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  1. Enciendo mis palabras en la hoguera
    que arden con sus llamas, y se agitan,
    son un ascua de luz, donde dormitan,
    los sueños de esta vida pasajera.

    Luciendo ya estarán la noche entera
    mis versos, que incendiados, decrepitan,
    son cenizas tan grises que marchitan
    los himnos que no quiero por bandera.

    Si canto junto al fuego cuanto quiera,
    la voz y mis palabras resucitan
    recuerdos de otra vida verdadera.

    Me gusta ver su brasa, y que prendiera
    rocíos en el alma, que me habitan,
    y así ponerme al mundo por montera.
    A MARISOL PÉREZ le gusta esto.
  2. Siempre aguardo al silencio del ocaso
    para abonar de sueños mi escritura
    con semillas de amor donde madura
    poesía en la luz de mi parnaso.

    Pido ayuda a las musas por si acaso
    cuando escriba, me exceda en la premura,
    y sus brotes, su olor, y su blancura
    solo exhalen aromas de fracaso;

    siempre espero tal vez, y en todo caso,
    que una flor desparrame su hermosura
    al candil de mis versos paso a paso.

    Con esto de escribir los días paso
    tan huraño encerrado en mi locura.
    ¡Sin flores, sin edén y sin parnaso!
    A catia-love le gusta esto.
  3. Enciendo mis palabras en la hoguera
    que lucen con sus llamas, y se agitan;
    son un ascua de luz, donde dormitan,
    los sueños de esta vida pasajera.

    Ardiendo ya estarán la noche entera
    mis versos, que incendiados, decrepitan,
    cenizas que en sus grises ya marchitan
    con himnos que no quiero por bandera.

    Si canto junto al fuego cuanto quiera,
    la voz y mis palabras resucitan
    recuerdos de otra vida verdadera.

    Me gusta ver la brasa, y que encendiera,
    rocíos en el alma, que me habitan,
    y así ponerme al mundo por montera.
    A MARISOL PÉREZ y catia-love les gusta esto.
  4. Es tu letra una voz que, desde Vigo,
    va templando palabras del idioma
    y en su vuelo, al igual que una paloma,
    aletea con versos que bendigo.

    Bajo el pico, la espiga de buen trigo,
    con un grano repleto que retoma
    la raíz en la tierra, y que se asoma
    al universo del abrazo amigo.

    La nostalgia se queda aquí conmigo
    bajo este cielo gris que se desploma
    y el viento que susurra por testigo;

    yo dejaré tras este punto y coma
    mi abrazo de amistad, y si consigo...
    un soneto cargado de tu aroma.




    A MARISOL PÉREZ y lesmo les gusta esto.
  5. El muro del camposanto tan muerto está, que dormita,
    entre la ausencia de vida, y el plástico de una rosa.
    Pared de llagas con frío que entre sus piedras reposa
    el verde azul de la yedra, sobre un ciprés donde habita.

    El muro del cementerio en su humedad resucita
    los líquenes de colores, sobre la roca arenosa.
    Qué curioso disparate es la ofrenda de esa losa
    pues alimentando aureolas, de nuevo la vida agita.

    Bajo el silencio ese muro, su sombra de nuevo ofrece,
    por mor que algún caminante la busque para el descanso
    y de nuevo, solitario, el muro siempre aparece.

    No existe un alma dispuesta a disfrutar del remanso
    de falsa paz y sosiego donde la vida perece.
    Tampoco pienso arrimarme, a reposar, si me canso.
    A malco, lesmo y MARISOL PÉREZ les gusta esto.
  6. Siempre he sido feliz, y en el lamento,
    nunca quise besarme yo la herida,
    la vendimia que llevo recogida
    de otra cepa injertaron el sarmiento.

    Es verdad que mi pluma es alimento
    y escribir es el pan que me da vida,
    las palabras el agua sumergida
    en torrentes de luz y fundamento.

    Siempre he sido feliz, y con mi aliento,
    no daré una batalla por perdida,
    ni entrego el corazón al desaliento;

    no soporto el color gris ceniciento
    de la pava que está ya consumida
    por la lumbre de un fuego largo y lento.
    A lesmo, MARISOL PÉREZ y catia-love les gusta esto.
  7. Al dejar Pontevedra, y madrugando,
    se despiertan las conchas peregrinas,
    y al albor de sus luces vespertinas
    las lágrimas del cielo iluminando .


    Rodear en silencio su empedrado
    la plaza de la leña y la verdura
    son besos de una lluvia que perdura

    y alienta el corazón algo cansado.

    Se atraviesa la ría y de repente,
    paisajes solitarios de la braña,
    y Santiago en su abrazo lo acompaña
    indicando el camino que está enfrente.


    Ya en Poio, el Monasterio y su fachada
    ocultan de un alero a San Benito
    bajo un nicho de piedra ¡Dios bendito!
    que protege el Apóstol con su espada.


    Sigue un paso silente el peregrino
    extasiado en la playa de Combarro,
    y los hórreos callados sobre el barro
    de la arena, comparten su destino.


    Descansando al hogar de una lareira
    en albergues que alojan corazones
    el romero se inflama de emociones
    al saber que ha llegado a la Armenteira.


    Cuando el Salnés brumoso en su paisaje
    de la niebla desviste sus cortinas,
    las perlas de unas uvas cristalinas
    se ofrecen al viajero en homenaje.


    Ya mirando hacia atrás el peregrino
    contempla La Armenteira desde lejos,
    y el agua con sus cálidos espejos
    sobre el Ulla le indican el Camino.


    Vilanova es su próximo parada;
    sobre la ría mira y se complace.
    Y la isla lo recibe, donde nace,
    ese puente que duerme en la ensenada.


    Ya por fin el albergue se divisa
    de blancura alumbrando la otra orilla,
    y en su pincel, la luz. ¡Qué maravilla!
    le dibuja en el rostro una sonrisa.
    A lesmo le gusta esto.
  8. Vuelvo a la intimidad de mis rincones
    y al silencio apartado de la ausencia;
    a la serena luz de mi conciencia
    y a esta mesa algo ajada en sus marrones.

    Vuelvo a la intimidad sin emociones
    que preñen a las rimas con cadencia,
    para escribir de nuevo en la creencia
    que mis versos son bellas oraciones.

    ¡Cuántas veces confundo mi lamento!
    No encuentro el acomodo necesario
    que encienda otra vez a mi poesía

    y el papel de este folio amarillento
    esperará la tinta que a diario
    alimente a mi pluma en su porfía.
    A lesmo y MARISOL PÉREZ les gusta esto.
  9. Un retazo de mi alma alegraría
    la estría de mi pecho, a buen seguro,
    y juro que este juego en su conjuro
    el muro y la ansiedad los vencería.
    Alegría en cadena, y lograría
    en un día escribirlo sin apuro,
    auguro un verso, luego lo depuro,
    y maduro el soneto escribiría.
    Poco a poco, el terceto va surgiendo
    estupendo y al azar de mi teclado,
    acabado de rima y floreciendo.
    Comprendo que ahora estoy bien acertado
    si cansado y perdido ya estoy viendo
    que escribiendo este verso, habré acabado.
    A MARISOL PÉREZ y lesmo les gusta esto.
  10. Un poeta del verso con mi aliento
    escribiendo en sosiego lo consigo,
    si la pluma que vuela es fiel testigo
    y la tinta de mi alma su alimento.
    La penuria me cala en el momento
    que analizo el poema, y yo me digo:
    ¡Vaya Pepe! un soneto de castigo..
    dejaré de escribir, llegó el momento.
    Moraleja podrá tener mi cuento,
    a sabiendas que ahora sumo y sigo
    y con éste terceto la presento:
    "el poeta da luz al firmamento
    si del verso se siente como amigo"
    La humildad es virtud de su talento.
  11. Cuando de la luna llega
    su luz tan blanca y divina
    el sol ya duerme en la cuna
    y la noche le sosiega
    con la paz de alguna estrella.
    Yo me quedo la mas bella
    en los ojos de Cristina.
    A lesmo le gusta esto.
  12. Es una gaita alegre que sonando
    en su muñeira dulce nos consuela.
    Las tazas de Ribeiro en duermevela
    llorosas de un furancho van quedando.

    Corón se envuelve en brisa de canela.
    Las uvas, su albariño derramando,
    al saber que la parca está acechando
    silenciosa, en un frío que congela.

    ¡Tan lejos del Caribe y Venezuela!
    ¡Tan cerca tu sonrisa de canalla!
    Y en la paz de tu lecho mortuorio

    nos dejas encendida ya una vela
    y ese toque en la pena cuando estalla
    la flor de tu amistad Manuel Osorio
  13. Es la puesta de sol que en el ocaso
    aromas de silencio me procura,
    y un sueño de algodón en su blancura
    alimenta de musas mi parnaso.

    El reloj de la tarde sin retraso
    del horizonte cumple su andadura,
    y ese numen que inspira arquitectura
    estos versos dibuja paso a paso.

    ¡Qué exacta maquinaria se adivina
    cuando el astro se esconde por poniente
    y en su tic tac perfecto se culmina!

    ¡Qué iluminado cielo diferente
    alumbrará en la tarde que termina
    esa mano de Dios omnipresente!
    A MARISOL PÉREZ le gusta esto.
  14. Es la voz del poeta una soflama
    donde funde las letras tan certero;
    son sus versos la llama de un herrero,
    y el fuego, la palabra que lo inflama.

    Es obrero en su fragua, y calentando
    en las rimas, su corazón fundido,
    desde el yunque que forja su latido
    el candado y la estrofa va labrando.

    En sus manos de herrero se desgrana
    un poema con suerte de herradura,
    y ese aliento fundido en escultura
    lo convierte el poeta en filigrana.
    A MARISOL PÉREZ le gusta esto.
  15. ¡Qué tendrá el corazón de la campana
    al romper su silencio sin demora!
    Su gemido lo sufre a cualquier hora
    por la tarde, la noche o la mañana.

    Bajo el bronce, su pena tan temprana,
    va quedando en la úvula que llora,
    y esa voz melancólica y sonora
    envuelve a la meseta castellana.

    El campanario en soledad añora
    el lamento que tuvo su sonido...
    se siente huérfano y sin voz ahora,

    y el triste llanto, que antes fue gemido
    de pronto es un rumor que se desflora
    ausente el carillón de su latido.