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El último cigarro (L)

Publicado por LIBRA8 en el blog El blog de LIBRA8 (Luis Muñiz Mariño). Vistas: 306

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El último cigarrillo. Sí.

... Porque hoy al fin vas a dejar de fumar.

11: 57 pm
Puede que de un 24 de octubre.
La última calada de ese humo tóxico y mortal,
sucio y a la vez entrañablemente
balsámico y embriagador.
Abrigo y testigo de tantos y tantos momentos.
Momentos gélidos, momentos
calientes, irrepetibles, reveladores...
(o momentos que simplemente llenaban
día tras día el álbum de tu existencia)

Y hoy, ahora, es el último.
Sí, ¡el último de verdad!
Y hay que olvidar: matar tu yo fumador.
Quieres convencerte que este último
sabor a tabaco en tu paladar es asqueroso.
En un minuto correrás a lavarte los dientes
y enjuagarte la boca.
Y al mirarte al espejo serás otro Tú
distinto (en versión mejorada)

Y ese elixir bucal es el instrumento,
la herramienta, el arma,
la metáfora del cambio,
... la varita mágica para el renacimiento de un nuevo Tú.
¡Pero no!, no es solo dejar de fumar.
En el fondo sabes que es algo más.

Una muerte y un nacimiento nuevos más.
Y es que morimos y nacemos tantas veces
a lo largo y ancho de nuestra vida...

¡Y otra vez más!

Como la última (y definitiva) discusión con esa chica,
ese último y cariñoso polvo de despedida,
ese último y ultratierno beso...
Y después lo vuestro habrá muerto para siempre.
Ya nunca más seréis ese -Tú y Ella-
(envidia insana de tantos y tantas)

Ahora si acaso seréis amigos (no te engañes,
casi nunca resulta).
De una sola bala imaginaria habréis asesinado
vuestro Vosotros...
¡aquel inexpugnable "Vosotros y el mundo"!
Y con él vuestro inagotable deseo,
vuestra complicidad única,
vuestros proyectos de futuro en común,
y hasta aquel inolvidable y surrealista aniversario
vuestro en Roma (relato estrella obligado y
multirrepetido en las reuniones
ebrias y trasnochadas de amiguetes)

Ahora eres un nuevo Tú, y Ella es una nueva ella.
Como recién nacidos.
Nacidos: tú a otros poco posibles
-Tú y Ella-
Y ella a otros muy probables
-Ella y Él-

Porque dejar atrás algunas cosas siempre es
morir un poco.
¡Y es que son tantas y tantas muertes durante la vida!

Como cuando dejas ese trabajo (después de 20 años),
o cambias de casa,
o de ciudad,
incluso al jubilar tu viejo y fiel coche
(más duro que un tanque)
y que era más que un coche.
O cuando te deshaces (a regañadientes)
de aquella inseparable y destrozada chaqueta de tu juventud,
que hoy, desde las oscuras entrañas del armario,
te parece más que una simple chaqueta...

Y también están esas otras muertes
(las más dramáticas y cabronas):
Ya nunca más -Tú y tu amigo-
Ya nunca más -Tú y tu familiar-
Ya nunca más -Tú y tu querida perra (golden retriever)-

Y en todas esas muertes tú también mueres.
Siempre igual: Morir y renacer.
Renacer para luego volver a morir.

Cual recorrido por un parque temático
de primeras y últimas veces,
o de muertes y renacimientos. Tras cada calle,
tras cada esquina, en cada puesto y atracción...
-O como en aquella pelí de bucles temporales
en que el protagonista la terminaba cagando siempre
al final, una y otra vez,
por más que hiciera esto o lo otro...
(hasta el día que uno la caga de verdad
y del todo, claro)

Y eso al final cansa. Eso agota lo indecible.
Y un día te rebelas de morir
y de volver a nacer tantas veces,
y de volver a nacer para volver a morir.

Pero aun así, todavía no quieres abandonar el parque.
Porque te has convertido en un superviviente de muertes
y renaceres. Un auténtico profesional
de primeras y últimas veces.

Entonces aplastas, no sin cierta tristeza y cariño,
la colilla en el cenicero,
y corres a cepillarte los dientes...

Y al volver a la cocina
ves un antigua nota suya pegada en la nevera:
"cariño, compra naranjas para el desayuno, porfa"

La despegas, la lees, la relees,
y te quedas mirando la palabra "cariño"
(con esa típica erre suya tan ilegible y graciosa)
Y sientes pena,
y dolor,
y odio,
y rabia,
y más pena.
Y finalmente, en un gesto absolutamente cruel
y estoico, la conviertes en una pequeña
y arrugada pelota de papel,
y la arrojas al jodido y santo cubo de la basura.

Ahora eres otra vez un nuevo Tú,

un recién estrenado Tú:
Un Tú renacido.
Pero también un tú más muerto;
y de repente te sientes más pequeño,
un tú en minúsculas
(y sin humo)

... un tú de mierda.

Y te empiezas a ver más invisible,
más y más invisible...
a cada hora
a cada minuto
a cada segundo que pasa

(aunque al salir a la calle
los demás te vean,

te sigan viendo,

... igual que siempre)

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