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/En este alboroto de ternuras//

Anamer
/En este alboroto de ternuras//
[CENTER][IMG]http://imgfz.com/i/wkAVSdq.jpeg[/IMG] [B][I] Nuestras pieles, muy juntas tan llenas de nosotros, henchidas de amor sobre la tierra, donde amarnos es ignorar la lluvia, es alegría de sentir ese canto tuyo y mío, como el milagro de estar vivos, con tus manos y mis manos sosteniendo nuestro tiempo. [FONT=Times New Roman][SIZE=5]Ana Mercedes Villalobos[/SIZE][/FONT][/I][/B] [/CENTER]
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Era el tiempo de jugar a ser grandes,
tomados de la mano
jugábamos en el jardín,
el horizonte era la promesa,
la llegada a los sueños
que nos mantenían unidos.
La vida era un arco iris,
nubes de colores que se deshacían en la boca
entre risas el carrusel nos llevaba
en cada vuelta al universo,
al cielo cabalgábamos en nuestros potros de madera
con las manos enlazadas, porque nuestras manos
como nuestras almas, no sabían separarse.
Era el tiempo de jugar, no había prisa,
el mundo nos giraba
nos miraba desde arriba
y nosotros con las alas extendidas,
sobrevolamos la montaña.
Pero llegó el día de no ser,
tu risa se perdió
en lo absurdo de un momento
que no entendió más de juegos,
ni de cobijarte en mis brazos,
ni de darte mi aliento, mis ojos, mis manos,
y te fuiste,
tu cabeza recostada en mi regazo,
y yo, abrazada a tu último suspiro,
donde me quedé atrapada.

Ana Mercedes Villalobos
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Se oyen aun los pasos en la avenida
la tarde apenas abre sus brazos
y nosotros aquí,
como una sombra gris
que se cierne muda sobre la cresta del tiempo.


Desde la ventana pueden verse
los cuerpos que brillan a la luz,
los faroles son un paisaje que vienen y van
como el olor de la tierra húmeda
por donde galopamos a pelo en el fragor del silencio


Hay una madrugada que se hace infinita
en su lucha por llegar.


Y seguimos aquí,
con los ojos cerrados
los recuerdos nos roban el momento
corren, se pierden,
somos como estatuas de hielo
sin deseos,
sin amor,
solo el olvido,
solo la vida.

Ana Mercedes Villalobos

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Oyendo la lluvia me dejo llevar
y vuelvo al momento en que siempre estás
esa gota, un sueño,
el ayer que se hace hoy,
mañana o quizás toda la vida,
como aquella,
nuestra primera vez.


Esa vez de tu mirada
en la que vivo eternamente
de tu mano buscando mi pecho,
de las ganas de tu abrazo,
de tu boca vacilante,
de los labios que dejaron mil "te amo"

sembrados en mi cuerpo.

Te miro y me hablas
de los viajes sin retorno
que hicieron nuestros besos,
de tu rostro hurgando en mi rostro,
del agua que alborota mis recuerdos.


Y no se como decirte amor,
del tiempo ,
de los años,
de la espera,
de ese invierno
que se ha hecho hielo
y de este absurdo sentimiento
que me regresa a la eternidad.

Ana Mercedes Villalobos

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Déjame leerte desde el umbral de tus ojos
mientras permanece la mirada
detenida en la infinitud de la palabra.

La vida se apaga y la tristeza
alimenta la nostalgia como un tiempo sin luz
como una melodía de violines
que va apagando sus notas, lentamente,
antes de morirse.

Quisiera ser otra vez esa risa
que ocupaba mi corazón cada noche
cuando apenas eras una llamada en el universo del amor,
una gota de rocío en el caudal de un río
que me llenaba de momentos.

Hay un sendero en nuestro bosque
que conduce a los jazmines,
a las caricias aromadas que se llenaban de besos
en la penumbra de nuestros días
cuando todo era risas y flores,
cuando la vida era una promesa
que nos mostraba su más amable cara
y al final estaremos siempre nosotros.

Ana Mercedes Villalobos
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Amaneció lento el día

abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.
Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.
Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?
¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?
No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Es mágico ese rosa que se enreda en el mar
una estampa de ensueño en las tardes de verano.


La luminosa cresta de las olas
como un encaje, se teje a la noche.


El alma que es orilla, verso, palabra
se desprende de la piel
para ahogar la nostalgia
entre la arena desnuda de sombras.


Porque todo es luz donde nace la risa
que retorna alegre a la boca,
a esa parte de mí que quiere escapar
triunfante hacia el amor, hacia tus besos.


No basta el silencio para acallar
mi corazón ávido de tu paisaje.

Hay muchos “te amo” que tiemblan en mis labios,
suspiros que se cuelan entre los guiños de la luna
con tus ojos grises de fondo,
como engañando a la ternura
que asoma a tu mirada.


En ese último destello
sonríe el lucero iluminado
para mostrarnos el camino
que finalmente se define.

Ana Mercedes Villalobos

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Quererte ha sido un oasis de emociones
un merodeo continuo por los confines de mi alma

que te reconoce como luminosa presencia.

Todo se llena de ti,
como ese rocío que va dejando la lluvia
que nos cala la piel y se vuelve torrente en la sangre,
como un anhelo de estar entre tus brazos
y extraviarme en todos tus silencios.


Me crecen flores en los ojos cuando te veo,
mi vientre es un alboroto de colores
que se viste de sol, de agua, de memoria,
y se acopla a tus manos, a tus besos.


Y llega la luz cada mañana en tu mirada,
tus manos se desprenden de las mías
y se hacen horizonte
allí donde mi corazón sabe que estás,
donde él sabe que siempre esperas.

Ana Mercedes Villalobos
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Estoy aquí extrañándote
como si fueras el siempre de mis días
o esos encuentros de cuerpos,
que inventan recuerdos
entre el espacio de vida
donde me hiciste luz.


Y te descubro invadiendo mis versos
tejiendo momentos
entre lo que fuimos y lo que somos
hasta que mi pluma se calla

para hacernos nunca.

Desde el profundo silencio
que se apodera de nosotros
que se nos pega a la piel,
nos invade el anhelo de estar,
de existir en comunión con nuestros dedos
en ese perfecto lugar
donde nuestras manos permanecen.

Ana Mercedes Villalobos
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Como brisa atardecida
que remonta olas
eres sonrisa fresca
que llegas
mitigando soledades.


Furtivo,
- sin anunciarse -
se coló con astucia el amor
escondido
entre las velas de tu nave.


La esperanza lamió la arena,
y en su camino sin destino
entrelazó sus huellas al océano
en que cada noche la luna acudía a la cita.


Fue bueno encontrarte
guiando a las estrellas
aventureras de tus playas,
cuando yo había perdido mi rumbo.

Ana Mercedes Villalobos
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Mi risa siempre fue tu motivo
cuando apretabas mis manos
en esa locura tuya de no soltarme.


Tus dedos habitaban
en comunión con mis auroras
haciendo del mundo su causa
mientras me mantenían asida,
pegada a tu cuerpo, a tu sangre, a tus ganas.


No quise deberme a tus ojos
a ese gris azul que heredaron de las aguas
y levantaban olas con sus crestas plateadas
desafiantes bajo el sol.


Fuimos dos orillas,
como una tristeza que surgía de la noche,
yo estaba allí
en medio de tus labios,
degustando tu silencio.

Hablabas de amor
de mariposas de colores
de la agonía de las plazas
donde quedan los besos que se dieron en las sombras,
de los sueños apurando las últimas gotas del alba.


Y allí nació la poesía desnuda,
desde el cielo de tu boca,
hasta esa alma solitaria
donde sembraste tu semilla.

Ana Mercedes Villalobos

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Hoy soy la lluvia que nos mojó en el parque
cuando pusimos en pausa la vida.


A veces también soy nostalgia
del amor que se apretaba a tu cintura
en el tacto amable de tu piel
como una infinita madrugada.


Desde este sur que se enreda en mi garganta
se encienden las tristezas,
porque es tristeza este anhelo
que torna gris mi paisaje.


Voy vagando como un alma
que se esconde entre las rocas
en esta solitaria playa, nuestra playa.


A lo lejos escucho el oleaje
como en otro espacio, en otro tiempo,
en esa vida que era tuya y mía,
cuando sumergía mis pies en el agua
y veía pasar las aves
que siempre regresan a su nido,
añorando tu mano.


Allí el silencio se hizo mi amigo
bajo esa luna de agosto,
borré ese lienzo tan lleno de ti.

Ana Mercedes Villalobos

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“Si vas a intentarlo, ve hasta el final.

De otra forma ni siquiera comiences.”
Charles Bukowski

Comenzamos con la prisa
con que llegabas a mis versos,
con esa conjugación final que le otorgas a tus verbos.


Era aún pronto
apenas una aurora,
allí nos tomamos de las manos
por primera vez y aún estaban tibias.


Y llegó el tiempo el de los abrazos bajo la luna
con el ceño fruncido y la sonrisa en la espalda,
tiempo de dos.


Había tanto amor en el encuentro
tantas palabras que aún no se decían,
no nos quedaba espacio para más caricias.


Más no siempre hay huellas bajo las pisadas,
también hay lágrimas, pensamientos ausentes
añorando la quietud de unos ojos.


Ya estaba tu traje gastado de mañanas
cansado de hablar con la nostalgia
pero ella necesitaba un amor que le susurrara al oído
que se mojara bajo la lluvia rozando sus labios.


Entonces vino el silencio.
no hubo más versos, no hubo más intentos
no hubo latidos acompasados, ni jardines, ni besos,
solo una fiesta en la calle desnuda,
sin suspiros, sin susurros,
todo convergió hacia la noche, sólo eso.


Ana Mercedes Villalobos
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Hay una extraña magia

que hace de tus brazos mi refugio,
como aquella primera vez,
en que juntos, en Venecia,
inventamos el amor.


Nos tomamos de las manos
recorriendo la estrechez de sus espacios
en la penumbra que precede al amanecer.


Caminamos gozando de nosotros,
del sonido de las góndolas meciéndose en la orilla
invitando a los besos, al abrazo,
a la melodía de las almas

que latían en un solo acorde.

Bajo la luz de la luna se iluminaba el canal
las risas se mezclaron con los besos
nos sorprendió el día, descalzos,
el sol rozaba nuestros rostros.

Y supe que respirar
era tu aliento en mi aliento
que el amor era tu cuerpo en mi piel.

La eternidad era un abrazo que
que nunca se rompió

en esa ciudad que nos sedujo.
Allí nacieron mis versos

y volamos.


Ana Mercedes Villalobos
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· 4 comentarios · ♥ 3 POEMA DE AMOR
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Hay días que te tengo en la punta de la lengua
te nombro,
te siento en cada uno de mis versos,
en mis manos
que se deslizan sin reparos por las sombras
como suspiros suspendidos

como un vuelo de azucenas
en el infinito trino del tiempo.

En mi almohada
acaricio tus cabellos
huelo la esencia aromada de tu cuerpo
de donde se deprende tu voz

a solas conmigo,
como una íntima confesión.

Mis sábanas despiertan acumulando deudas
de sonrisas, de piernas, de bocas,

de la entrañable textura de tu piel.

Como un beso

que se pierde en el umbral de la palabra
que se entrega sin pedir nada
o como una caricia que se asoma al alba

buscando un cuerpo donde acomodarse.

A veces son unos ojos
que callados buscan los míos
como ese punto de encuentro

en que coincide también el amor.

Ana Mercedes Villalobos
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· 1 comentarios · ♥ 2 POEMA DE AMOR
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Hay momentos en que las letras
no hacen versos,
en que unos labios que no saben besar
se llenan de suspiros
y no suspiran,

se vuelven ermitaños.

Las palabras se bordan a las manos,
se tallan como caricias,

se hacen deseo en la piel.

Noches vacías de cuerpos
como un anhelo que no tiene destino,
un instante sin tu sonrisa

cuando el tiempo se detiene.

Momento de calzarnos,
de intentar de nuevo el camino
entre paisajes en que las letras
se hilen sin tropiezos,
para llenar el espacio de mi
vida en que te amo.

Ana Mercedes Villalobos

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· 2 comentarios · ♥ 2 POEMA DE AMOR
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Todo empezó en tus ojos
o quizás fue tu boca
o tu perfume con olor a madera
que aroma mi madrugada
que se mete en mi pecho
con la certeza del que llega a su hogar.


Mi corazón tiene memoria del brillo de una luna
que encendió la hoguera en mi sangre
que habitó mis primeros pasos,
de tu mano tomando mi mano
para caminar los tuyos.


Y te instalas allí,
entre mi boca y mis besos,
acostado a la sombra del camino
que es mi cuerpo
y me lees en silencio,
cada poro de mi piel es tu palabra
detenida
como un punto de luz en la penumbra.

Ana Mercedes Villalobos
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· 4 comentarios · ♥ 2 POEMA DE AMOR
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Es infinito el tiempo de añorarte
el segundo en que esperando tu llamada

mi corazón se acelera anticipando tu voz.


Eres ese viento cálido,
que como resplandor veraniego,
va iluminando mis versos
haciendo de mi existencia

un lugar donde siempre me emocionas.


Me abrazo al fuego que danza en mi sangre
cuando me muestras el cálido paisaje
donde me guareces,

donde guardas para mí nuestro sueño.


Ese espacio de luz en el que me abandono,
en el que me dejo empapar de ti,
del calor que perdura en mi pensamiento

y me acerca hasta tu orilla.


No hay una sola fisura en la palabra,
son esos momentos donde solo existe el amor

tú, yo y la nostalgia.


Ese punto justo del sonido de tu risa
en su leve trayectoria hasta mi oído.

Ana Mercedes Villalobos
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· 4 comentarios · ♥ 6 POEMA DE AMOR

Cuando las palabras no bastan,
nace el poema
desde el sentimiento más profundo.

Un breve murmullo
que en el tiempo se hace eterno
y nos señala el camino.


Sentada a la orilla del verso,
me pregunté alguna vez
si podría ser poeta,
si mis letras sabrían expresarse.

Quería que mi voz se abrazara al infinito,
quería construir un mundo con mis manos,
asomada a las profundidades del alma


Ahora estoy aquí, con el corazón en ascuas
tanteando la vida que se ha hecho grito y vacío,
futuro y anhelo
que se anuda a mi garganta.


Y con la certeza de que es ese pequeño milagro
que se gesta cada día en el papel,
lo que me hace soñar con el verde y el azul
que dan luz al mundo, y que toda la magia cabe
dentro de la tinta de mi pluma.

Ana Mercedes Villalobos

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· 1 comentarios · ♥ 4 POEMA DE AMOR

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Un rumor de olas se asoma a la ventana

como silente tacto de los siglos
han dejado todas sus horas en el lecho.

La certeza de tu gesto de diciembre
trae campanas en los labios,

los besos fluyen insaciables
conjugando el verbo en todos sus tiempos.

Apretada a tus caderas
me entrego a la realidad de tu presencia

no hace falta más.


Yo que construí mi amor a punta de cincel,

estoy aquí, procurando no sea leve el encuentro
dos cuerpos fundidos en amaneceres,
siempre propicios.


Las voces se confunden en murmullos,
una suave melodía que acompaña las caricias,
suspiros,
pieles fusionadas, posesivas

tumbadas sobre las sábanas,
dibujando el rayo que parte en dos el universo.

Todo es posible cuando el pulso nos reclama,
el instante preciso de las bocas, de las manos,
el deseo que ya no puede contenernos
se prende como sol en las pupilas.

Una madrugada infinita

que desde arriba nos contempla.

Ana Mercedes Villalobos

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· 0 comentarios · ♥ 7 REGALOS PARA EL ALMA
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Iniciaste, poeta, tu camino
en busca de belleza en la poesía,
es tu deber sagrado, tu utopía,
lo sientes en tus venas, es tu sino.

Quisieras que tu verso fuera trino
alborozado, rítmica armonía
llena de sentimiento y alegría,
contagioso y brillante. ¡Oh!¡Divino!

Bulle la mente en busca de motivos,
la fantasía vuela sin cesar
buscando pensamientos positivos.

Conseguir con palabras alcanzar
los versos que serán definitivos
es látigo que obliga a caminar.


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