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El blog de Luis Prieto

Luis Prieto
El blog de Luis Prieto
229 entradas · 24750 visitas
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Está en clásica competitiva por si gustáis en algún momento por pasaros.
Aquí os dejo el enlace.
Muchas gracias y cordial saludo
Luis

http://www.mundopoesia.com/foros/temas/endecha-de-la-voz-amarga.680695/
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http://www.mundopoesia.com/foros/temas/romance-al-silencio-de-emilia-llanos.672650/


Romance al silencio de Emilia Llanos
(La mujer que amó a Lorca)


Por el mar de los olivos
llegaba desde la Alhambra,
un aroma de azahares
al cantar de la guitarra.
Mujer fina con sonrisa
del fulgor de la biznaga,
Afrodita con mantilla
de Merino y brisa mansa.
Era su luz hecha carne,
él, la miraba y miraba,
ella, rosa del rosal
esparcía su fragancia
sosegada y silenciosa
por las calles de Granada.
Emilia Llanos Medina,
morena de carne blanca,
sus pupilas de azabache
abrían la senda al alba
y al poeta granadino
acallaba su palabra.
Sedientas de amor y boca,
las dos almas paseaban,
¡Cómo cantaba el zorzal!
¡Ay, como hablaban sus almas!
Días de vino y de rosas,
sueños por cosas lejanas,
se escapaban los suspiros
bajo la luna gitana.
*
Por los altos miradores,
versos de amor recitaba
y mientras él los leía,
ella guardaba sus ganas.
Su pasión iba meciéndose
como se mecen las ramas
y murmuraba el gorrión
lo que Emilia se callaba.
Aquella tarde sentía
que su deseo escapaba
como el agua de la fuente
cuando rebosa la taza.
Sobre el rostro de su amiga,
la pena se dibujaba.
El alborozo, en el mar,
y la amargura, en el alma.
*
La muerte llegaba en rifles
por las calles de Granada
dejando un canal de sangre
y una sábana de lágrimas.
Un diecisiete de agosto
desde Viznar hacia Alfacar,
una Negra, Escuadra Negra
al poeta se llevaban.
Muerto cayó Federico
en aquella madrugada,
y nunca besó sus labios
y nunca le dijo nada.

Luis
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Son doce campanadas,
doce marca el reloj,
pasiones desatadas
en la puerta del Sol.
Asisten en bandadas
para decir adiós
a angustias ya pasadas
y ansiando lo mejor.
La gente aglutinada
en solo un corazón,
aguanta ilusionada
el frío con humor.
Uvas en mano y cada
uno, presta atención
clavando la mirada
en el viejo reloj.
Cuenta atrás empezada,
ya no cabe el error,
la espera tan soñada,
¡por fin! ya comenzó.
¡Ya baja la dorada,
ya suena el carillón,
personas humanadas
enmudecen su voz!
Resuena la esperada...
Din don, din don, din don,
todo va cual si nada,
invade la tensión.
Última campanada,
¡Ay, qué largo fervor!
Y la gente abrazada,
le da gracias a Dios.
Son doce campanadas,
doce campanas son,
son doce campanadas
en la puerta del Sol.

Luis
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(1)
Yo me perdía en su aliento
con el sabor de las rosas
y ahora debo decir,
que beso penas y sombras.
Por las calles va el recuerdo
sediento de amor y boca,
con cadena de pesares
y espinas como corona.
Pena, eterna soledad
que acaricia mas no toca,
bebida amarga que embriaga
y el sosiego te lo roba.
¡Oh tú, pena, pena mía,
siempre triste y negra toda!
¿Por qué traes a mí sus labios
y al aire le das su forma?
El hielo de la nostalgia
es un frío que devora
y el silencio de su ausencia,
son noches de luna rota.
¡Qué triste es la pena cuando
el amor se desmorona,
parece un árbol de otoño
sin el rumor de las hojas!
La busco por todas partes,
en la noche oscura y honda,
en cada canción de amor
y cada huella remota.
Con la luz de la mañana,
abierta encontré una rosa
y ella me estaba diciendo
lo mismo que mi persona.
¡Qué pena tan grande tienes
que los sentidos agota,
no derrames ya más llantos
por quien no camina sola!
Mis lágrimas son de sangre,
ya no habrá ninguna aurora
que nos desnude en la cama
con el cantar de la alondra.

(2)
Por las calles va la pena
sin abrigo y silenciosa,
a solas por las tinieblas
en noches de luna rota.
¡Oh tú, pena, pena mía!
¡Oh tú que el alma deshojas!
Que no me falte tu aliento
cuando me llegue la hora.

Luis
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Yo - ¡ Estos campos se van a llenar de coches!
La mano del hombre
no conoce fronteras,
pronto los campos floridos
perderán sus vivos tonos.
Dejarán de parecer siempre joven...

Él - ¡Calla, no digas sandeces!

Yo - Silencio...¿no oyes el viento
como peina los pastos?
¿no sientes el aliento de su aroma?
¿no ves la dulzura del sol
en su claro ocaso?

Él - Lo que piensas suena a muerte,
¿por qué he de callar?


Yo - El hombre no tiene límites,
solo el propio hombre
puede parar su mano.
Los pájaros migrarán con su canto,
el árbol perderá su verdor,
el cielo será de un azul grisáceo
y no respirarás
lo que hoy estás respirando.
Todo cuanto ves, morirá,
y la ciudad
será más grande cada año
y en un banco perdido del parque,
mi cuerpo descansará nostálgico.

Él - ¡Deja de vaticinar
las cosas que aún no son,
cuando las cosas sean,
entonces tus palabras dirán lo que son!


Yo - Llegará el día, ese día
en que yo busque el azul
plácido del cielo
o la sombra de un árbol grande
o el dulce canto del gorrión
para que arrulle mis oídos.

Ya veo llegar ante el alba,
lenta y calladamente
las manos encallecidas del obrero,
inagotables y venosas manos
empuñando picos y palas
avanzando hasta oscurecerse
en el mudo crepúsculo .
Sí, todo está escrito
en la mente del hombre,
¡Estos campos se van a llenar de coches!

Luis

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Queda prohibida la reproducción total o parcial de la obra por cualquier medio.
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Ha despertado el otoño
tapizando de hojarasca
los recuerdos del verano
y acallando la cigarra.

Mengua la última rosa
y mi pensamiento vaga
por las sombras del crepúsculo
y las hojas en el agua.

El pasado se hace verso,
el otoño huele a calma
y en las ramas de los árboles,
ya tiemblan gotas de escarcha.

Cuando solloza el otoño,
la melancolía alarga
la tristeza del paisaje
dejando heridas miradas.

La palabra del silencio
es amargura dorada,
solo se escucha el sonido
de una soledad que pasa

silenciosamente mientras
los pájaros se agazapan
de las lágrimas de un cielo
perdiéndose en la montaña.

Llevo el paso de mis sueños
a una tarde que se apaga
y mi corazón se llena
de pesadumbre y nostalgia

por un amor desprendido,
boca y alma perfumada
que tantos besos robó
dejando palabras vanas.

Cuando solloza el otoño,
deja desnudas las ramas
y el ascenso del riachuelo,
adormece con sus nanas.

El corazón calla y siente
lo que los árboles hablan,
y quisiéramos ser como
la fuente que vierte el agua.

Y mientras la luna sueña
bajo las sábanas blancas,
yo alzo al cielo mis suspiros
y siento como me abraza

el viento y me lleva por
la vereda solitaria
sin tener miedo a la muerte,
hoy, que tengo en paz el alma.

Luis


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Cuando me haya ido
búscame en tu recuerdo,
no derrames lágrimas,
solo quédate en silencio.

Cuando me haya ido,
cuando ya no esté,
búscame en tu sueño
que allí estaré.

Velaré por tu descanso
y mi aliento será tu abrigo
cuando ya no esté,
cuando me haya ido.

Luis



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Es media tarde,
el camino oscurece,
las sombras se levantan
y bajo el cielo
hay un rumor de ramas,
la tierra huele,
ha empezado a llover.

Es media tarde,
juncos y sauces
doblados hacia el cauce
besuquean el agua,
y me quedo mirando
cual si fueran los besos
que aún me guarda el alma.

Es media tarde,
el paisaje se duerme,
los montes se pigmentan
de verde oscuro
y en la muda tristeza
que da el crepúsculo,
infinita armonía
sombra y misterio.

Es media tarde,
me habla el silencio:
¡Veo tus lágrimas
bajo la lluvia,
desconozco a quien lloras,
soy yo, tu pena,
déjame que te abrace!

Es media tarde,
todas las añoranzas
tienen olor de otoño.
La melancolía hace
palpitar el espíritu
de un amor que persigue,
y marcho monte abajo
antes de que este alma
resuelva por quedarse.

Luis


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Yo no tengo derecho a quejarme por esta vida que me ha tocado vivir y ver que todo cuanto quise se va desvaneciendo ante mis ojos, ni siquiera del aire que se llevó mi último suspiro de amor para dejarme a la deriva en las turbias aguas de esta urbe como el barco que busca donde encallar.
El sol estaba en el cenit, de la linea que junta mar y cielo llegaba una brisa ondulada y suave acariciando una y otra vez este corazón cansado y lleno de envidia por el sosiego que encuentra a su paso y que necesita y que no llega y se resigna a contemplar de año en año desde la roca de la orilla, remar a un mundo sin sueño hacia una distancia sin fondo, hacia donde no encuentre carne viva que pueda verle, a donde la luna y el sol no sean sepultados por las casas y sus besos de oro y plata llenen de melancolía para darse más cuenta de los encantos de las cosas.
Aquella quietud, era expresada por la dulce melodía de las olas que dejaban sus notas de plata en la fina arena bajo un azul desierto de sábanas vacilantes, donde el graznido de la gaviota vuela quebrando el silencio y el ser humano sin sombras angustiantes ni voces crueles, sin sirenas fatídicas de enfermos ni devastación ni pobreza, se siente solo bajo el cielo.
Bajo una inmensa ráfaga de fuego, un grupo de unas diez personas vestidas con ropa de baño se acercaban a la orilla cuidadosamente siendo cogidas de la mano por otras de paso firme mientras lanzaban al aire su algarabía. Aquellos ojos míos ocultos tras las gafas de sol, se estremecían conforme mi mente exclamaba ¡joder Dios mío, cómo es posible...! Lo que hasta entonces era placentero, se tornó en un sollozo interno acompañado por una pena insoportable, un vuelco en el corazón y el aliento arrinconado, todo era una imagen dolorosamente triste, una decena de parálisis cerebrales desataban su alegría al poner por primera vez su huella en la caliente arena de la playa pero reacios a seguir avanzando, temerosos de que aquel mar en calma les cogiera de los pies para alejarles de la orilla mas las palabras que salían de los labios de aquellos sanitarios, ponían en su cerebro la calma deseada, palabras que nosotros conocemos pero que sólo ellos saben transmitir, aquello no se podía definir como paciencia, sino amor en los altares, amor, amor palpable sobre unas manos inocentes, dependientes para siempre que nunca harán daño.
Aquellas palabras daban su fruto y sus gemidos y reacios pasos, pronto se volvieron en gritos de júbilo y gestos expresivos al sentir el beso fresco de las olas sobre sus trémulas piernas y el agua salpicada por los sanitarios sobre sus vientres y espaldas.
Mi alegría vino de lo inédito de mi emoción, esa exaltación llegó porque nunca antes vi disfrutar ni sentir la vida de aquella manera, ni yo mismo sentia la vida hasta ese preciso instante y me mentiría a mi mismo si me dijera que la estaba disfrutando.
No, yo no tengo derecho a quejarme por esta vida que me ha tocado vivir. He visto que la pena llega por caminos insospechados dejando un gran vacío y donde había alegrías, son huecos donde a penas entra el aire y las miradas caminan tropezandose con la realidad.
La luna de la tarde se perfilaba redonda y aquellos ojos míos tras los cristales oscuros, con la mirada en la arena y el pensamiento en la orilla, se marchaban ocultando una emoción inefable y reciente en la vida haciéndome dichoso del llanto de mis ojos.

Luis


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Leyendo... "Sonetos del amor oscuro" de Lorca, comprendí como vivió y sufrió por amor.


Cuando sientas por amor
dolor...
Cuando vivas en condena
por pena...
Cuando tú veas un río
vacío...
Entonces tú, amor mío,
verás a tu alma sufrir
y sabrás lo que es vivir
con dolor, pena y vacío.

Luis







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Los caminos son muy largos...

La tarde viste de gris,
los caminos son muy largos
y son negros nubarrones
los que aflijen al ocaso.
Cae la tarde en silencio,
cae sobre los tejados
y las sombras que acompañan,
se apoderan de los campos.
Todo es paz, silencio todo,
las aves guardan su canto,
las calles están desnudas,
abandonados los bancos.
Todo es paz, silencio todo,
todo en este triste ocaso
y en un momento extendido,
el cielo suelta sus rayos.
¡Qué tristeza tan profunda
la que el cielo va arrastrando,
es tan hondo su dolor,
que su fulgor es de llanto!
Tengo a mis sueños dormidos,
a mis deseos callados
y las brasas de esperanzas
en los cajones las guardo.
Camino con paso firme
si bien son lentos los pasos,
las fuentes están calladas,
adormilado el remanso.
En algún lugar en sombra,
mi ilusión la he enterrado
y en vez de flores y versos,
rosa mustia sobre el mármol.
Voy camino de la tarde
sin corazón y sin llantos...
¡qué tristes son los recuerdos
de los días ya lejanos!
Suena en la noche plomiza
un lamento del pasado
y aunque no quiera y no deba,
hay suspiros en mi cuarto.
La tarde vistió de gris,
los caminos son muy largos.
Luis
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¡Quiénes somos, quiénes somos!
Dulce voz que un niño exclama
contemplando cada noche
a la blanca, luna blanca.
El niño la mira y mira
con ojos de fría plata
y deja un triste suspiro
volando en la madrugada.
¡Quiénes somos, quiénes somos!
repite con voz amarga,
ensanchando sus pulmones
y una pena en su garganta.
Dime luna, blanca luna,
que no quiero ser el agua
pura, ni turbia ni fresca
que resbale en la montaña
humedeciendo caminos
de crónicas ya pasadas
para que el hombre descubra
las herrumbrosas guadañas
y remembren a los muertos
en campos de verdes ramas
que un día fue de olivares
y a la postre de batallas.
¡Quiénes somos, quiénes somos!
Dime luna, luna clara,
¿A caso no es suficiente
la misma lasa nostalgia
en bocas de viejas voces
hablar de sangres contrarias?
Sé quien soy y lo que quiero.
¡Basta, basta os digo, basta!
¡Dejad los muertos en paz
descansar como Dios manda,
que los muertos, muertos son
y los muertos, de ellos no hablan!
No viviré de un pasado
que no me conduce a nada
ni me echaré a la calle
con vientos de mala saña,
Dime luna, blanca luna
que llenas las madrugadas
de pálidas ilusiones
abriendo el camino al alba
en tanto el hombre difunde
rumores de viva llama.
¡Quiénes somos, quiénes somos!
La pena me ahoga el alma.
Dime luna, blanca luna,
dónde mana el agua clara.

Luis


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