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  1. Esa noche rompiste el engranaje
    y se adueñó el vacío de mis actos
    para salvaguardar de los impactos
    el cuerpo al que cubría mi blindaje.

    Disfruté del amor. Pero el peaje
    se cobró con tus golpes; tan compactos,
    intensos y profundos como exactos.
    Sí, fuiste menos tierna que salvaje.

    Última vez, decías. Y por horas
    prolongué aquel instante. La armadura
    se redujo a la piel. Todo dolía

    al causarme la herida que hoy ignoras.
    Eres bálsamo contra la amargura
    y no quieres sanar esta sangría.
  2. Contemplo la ciudad. Se desmorona
    y no encuentro pilares ni cimientos
    que aferren los vetustos monumentos
    sobre las catacumbas. No perdona

    tanto desinterés y no funciona
    el pasar de los años porque, lentos
    carcomen los despojos polvorientos
    hasta ser nada. Y nada se cuestiona.

    Al lejano curioso se le miente.
    Lo fácil es obviar este declive
    y que el olor a flores le cautive.

    La muerte de lo muerto no la siente
    más que quien, aledaña, la percibe
    y sobre el camposanto muere y vive.
  3. Me apetece besarte en plena frente
    como quien vence el miedo de la infancia,
    reniega de tus monstruos y te miente
    restando a los temores importancia.

    Ser aquel que las dudas te consiente,
    admira en tus enojos la constancia
    y a tu sonrisa tras la guerra asiente
    paliando con caricias la distancia.

    Y después de besarte ser besado
    con la ternura eterna de una madre
    para sentirme niño aun siendo padre.

    Y a tu lado cuidar y ser cuidado,
    como quien libre elige las cadenas
    y preso no se acuerda de sus penas.

    A Bernardo de Valbuena y Pessoa les gusta esto.
  4. A mi Reino sin rey o rey ajeno,
    castellano o francés, cuento mediante.
    De romana legión, león rampante,
    damasco carmesí, pendón relleno.

    Verano a medias contra invierno pleno.
    Tierra sobria, reflejo del talante
    de gente contenida, ve distante
    montaña al norte, al sur llano terreno.

    Pueblos de campo, cruces de caminos,
    polvo en el aire seco, monte bajo,
    páramos sin labranza. No hay trabajo.

    En las calles, turistas peregrinos,
    en las casas, ausencias de los muertos,
    y entre vías de paso, los desiertos.

  5. Avanza con valor un tipo listo
    camino del final, la frente alta.
    Poco le queda, o nada o todo falta
    pues lleva en su zurrón el mundo visto.

    Como le sobrevivo no le insisto
    para que me comparta como asalta
    la tensión de la espera, la que exalta
    cuando explica las reglas de Mefisto.

    Al comprender superfluo su existir
    se agotaron sus ganas de pelea
    y arrinconó por fin a la cordura.

    Se dirige impertérrito a morir
    como vivió: centrado en la tarea,
    eficiente y tenaz, sin impostura.
    A Pessoa y Bernardo de Valbuena les gusta esto.
  6. Caí como un idiota en lo banal,
    en la peli de amor de los casados,
    en el dulce placer de los pecados.
    Tan demodé, tan fatuo, tan carnal.

    Y después, con el tiempo, lo normal.
    Dos insensatos, dos enamorados,
    dándose, vanidosos y alocados,
    lo mejor; mucha arena y poca cal.

    Una historia de tres, hotel mediante.
    Adiós en el andén, una estación.
    Las mentiras, los besos de pasión.

    For ever. Mon amour. Sigue adelante.
    No me olvides, te quiero. Sé feliz.
    Y cuídate. No fue solo un desliz.
  7. Contra el aburrimiento buen talante,
    sopas de letras, rimas, crucigramas,
    buscaminas, sonetos, póker, damas,
    tebeos, poesías, dar el cante.

    Insoportable tedio, qué frustrante
    no hacer y deshacer juegos de camas,
    ponernos y quitarnos los pijamas
    y entre bromas jugar a lo importante.

    No escribir idioteces o leer
    el programa político de VOX,
    Súper Pop, La Razón, la Marie Claire.

    Son siete diferencias, un sudoku,
    un baile con el kinect de xbox,
    una reclamación para la OCU.

    En la tele, Son Goku
    en la radio, la música del mal
    y en el sillón, un viejo carcamal.
  8. No creía en ti, amor, como no creo
    que resucite el dios de los cristianos,
    los sinos en las palmas de las manos
    o que un muerto distinga un mausoleo.

    Tampoco niego a dios como un ateo.
    No espero que aterricen los marcianos
    ni que acierten conmigo los arcanos.
    Para mí solo existe lo que veo.

    Es lo mío alabar el pragmatismo,
    la ironía, el sarcasmo y el cinismo,
    denostar a Cupido y sus flechazos,
    recibir misioneros con portazos.

    Hasta que se detuvo el ascensor
    y me tocó sentir el puto amor.
  9. Un mínimo habitáculo cerrado.
    No hay ventanas. Del aire no me quejo,
    impregna de vapores el espejo
    y calienta mi cuerpo destemplado.

    Tu movimiento cerca, casi al lado,
    a dos metros, desnuda. Lo festejo.
    Sigiloso imagino en el reflejo
    tu silueta detrás, ensimismado.

    Escucho: Lluvia gruesa contra ti.
    Veo, poco. Mas sé que estás ahí.
    Huelo: Jabón, champú de avena y miel.

    Tu sombra y yo. Y en medio la mampara,
    translúcido cristal que nos separa.
    Lo siguiente: encharcar mi piel en piel.
    A Bernardo de Valbuena le gusta esto.
  10. Vuelve el mundo a rozar el travesaño
    y nuestro aliento entrecortado escapa
    porque une la pelota el ancho mapa
    y borra las fronteras del engaño.

    Gira la piel, giró también antaño,
    hoy toca ver en Kiev a mi chulapa
    y contener un grito al aire: ¡Guapa!,
    olvidar con su vuelo un desengaño.

    En el triunfo se aleja la distancia
    de los días con bávaros, Milanes,
    PSVs, las derrotas de la infancia.

    Trece de buena suerte, talismanes,
    flor, o no, se olvidó la dura espera;
    fue la séptima vez mi vez primera.
  11. Se descargó la pila de repente
    estampando el juguete contra el piso
    para un triste final sin previo aviso.
    Peluche inerte, lánguido y ausente.

    Horas antes enérgico y consciente
    le falló de la vida el compromiso
    arribando la muerte sin permiso.
    Amo torpe, holgazán y negligente.

    Cuánto extraño en el alba sus maitines
    y despertar con música y bullicio
    de panderetas, bombos y clarines.

    Ay, la espichó sin lloros. Ni una queja
    y puedo descansar sin su suplicio.
    Tanta paz lleva como calma deja.
  12. Te creías que eras el pichichi
    de la ligas mayores, un gran crack,
    sin saber que las leyes del tictac
    tornan al Rey León en viejo michi.

    Eras el chulo que castiga, Pichi.
    En la tarde, tu puro y tu coñac,
    en la noche, levita para el frac.
    Pero no siempre "All night long" (Lionel Richie)

    Toca el despertador. Las siete en punto
    y, con sus martilleos, la resaca
    le da los buenos días al difunto.

    En tu coco retumba la matraca
    a la vez que un estómago maltrecho
    traquetea a la altura de tu pecho.
  13. El tiempo pasa como la sentencia
    que no quieres creer y no es mentira,
    transcurre sin frenar y luego expira
    sin la notoriedad de su presencia.

    Año tras año, terco en la tendencia,
    añade nuevos leños a la pira.
    Pero en su tozudez el mundo gira
    sobre el mismo lugar de la existencia.

    Otra vez el otoño en el vergel,
    y no me quiero ir y tú tampoco.
    Es mi aliento la brisa del siroco

    esculpiendo las dunas de tu piel.
    Las noches de septiembre duran poco
    y se escapa el calor, y tú con él.
  14. Sé que duele besarte. Así te beso:
    sabedor del final en el inicio,
    ardiendo en las cadenas del suplicio.
    De frente y sin pensar. Tenaz, obseso.

    Intrépido en tu carne, dócil, preso.
    Frenético, enredado por el vicio,
    sin voluntad, sin llantos y sin juicio.
    Inmerso abruptamente en ti, poseso.

    Absorto en la pasión, con hambre y sed.
    Amante, fiel, mosquito de tu red,
    desmesurado, crédulo, desnudo.

    Te beso así: muriendo por vivir,
    ansiando que me comas sin herir,
    consciente del dolor de darme crudo.
    A M.B.Ibáñez. le gusta esto.
  15. No juegues con el B, no menosprecies
    al torpe bravucón que como el burro
    tira para delante. El muy cazurro
    prueba la evolución de las especies.

    Por ser flojo rival no le desprecies,
    a base de tesón y mucho curro
    hasta el más tonto mete gol de churro
    aunque vos no le temas ni le aprecies.

    Hacen gol el anciano y el pipiolo
    con la puerta vacía. ¿Vas sobrado?
    Te gana Moussambani al waterpolo.

    Si el tema es el soneto; es complicado
    que suene bien la flauta de Bartolo,
    el mamón nunca queda niquelado.