poema que desnuda
    mis blancas manos rosáceas,
    es como un clarín y un solitario violín
    de astros menores,
    siendo alimento de este fuego propio.




    El Castellano
  14. Flor de destino

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    Requiebro olas en fragor de colmenas
    alzadas, sembradas en horizontes yertos,
    al fugaz aleteo de la luz,
    en fulgor de sombras erizadas,
    todo lo sentido más que un haz carcomido,
    fiebre en destello de mis astros,
    todo lo dicho más que un cielo sin aurora,
    más que una navaja de filos
    por pestañas,
    hilvano que trenzo
    la sangre dormida,
    es una cabaña de cielo
    donde cobijo sueños y quebrizos,
    en la cabaña
    que Dioses abandonaron,
    siembro escarchas de hiel,
    todo lo que me dijeron es una verdad,
    allí donde la puso el hombre,
    bajar acaso puede,
    grazna mi vida una vez más,
    trenes pasan por estas sierras de nubes,
    el destino informe ya cansado se apiada,
    toboganes de esta bruma gris
    me cuentan, me dictan,
    del sentir de la maraña,
    hasta que lleguen mis flores
    del mañana,
    entre el palpitar de azucenas
    frías de la tarde,
    pataleó el latir exhausto
    de la silvestría del azul
    del sueño, del racimo de mi jacinto,
    extraviado,
    un sol de invierno que ya se marcha,
    por cuencos serranos
    por alientos en carne de colores,
    abriendo rectas sienes
    el crepitar de los vientos,
    bienvenido a mi mundo,
    yo no estoy despierto.


    II

    Ama de esta casa, el alma fría,
    de mundos retorcidos,
    ingrávidos al peso de flores,
    destartalado, por gentiles gestos,
    azares difusos de mi reino,
    saludando a la quema del rastrojo,
    un iris por desenclavar,
    corona de caléndulas
    en soles por doblar,
    al rayo seco, tornado en gesta
    y sus candilejas fulguradas,
    ríe y pasa, pasa y ríe esta espada,
    hendiduras febriles
    de mis verdes ojos
    entre sus cauces la verde grana,
    la verde espiga,
    un romance del labrador
    con su granate amapola,
    llora sangre de aquellas santas,
    esquiva de obreras guirnaldas,
    se cava en rayos seculares del rey astro,
    Estallando de luz su rocío primero.


    III

    Resplandece el día,
    entre zarzas salvajes y sus espinas,
    duerme que dormita un sueño enhebrado
    en blanca cordillera, entre grillos
    que soterran saetas dormidas,
    al trinar de los cardos
    en estepas cabalgadas
    de verdes y sus trampas
    entre erizos de campanulas
    que ya no amarillean,
    gimen abrojos el suelo que los vio nacer,
    llegado el día del topillo
    y su cernícalo que le da digna muerte,
    entre este patio de arañas grises
    descubro que me hincho de colores
    estacionales, perennes, mutables, caducos
    en crepitar de savia y duende,
    se blande, se rige,
    se descubre que todo duerme.


    El Castellano

    Miguel Esteban Martínez García en 5.3.17
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  15. Linde quieto abierto

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    Derecho firmamento
    entre filos de gentes,
    es una piedra que camina,
    piedra aventurera,
    seca y umbría,
    reposa y duerme
    cantares del linde,
    centellea rayos irisados
    se riza con los besos de lluvia,
    acaso quiso ser otra,
    ella tan yerma, tan plácida,
    imperecedera,
    cerrada como se cierran
    los rayos de luna,
    acantonada, de estéril estampa,
    dejas muda alabanza,
    el día que te hice de voz,
    piedra bella, sola,
    estridente sin patio de sonido,
    y esta voz que te di
    voz dorada como tu piel de minera,
    como un soto sin perdices,
    avanzabas solo tú,
    la vida quieta,
    sembrándote allí por donde anduvieras,
    al candor de piedra única
    igual a la siguiente y a la anterior,
    sin afán superior
    hasta que este poeta te dio voz,
    como flores que sin color
    acaso fuesen,
    un despertar en brazos de cieno,
    un respirar de la montaña,
    un cuchillo calizo que afilan
    erosiones de las eras,
    latido férreo, sangre de mineral,
    o compostura de arenas,
    piedra de mi casa,
    piedra de tu casa,
    la tierra.

    II
    Piedra potencia eterna,
    nacida como nace una estrella,
    cumbre de filos por bandera,
    hogar, cobijo y morada
    de lagartijas que cuelgan tus venas,
    colchón de rayos de sol,
    asolada tu espera
    por quien te dio voz,
    lideras tu guerra sin cuartel,
    antes de yo nacer,
    tú dabas alientos al suelo
    sin importar pertenecer,
    siempre fuiste
    siempre eras su piel,
    de la cantera, al nicho,
    del mausoleo, al caserón viejo,
    del silo al castillo,
    tu fortaleza empedernida,
    tu aval de honda certera,
    Siempre estabas
    siempre estuviste,
    como río a su voz del mar,
    osado no fui yo
    quien te encontró,
    solo fui encargado
    de darte moción verdadera
    ojalá pudieses contestarme
    mi piedrita bella.

    III
    Devuélveme a tu vida eterna,
    del soto a tu quimera verdadera,
    clávame la oscuridad de tu cueva,
    en esta esfera pulida sin espera,
    risco de tu sien enarbolada,
    millones de hijos
    esencia desnuda de tu alma pura,
    techo sin compostura
    del ser invertebrado,
    techumbre que pizarra llora,
    su azabache de cristal,
    tu sangre de fuego y agua
    que nunca te alcanza
    sólo partirte puede,
    grieta de helada, tus filamentos
    que encaran tu azar de vida sin dueño
    a tu sangre de musgo me cuelgo,
    en verde musgo tu fantasma muerdo,
    vida de herramienta,
    azar de la idea,
    al paraje que te conforma
    al que sostienes su vida
    siendo el suelo techo de esta hacienda,
    si tuvieses dolores todos gritarían
    que se acabase la muerte en la tierra.




    El Castellano
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  16. Reminiscencia armada de anzuelo


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    Agita la severa onda,
    un aletear del sargazo
    entre gusanos que hilan
    pescadores del pescuezo
    de sus anzuelos.


    Yo en tierra neutralizo
    la tibieza del sol,
    entre mis fúlgidos cabellos,
    reviento azares como lijas subordinadas,
    enmiendo errores de estos sueños que corren,
    carraspea mi trilladora
    un sonido de semillas que estallan sin carcasa,
    estoy afilando mi idea
    esperando que llegue el día.


    Traspuesto a seguir el halo impertinente,
    entre senil fuelle,
    es el sonido de la tormenta,
    partirme el rayo acaso pudiese,
    venga que viene entre iris insomnes descorchados,
    fieles a fulgurar regazos de redondos brazos,
    quién osado que cree que posee salud.
    A la muerte miente.



    Va entre forrajes y gramas secuaces,
    avanza estos dientes solares,
    gritan rayos estelares
    su alacridad entre solares sedientos de cielo,
    es una finca
    y un cobertizo nublado,
    donde el grano ahuyenta
    que fue arrancado,
    es la tierra una azada permisiva que todo traga,
    voy más allá de mi encumbrada malva,
    mi taciturna sien nunca despega,
    habrá que avanzar mi nariz
    por campos
    de la perdiz,
    en la rivera del Arlanza
    echar el sueño a flotar,
    y que se ahogue mi funeral.






    El Castellano a 21-04-2017
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