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  1. Geisha

    Es tosca la caricia que prodigo
    cada noche a la geisha que sustrajo
    de mis manos ajadas del trabajo
    el dolor de los lances que mitigo.
    En su ligero cuerpo fui testigo
    de las pasiones frívolas que bajo
    las mantas del desliz son el relajo
    en un querer extraño de enemigo.
    Enemigo que en brazos del rival
    no guarda suficiente precaución
    frente a balas de un arma tan letal.
    No aspiro a más peligro que al real
    de los sensuales lazos del cordón
    que anuda nuestro bien con nuestro mal.
    A Bernardo de Valbuena y Jazmin blanco les gusta esto.

  2. La gula

    Mi gula me domina, me dirige,
    mi apetito es voraz, soy tan golafre
    que me duele el estómago por cafre
    y es la conciencia quien tenaz me aflige.

    Pecado capital el que me exige
    para comer usar un almocafre
    y llevarme portátil el anafre,
    castigo y expiación que se me inflige.

    Y ahora la bendita Navidad:
    almendras, mantecados, polvorones
    y con todo a correr la San Silvestre
    tan gordo, tan vulgar y tan pedestre.
    Higos, dátiles, pasas y turrones
    y sigo salivando, es ansiedad.

    ¡Oh, no! ¡Cuánta maldad!
    No puedo controlar mis apetitos
    y el doctor me ha prohibido los Phoskitos.





    De todos los pecados capitales
    me asignaron la gula, no controlo
    las ansias por tragar, así me inmolo
    por medio de atracones imperiales.

    Almax, bicarbonato y fruta en sales
    conviven día a día con mi bolo

    alimenticio, nunca seré Apolo
    ni volveré a marcar abdominales.

    Otra vez me pidieron comer sano...
    “Es por tu bien”, dijeron muy ladinos.
    Pero buenos consejos son en vano,
    sólo con un catarro toca ayuno.
    Gracias a mis "amados" endocrinos
    sigo más saludable que ninguno.


    A Bernardo de Valbuena le gusta esto.
  3. El crimen de León

    Fea, fuerte y formal, como Loquillo

    se creía, reloj con tac y tic,
    galante sacrificio del buen Rick,
    si hay chantaje le saca al arma brillo.

    La Mamma es siciliana; droga, armillo,
    remata un ron Cacique y whisky DYC,
    con un plan anotado a boli BIC.
    — ¡Manda huevos! ¡Honduras! —dijo Trillo.

    — No es corrupción del PP, por favor —
    habla otro acólito, gaviota azul:
    — Recibir trece sueldos es muy “cool” —
    ¿Rocío? no, Isabel: Gran Dictador
    sin gracia , ¿sin bigote? y con el frasco,
    para chupar un cargo: “La Carrasco”.
  4. Olvidar

    Vine para olvidar su tez marina,
    deshacer el sabor a playa y sal,
    aprender a cribar el bien del mal,
    abandonar por fin la bella Ondina.
    Al llegar recordé: su piel cetrina,
    el matiz bronceado, lo sensual
    de sus labios carnosos, la señal
    de la cruz y rezar con la doctrina

    de violeta silvestre, hojas de parra,
    anocheceres, dulces cantos, suaves
    quereres, la silueta de guitarra
    y el eco que manaba de sus hilos
    vocales, bajo tono y sones graves
    de sus músicas vírgenes, vinilos

    que escuchamos tranquilos
    bailando tan callados como juntos,
    ayer tan vivos como hoy difuntos.
    A Bernardo de Valbuena y Destinos les gusta esto.
  5. Sirenas

    No me convence la brisa del mar
    ni los relojes de arena de playas
    ni ver gaviotas surcar atalayas
    ni marineros volviendo al hogar.

    Soy de secano y no quiero llorar
    para inundar los vacíos que callas,
    para poblar el pesar cuando vayas
    a tu remoto destino a soñar;

    con las ausencias que marcan tu vida,
    con tus poemas cargados de penas,
    con los placeres de fruta prohibida,

    con quemazón de la sal en las venas,
    con el menguar de tu luna perdida.
    No puede amar mi locura sirenas.

  6. Cuarenta

    Inexorables llegan los cuarenta
    y a su trágico encuentro igual acudo
    que a la pasión, mejor sin ver que mudo,
    la luz descubre la mentira cruenta.

    No recuerdo poner mi edad en venta,
    ingenua fue mi juventud, no pudo
    ser sometido mi carácter rudo
    y pulí la mitad sin darme cuenta.

    Ahora cuento amores con los dedos
    y me sobran dos pies y hasta una mano
    y seré un cuarentón imberbe y cojo,
    más calvo, igual de feo. Menos flojo
    asumo sin remedio viejos credos
    y afronto la batalla que no gano.
    A malco le gusta esto.

  7. Los besos que me diste

    Los parques del otoño piden besos,
    sus bancos aposentan a parejas
    con corazón de lana y furias viejas
    arden rozando su calor, anexos.

    El frío desprendido de los huesos,
    las caras blancas mudan a bermejas,
    ávidas de pasiones que complejas
    pincelan de carmines sus impresos.

    De madrugada permanece triste
    pero caen las hojas en los charcos,
    se recuestan en él las flores mustias
    y la ventisca arrastra las angustias
    y anhelo ver brillar tus ojos zarcos
    y evadirme en los besos que me diste.
    A Jazmin blanco le gusta esto.
  8. Cocina de autor

    Isomalt, alginato, vaya lío,
    mido hasta la sartén, grosor y altura,
    bizcocho al microondas con moldura
    y en bolsitas guardar lo que sofrío.

    Aliños en la máquina, al vacío,
    será de terciopelo la textura
    de las croquetas fritas en tempura,
    con química tendré calor y frío.

    Adornos con espumas de sifón,
    rombos, pétalos, lágrimas y tejas,
    sutil decoradora de salón.

    Tanto esferificar unas mollejas
    añadiendo su salsa al biberón
    al final se pegaron las lentejas.

    Si cocinar me dejas,
    por huir de parecer un carcamal,
    el cocido con algas e isomalt.
    A Bernardo de Valbuena le gusta esto.
  9. Vejez, hurtos y envidias

    Qué cruda es la vejez con su risible
    acontecer en piel y facha vieja,
    han crecido tres pelos en mi oreja,
    los vi de refilón. —¡Es increíble! —

    Depilarme con pinzas es posible,
    sigiloso las hurto a mi pareja
    y sigo perfilándome la ceja.
    —¿Será mi crecepelo el infalible? —.

    —“Al no poder actuar sobre el cabello
    buscó terreno fértil despoblado
    donde abundante me creciera el vello—.”

    Visito al farmacéutico indignado:
    —¡Qué ultraje! ¡Qué crueldad! ¡Vaya atropello!
    ¿Qué le hice para ser así pagado?—.

    El pobre, avergonzado,
    se quita el peluquín: —Siento mi insidia,
    perdone mi maldad, es pura envidia—.
  10. Taoísmo, gimnasio y aves en celo

    Los músculos reclaman ejercicio
    y rebusco en mis libros un consejo
    que agracie su mirar en el espejo
    y no suponga mucho sacrificio.

    Dos kilos en las pesas como inicio
    no parece excesivo ni complejo,
    fragata pertinaz en mi cortejo
    me esfuerzo presumiendo el beneficio.

    Pero la muy ladina ni se inmuta,
    le pregunto a mi “trainer” y el amigo:
    “que tengo que evitar manteca y fiambre,
    que me tome un batido y una fruta”
    Le respondo “A dios pongo por testigo,
    jamás he de volver a pasar hambre”

    Al notar un calambre
    por faltarme el sustento de un buen pan
    descubrí a Lao Tsé: su Gym y Ñam.

  11. Pique absurdo

    Con ese pequeñín mantengo un pique,
    una batalla diaria en soledad,
    no consigo torcer la voluntad
    del irritante, burdo y alfeñique.

    Rebelde como rojo bolchevique
    es la oveja negra en su hermandad,
    no curra de la media la mitad.
    Os hablo de mi dedo, del meñique,

    se cree del Paseo Salamanca;
    hortera, ñoño, cursi, es un clasista
    pijotero, se extiende con retranca.

    Cuando al impertinente lo noté
    alzarse cual falange falangista,
    ridículo bebía mi café.
    A Jazmin blanco le gusta esto.
  12. Rocío

    Cómo apagar el fuego de su llama,
    incandescente hervor en el vacío
    de mis vísceras faltas de rocío,
    cavidades que sufren este drama.

    No consigo asumir que no me ama
    retumban los latidos con más brío
    pues mata el estupor, escalofrío
    que recorre mi piel ante la dama.

    Rebusco en la razón una sentencia
    que congele el furor con la frialdad
    propia de la mesura que he negado.
    Lógicos juicios contra la creencia
    de no poder vivir con dignidad
    sin el amor que cruel ha desterrado.
  13. Neuronas Socarronas
    En mi cabeza estallan las ideas
    cursis, tristes, repipis y ramplonas,
    no cesan de bailarme las neuronas,
    me provocan perennes cefaleas.
    Influyen como luna en mis mareas,
    se ríen en mi cara socarronas,
    groseras, insolentes y bufonas
    se traban en mi mente sus correas.
    Me impiden disfrutar de la pacífica
    soledad de silencios y vacíos
    que derrumban mi alma frigorífica,
    me comprenden y alivian los espasmos,
    se muestran en mis muchos desvaríos,
    quizás son necesarios sus sarcasmos.
  14. Maginot Cantábrica

    La Maginot Cantábrica, trincheras,
    piedra caliza, esfuerzos inhumanos,
    el olor de la sangre en los hermanos,
    la mezcla de sudores con turberas.

    ¿Pero qué defender si no hay fronteras?
    La poca libertad está en sus manos,
    pronto maquis serán los milicianos,
    adiós a parapetos de pedreras.

    Desde el alto vigilan las montañas,
    las vidas de los pueblos no controlan
    y siempre habrá traidores que reseñan
    los senderos ocultos y artimañas.
    Justos son los principios que enarbolan
    aquellos que en los fosos aún los sueñan.
    A Jazmin blanco y Destinos les gusta esto.