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Erad

Publicado por Robsalz en el blog El blog de Robsalz. Vistas: 9

Vino entonces a mí en forma de una llama y me dijo: "no temas, yo te acompaño siempre", las veces anteriores no pronunció palabra, "embarcate a pueblo que no conozcas y diles de mí, yo hablaré contigo".

Me dirigí a la tierra de Ermut, conocida por sus costumbres reservadas y entrando en la plaza recibí mil miradas, "este es forastero" comentaban dos pueblerinos mientras que la voz que me envió decía: "yo voy adelante y en ti pondré mis palabras".

Pregunté por posada alguna para pasar la noche pero mi mirada ya no era mía, me delataba, dos oficiales se acercaron y hablando conmigo preguntaron:

-¿De qué región eres?
-Soy de la tierra de Araf.

Uno de ellos, el más pequeño, se colocó detras mío y dobló mis rodillas con un leño y cayendo hincado me abofeteó su compañero, tomó mi barbilla, la alzó y luego de escupirme sonrió mostrando sus pocos dientes y colocando su pie izquierdo en mi pecho, lo pateó, tirandome al suelo.

Vino entonces un hombre vestido con ropa negra y mirándonos, los hizo levantarme, luego se acercó y hablándome al oído me dijo:

-¿Quien eres? y ¿qué quieres?
- Soy Erad y vengo en nombre de aquél que lo puede todo.
- Adivina... soy Mebal y soy el rey de este pueblo, acá yo lo puedo todo y sobre mí no puede nadie.

Luego me dio un puñetazo en el estómago y comentó para los observadores "recordad que llegado el día de la Samia nuestro pueblo será ensalzado" y se retiró junto con los oficiales.

Sentí una mano en mi espalda y una tinaja con agua acercarse a mi boca.

- Soy Legit, la hija de Darion, ¿a qué vienes forastero?
- A hablar en nombre del que lo puede todo.
- Pues mira entonces, que al enviarte a tierra desconocida te ha mentido.
- No. No necesariamente.
- Ocuparás posada, tengo un cuarto con agua limpia, si no te molesta compañía femenina.

- Te comenté que el cuarto es pequeño, pero cuenta con agua limpia. Todo un lujo por estas tierras.

Legit no debía superar los veintidós años, su piel como caramelo y sus ojos negros la hacían parecer una diosa.

- En cuanto estés listo baja, tengo pan con miel y té.

Arreglé las pocas cosas que llevaba conmigo y me lavé la cara por el viaje. La distancia entre Ermut y Araf es de seis días caminando a través de las montañas y cruzando el Río Jupolk. La mesa estaba servida, pan de trigo con miel y una jarra con té y leche, conversamos un poco de todo, de mi viaje, de los sueños que había tenido, de su padre muerto hacía tres semanas, de ella y de mí.

- Fue osado hacer semejante viaje. Tendrás tus motivos pero creo que ni tú los tienes claros aún.
- Fue la tercera vez que me llamaba, antes fue un león, luego la palmera y cuando hubo fuego ya no pude seguir así.

Tomó un trago de té, me miró como si yo estuviese loco, quizás lo estaba, partió el último trozo de pan y me lo ofreció.

- No, es tuyo - dije de manera firme.
- No sé en Araf, pero en Ermut es de mala educación rechazar un bocado -luego sonrió-.

Llevaba alrededor de una hora acostado sin poder dormir, cuando escuché ruidos en la cocina, Legit se había ido a dormir a la misma hora. Me levanté tratando de no hacer ruido, asomé mi cabeza por entre los escalones y la miré. Tenía una candela en la mano derecha, llevaba una bata blanca que al mirarla de espaldas con el resplandor de la luna entrando por la ventana, dejaba ver su cuerpo tal cual era. Sólo la bata la cubría, sentí vergüenza pero volví a mirarla.

- Me levanté por una jarra de agua - me dijo sin voltearse-. Hace sed, cada noche hace sed, tomo un poco de agua pero la sed sigue, tomo té pero la sed sigue, podría beber todo el Río Jupolk y seguiría teniendo sed.

Me acerqué a unos cuantos pasos, podía admirarla mejor. Soltó una risa que calló casi de inmediato.

- Cuando lo tuyo fue un león lo mío fue una gata, cuando lo tuyo fue una palmera lo mío fue la lluvia y cuando lo tuyo fue fuego lo mío fue un hombre... de otra tierra. Pensé que estaba loca, que no tenían relación, ¡qué cosas!...
- ¿Qué quieres decir? ¿que tú y yo soñamos lo mismo porque así debía ser?.

Dio media vuelta, pude mirar su pecho a través de su bata y su pelo suelto cayendo de medio lado. Caminó despacio hacia mí, puso su mano izquierda en mi pecho y me besó. Sentí su lengua, su saliva, su sangre hirviendo, me abrazó el cuello, la tomé por la cintura e hicimos el amor hasta el amanecer del segundo día.

A mí me llevó a Ermut el que todo lo puede "el amor", a ella le habló de su destino, del hombre de otra tierra que la amaría como la diosa que era.

Dos años después Legit murió y yo quedé con Serafat, nuestra hija, en una tierra que quise como mía porque la gata y el león se habían unido, la lluvia había alimentado a la palmera y el fuego le dio al hombre de una tierra lejana un nuevo hogar.

Fin
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