1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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Telares, guirrios, atropajos, garabatos y cosinas varias

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  1. Los sábados ya sé por qué motivo
    soy un pobre infeliz: es la distancia
    que existe entre nosotros. No es vagancia,
    es falta de ilusión por cuanto vivo.

    Con tanta soledad me desinhibo
    y puede parecer que es arrogancia,
    pero solo es el poso de una infancia
    perdida demasiado tarde. Escribo

    por rellenar el tiempo que me sobra
    sin ti, sin compañía, sin amor,
    sin un juego de dos que me divierta.

    Cómo voy a escapar de esta zozobra
    si pasó por mi vida lo mejor,
    lo sabía y dejé la puerta abierta.

  2. El viernes, donde siempre, me esperaba
    como un premio, el remedio a mi pereza,
    el antídoto contra la tristeza,
    la risa que los males me curaba.

    Conseguía frenar mi mala baba
    tomándome a las ocho una cerveza.
    Qué pena haber sentado la cabeza
    y en el combi tener tan solo cava.

    En casa no descanso como antes,
    nunca supo la Estrella tan amarga
    ni sentí a los amigos tan distantes.

    Cada año la semana se me alarga.
    Poco a poco la vida se me va,
    mi corta juventud no volverá.
  3. El jueves es el colmo de lo absurdo,
    hay gente que es feliz, no se entera
    de que cuarenta y ocho horas de espera
    son eternas. Igual de largo y burdo

    es el fin de semana y el palurdo
    sueña que ya está aquí la primavera,
    pero es otra jornada borreguera.
    Entre tanto en el cuarto lloro y urdo

    un aburrido plan para currar
    menos, aunque parezca imposible.
    No es que me juzgue vago, es que lo soy.

    Amanece otro día para dar
    el mínimo de mí, e ineludible
    el tiempo pasará después de hoy.
  4. Por desgracia los miércoles malditos
    se repiten semana tras semana

    en un tedioso ciclo de galbana,
    somnolencia y deberes infinitos.

    La vida se parece a los refritos,
    y me aburre observar por la ventana
    individuos: la plebe ciudadana
    que es el lúgubre gris de mis escritos.

    Viernes feos vestidos de mesura
    tiñen de tinta negra el calendario,
    lejano espera el rojo solitario.

    No se pierde este poso de amargura,
    se estampa un mundo triste en mi retina.
    ¿Mierda o miércoles? Mierda de rutina.
  5. El martes sigue gris como la luna,
    después de lunes vagos sin planetas
    y con sangre de guerras sin poetas
    me recuerda la culpa inoportuna.

    La batalla comienza sin ninguna
    fe por sobrevivir a las puñetas
    del destino, al trabajo y a las dietas
    impuestas por amor. Con esta hambruna

    de fines de semana y soledad,
    de buena poesía, de sonrisas,
    de cine y palomitas, de vivir…

    Con esta hambruna engullo sin piedad
    el hastío, el papel y las repisas
    de expedientes que son mi porvenir.
  6. Me sorprende a través de la ventana
    un individuo igual que un yo postizo
    y me asusta la apática y lejana
    mueca de su semblante. Mi mellizo

    reconoce su rostro y lo desgrana
    como un hipocondríaco enfermizo.
    Sé que toca sufrir esta mañana
    de lunes gris, monótono y plomizo.

    Repica en el cristal la lluvia fría
    con su ritmo constante, gota a gota,
    y el reflejo se expande en cada una

    deformando mi imagen. Qué sería
    de mí si pincelase, en cada mota
    de polvo que agoniza, mi fortuna.
    A Lorelizh Beye le gusta esto.
  7. No son pocos los pelos en la sopa,
    más bien cuesta encontrar un buen fideo.
    Y entre vellos, la mosca —qué mosqueo—,
    tan negra como el vino de la copa.

    Pobre de mí, Mafalda que en Europa
    ha de tragar tal porquería. Leo
    el menú y nada dice —es cachondeo—,
    de sopa peliaguda. Hasta en la ropa

    del camarero queda pelusilla.
    ¿Esto es un restaurante tres estrellas
    o un capítulo atroz de "Pesadilla

    en la cocina"? ¿Fétida papilla
    o caldo espeso? ¡Rayos y centellas!
    De primero, bigotes de chinchilla.
    A BEN. le gusta esto.
  8. En febrero llegó la primavera
    como un sueño florido y soleado.
    Nuestro reloj corría adelantado,
    huyó de la prisión de su pulsera.

    Tus dedos me rozaron, a mi vera
    parecías feliz. Enamorado
    gocé al sentirme vivo y, a tu lado,
    reí, bailé y besé aunque supiera

    que la vida es un sueño nada más
    y, si me despertase de repente,
    nunca podría regresar atrás:

    Las nubes se tiñeron de violeta,
    sentí que me querías nuevamente,
    soñé que era un espléndido poeta.
  9. Yo quiero ser un Drácula de pega
    con colmillos postizos y una capa
    andrajosa con falta de una friega.
    Un pobre desdentado que se escapa

    airoso de Van Helsing mientras juega
    entre disfraces y, feliz, destapa
    al niño que es. La broma me sosiega
    el ánimo y la máscara que atrapa

    al verdadero yo con su alegría
    aminora la angustia. Y mi deseo
    de ser otro resulta una ironía.

    Suponte dar una galleta Oreo
    a un vampiro y que quiera una María
    nada más. Imagina que mosqueo.

  10. Yo nunca juego a nada con desdén
    y si son pocas cruces las que hago
    es por profundizar y no por vago,
    no es fácil conformarse con un bien.

    "Non, rien de rien, non je ne regrette rien".
    Me va más el francés cuando divago
    y en el remordimiento no me trago
    si solo escribo versos todo a cien.

    Para rezar prefiero los cilicios,
    así que no comulgo con el rezo
    y biengasto las fuerzas en mis vicios.

    Yo sé que si no acabo lo que empiezo
    es porque me exasperan los rosarios.
    Para beatas los escapularios.
    A BEN., E.Fdez.Castro y Lorelizh Beye les gusta esto.
  11. Me preocupa el mal que disimula
    la bondad exigiéndola, no creo
    en las garras del gato que copula
    con ellas escondidas. El deseo

    de arañarte la espalda se estimula
    al rozar contra ti su perineo
    y su cabeza fría no le anula
    las ganas de dañarte. No bromeo,

    el peor malo apremia a los demás
    a ser buenos, después llora sus penas
    para que los acólitos no dejen

    de acariciarle el lomo. Satanás
    nunca actúa de frente y sus obscenas
    maneras del rencor no nos protegen.
    A E.Fdez.Castro y Bernardo de Valbuena les gusta esto.
  12. Únicamente creo en la belleza,
    en el silencio atónito que acalla
    mis protestas después de la batalla
    contra la oscuridad y la impureza.

    A mi inclemente dios nadie le reza
    más fiel que yo; postrado no me calla
    el miedo a la herejía ni hay muralla
    que acobarde o socave mi certeza.

    Soy valiente en la fe y el sacrificio,
    cada día constato la evidencia
    de un cielo prometido para mí.

    Los ojos no me engañan y mi juicio
    apasionado acepta su sentencia
    pues, sin ninguna duda, creo en ti.
    A E.Fdez.Castro y Seisen les gusta esto.
  13. La soledad me asalta por sorpresa
    con mi propio silencio en el barullo.
    Me sobrecoge la ansiedad, intuyo
    que me falta tu voz y aún me pesa

    haber roto la cándida promesa
    de un mundo para dos. Perdí el orgullo
    con el tiempo y ahora no rehúyo
    la falsa libertad de ser tu presa.

    Recuerda que corrí sin más razones
    que perderme entre sueños imposibles.
    —Me entretuve con versos ilegibles

    intentando encontrarme—. No perdones,
    pero atrápame y salva lo que puedas,
    yo soñaré contigo si te quedas.
    A Azalea y E.Fdez.Castro les gusta esto.
  14. Mis palabras no curan todavía
    el dolor del engaño. La tristeza
    se aviva si se asocia a la belleza
    y mi voz se ha quebrado por baldía.

    La nostalgia es el pan de cada día
    y, pese a no creer en su pureza,
    la comulgo en papel como quien reza
    sin esperanza al dios de la agonía.

    Escribo los pecados del ayer,
    mas cuando la verdad parece un cuento
    nadie perdona. Quién quiere leer

    a un poeta ordinario e irredento
    que solo sabe hablar de lo sencillo
    con demasiada pompa y poco brillo.
    A BEN. le gusta esto.
  15. Tenías miedo, amor, de que me fuera
    y te dejase sola con tus dudas
    a merced del destino y sin ayudas,
    a merced del cañón que te abatiera.

    Huiste sin piedad y a la carrera
    de la luz que prendía con menudas
    chiribitas tus fábulas desnudas,
    mataste nuestro amor con tu ceguera.

    Mataste nuestro amor sin que muriese
    y quiso revivir sin estar muerto
    y quiso revivir sin que doliese.

    Lo vivo no revive, es imposible,
    si quieres repoblar un campo yerto
    comienza por la poda ineludible.

    Yo no soy imbebible
    y tampoco te creas que me asusto,
    que si hoy duele tragarme no es por gusto.
    Yo no soy inflexible.
    Nuevamente me quedo. ¿Fría escarcha?
    Sí, pero ahora sabes quien se marcha.
    A elpoetaartesano y BEN. les gusta esto.