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  1. Es tu letra, la voz que desde Vigo,
    va templando palabras del idioma,
    y alza el vuelo, al igual que una paloma
    mensajera de versos que bendigo.

    Bajo el pico la espiga de un buen trigo,
    con un grano repleto, donde asoma,
    el papel amarillo de un diploma
    con la luz y el afecto del amigo.

    La distancia se queda aquí conmigo
    en este cielo gris que se desploma;
    y esas nubes me sirven como abrigo

    para dejar, tras este punto y coma,
    mi abrazo de amistad como testigo
    y un soneto cargado de tu aroma.
    A lesmo le gusta esto.
  2. El muro del camposanto tan muerto está que dormita
    entre la ausencia de vida, y el plástico de una rosa.
    Pared de llagas con frío y entre sus piedras reposa
    el verde azul de la yedra sobre el ciprés donde habita.

    El muro del cementerio en su humedad resucita
    los líquenes de colores sobre la roca arenosa.
    ¡¡Qué curioso disparate!! es la ofrenda de esa losa,
    pues alimentando aureolas, de nuevo la vida agita.

    Bajo el silencio ese muro, su sombra de nuevo ofrece,
    por mor que algún caminante la busque para el descanso.
    Y una vez más, solitario, el muro siempre aparece.

    No encuentra el alma dispuesta a disfrutar del remanso
    de falsa paz y sosiego donde la vida perece.
    Tampoco pienso arrimarme, a reposar, si me canso.
    A malco, lesmo y MARISOL PÉREZ les gusta esto.
  3. Siempre he sido feliz, y en el lamento
    nunca quise besarme yo mi herida
    pues la llaga que llevo aquí escondida
    de otra cepa injertaron el sarmiento.

    Es verdad que la pluma es alimento
    y escribir es el pan que da la vida,
    la palabra es el agua sumergida
    en torrentes de luz y fundamento.

    Siempre he sido feliz y con mi aliento
    no daré una batalla por perdida,
    ni entrego el corazón al desaliento;

    no soporto el color gris ceniciento
    de la pava que está ya consumida
    por la lumbre de un fuego largo y lento.
    A lesmo, MARISOL PÉREZ y catia-love les gusta esto.
  4. Al dejar Pontevedra, y madrugando,
    se despiertan las conchas peregrinas,
    y al albor de sus luces vespertinas
    las lágrimas del cielo iluminando .


    Rodear en silencio su empedrado
    la plaza de la leña y la verdura
    son besos de una lluvia que perdura

    y alienta el corazón algo cansado.

    Se atraviesa la ría y de repente,
    paisajes solitarios de la braña,
    y Santiago en su abrazo lo acompaña
    indicando el camino que está enfrente.


    Ya en Poio, el Monasterio y su fachada
    ocultan de un alero a San Benito
    bajo un nicho de piedra ¡Dios bendito!
    que protege el Apóstol con su espada.


    Sigue un paso silente el peregrino
    extasiado en la playa de Combarro,
    y los hórreos callados sobre el barro
    de la arena, comparten su destino.


    Descansando al hogar de una lareira
    en albergues que alojan corazones
    el romero se inflama de emociones
    al saber que ha llegado a la Armenteira.


    Cuando el Salnés brumoso en su paisaje
    de la niebla desviste sus cortinas,
    las perlas de unas uvas cristalinas
    se ofrecen al viajero en homenaje.


    Ya mirando hacia atrás el peregrino
    contempla La Armenteira desde lejos,
    y el agua con sus cálidos espejos
    sobre el Ulla le indican el Camino.


    Vilanova es su próximo parada;
    sobre la ría mira y se complace.
    Y la isla lo recibe, donde nace,
    ese puente que duerme en la ensenada.


    Ya por fin el albergue se divisa
    de blancura alumbrando la otra orilla,
    y en su pincel, la luz. ¡Qué maravilla!
    le dibuja en el rostro una sonrisa.
    A lesmo le gusta esto.
  5. Vuelvo a la intimidad de mis rincones
    y al silencio, apartado de la ausencia;
    a la serena luz de mi conciencia
    y a esta mesa algo ajada en sus marrones.

    Vuelvo a la intimidad sin emociones
    que preñen a las rimas con cadencia,
    para escribir de nuevo en la creencia
    que mis versos son bellas oraciones.

    Cuántas veces confundo mi lamento,
    no encuentro el acomodo necesario
    que encienda otra vez a mi poesía.

    Y el papel de este folio amarillento
    esperará la tinta que a diario
    alimenta mi pluma en su porfía.
    A lesmo y MARISOL PÉREZ les gusta esto.
  6. Un retazo de mi alma alegraría
    la estría de mi pecho, a buen seguro,
    y juro que este juego en su conjuro
    el muro y la ansiedad los vencería.
    Alegría en cadena, y lograría
    en un día escribirlo sin apuro,
    auguro un verso, luego lo depuro,
    y maduro el soneto escribiría.
    Poco a poco, el terceto va surgiendo
    estupendo y al azar de mi teclado,
    acabado de rima y floreciendo.
    Comprendo que ahora estoy bien acertado
    si cansado y perdido ya estoy viendo
    que escribiendo este verso, habré acabado.
    A MARISOL PÉREZ y lesmo les gusta esto.
  7. Un poeta del verso con mi aliento
    escribiendo en sosiego lo consigo,
    si la pluma que vuela es fiel testigo
    y la tinta de mi alma su alimento.
    La penuria me cala en el momento
    que analizo el poema, y yo me digo:
    ¡Vaya Pepe! un soneto de castigo..
    dejaré de escribir, llegó el momento.
    Moraleja podrá tener mi cuento,
    a sabiendas que ahora sumo y sigo
    y con éste terceto la presento:
    "el poeta da luz al firmamento
    si del verso se siente como amigo"
    La humildad es virtud de su talento.
  8. Cuando de la luna llega
    su luz tan blanca y divina
    el sol ya duerme en la cuna
    y la noche le sosiega
    con la paz de alguna estrella.
    Yo me quedo la mas bella
    en los ojos de Cristina.
    A lesmo le gusta esto.
  9. Es una gaita alegre que sonando
    en su muñeira dulce nos consuela.
    Las tazas de Ribeiro en duermevela
    llorosas de un furancho van quedando.

    Corón se envuelve en brisa de canela.
    Las uvas, su albariño van llorando,
    al saber que la parca está acechando
    silenciosa, en un frío que congela.

    ¡Tan lejos del Caribe y Venezuela!
    ¡Tan cerca tu sonrisa de canalla!
    Y en la paz de tu lecho mortuorio

    nos dejas encendida ya una vela
    y ese toque de broma cuando estalla
    la flor de tu amistad Manuel Osorio
  10. Es la puesta de sol que en el ocaso
    aromas de silencio me procura,
    y un sueño de algodón en su blancura
    alimenta de musas mi parnaso.

    El reloj de la tarde sin retraso
    del horizonte cumple su andadura,
    y ese numen que inspira arquitectura
    estos versos dibuja paso a paso.

    ¡Qué exacta maquinaria se adivina
    cuando el astro se esconde por poniente
    y en su tic tac perfecto se culmina!

    ¡Qué iluminado cielo diferente
    alumbrará en la tarde que termina
    esa mano de Dios omnipresente!
    A MARISOL PÉREZ le gusta esto.
  11. Es la voz del poeta una soflama
    donde funde las letras tan certero;
    son sus versos la llama de un herrero,
    y el fuego, la palabra que lo inflama.

    Es obrero en su fragua, y calentando
    en las rimas, su corazón fundido,
    desde el yunque que forja su latido
    el candado y la estrofa va labrando.

    En sus manos de herrero se desgrana
    un poema con suerte de herradura,
    y ese aliento fundido en escultura
    lo convierte el poeta en filigrana.
    A MARISOL PÉREZ le gusta esto.
  12. ¡Qué tendrá el corazón de la campana
    al romper su silencio sin demora!
    Su gemido lo sufre a cualquier hora
    por la tarde, la noche o la mañana.

    Bajo el bronce, su pena tan temprana,
    va quedando en la úvula que llora,
    y esa voz melancólica y sonora
    envuelve a la meseta castellana.

    El campanario en soledad añora
    el lamento que tuvo su sonido...
    se siente huérfano y sin voz ahora,

    y el triste llanto, que antes fue gemido
    de pronto es un rumor que se desflora
    ausente el carillón de su latido.
  13. Cuando acaba la siega más tardía
    toda España se viste de colores,
    la Virgen, con su manto, con sus flores,
    los romeros con fe en la romería.

    Las abuelas preparan este día
    pestiños que destilan mil olores,
    alacenas repletas de sabores
    recuerdan mi niñez algo tardía.

    Las ermitas blanquean sus fachadas
    para vestir de fiesta las mañanas
    en un brindis de misas y de mosto.

    Tradiciones, costumbres arraigadas
    en las eras de aldeas castellanas
    que emborrachan de luz el mes de agosto.
  14. Y de nuevo esta luz me resucita
    para alumbrar afanes de clausura
    pues la sombra que llevo en mi figura
    duerme en Vairäo, y allí me necesita.

    Y otra vez vuela el mirlo de la ermita
    que en su trino sosiego me procura,
    y es su voz un arroyo de ternura
    un salmo del Señor, cuando recita.

    El laurel de la fuente ya dormita,
    y el ciprés de corteza mas oscura
    tras la piedra del muro se marchita.

    Se me antoja un silencio que gravita
    alrededor del claustro, que en su altura,
    al abrazo de Dios solo me invita.
  15. Abusando de su tono engolado
    observo un comentario de lectura,
    abstruso, que presume de ilustrado.
    Las letras de los otros son basura.


    Calvino, cual maestro autorizado
    su pluma sodomiza la escritura
    sentencia sin pudor, a su dictado
    su mal humor le llega a la tonsura.


    Suelta un pedo de ritmo despiadado
    y analiza el sonido y la textura
    si es heroico, anapesto, mal sonado
    horaciano o de cruel temperatura.


    Un Góngora a Quevedo, simulado,
    le dedico a ese genio y su figura
    un serventesio al pedo que ha tirado.
    ¿Qué dirá su merced de la envoltura?


    De olor patas abajo se ha escapado
    empacho de estofado con verdura.
    ¡Venga hombre, no se ponga colorado!
    pues si juzga también será juzgado
    A Fulgencio Cibertraker le gusta esto.