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Tobillos enajenados-.

Publicado por BEN. en el blog El blog de BEN.. Vistas: 28

Hay tobillos sacrificados al desdén hermético de la lluvia, una apaciguada mirada de carbón eléctrico que funciona a medias bajo la eterna combustión de un pez marmóreo, existen diminutas formas oblicuas cuyo dedal ignominioso profiere los más graves insultos, y propiedades acuáticas de orden secular. Hay materiales grabados a fuego como serpientes efímeras en el cuello de las calles sangrientas, un millar de desaparecidos cadáveres que penden de sus hilos magnéticos, trituradoras imparciales, vestigios de amantes que esconden su sanción al crepúsculo. Una nube de alcohol y un dibujo sublime estereotipado, la fortaleza de una canción susurrada en murmullo, y un vetusto armario que empotra las esperanzas tras sus secuestros supremos. Los espíritus indolentes fabrican sus ocultos desprecios antes de las amarillentas temperaturas, mientras la fiebre, responde a los iris con sus mayúsculas dilatadas. En lugar de un roble cansado, de un cielo pernicioso, latitudes somníferos y distancias inasibles buscan el terciopelo terrestre cuando el cuello de las disnea ha quebrado sus documentos tardíos. Los asesinos clementes venden a sus mujeres por un litro de absenta, y la mayoría de los astros elige ver el canal de televisión más próximo a su vecindad. La escuela desdice lo afirmado por los progenitores y el espacio licuado de una nevera exige tributos peculiares al pez que escucha y radia sus alabanzas. Los niños ocultan su sombría eyaculación de pana y agua, y sus muslos apenas reciben órdenes cuando el sol ha apagado sus tristezas diáfanas. Hay un recelo insomne en las catedrales atestadas, donde duermen un millón de dentistas próximos a los violadores destronados de sus hijas y herederas, un calor de sótano invaden los dientes del moro que vende sus flores imantadas de perfume.

Escuchen, escuchen, lágrimas del mono más fiel a sus aposentos, un circular emético que provoca la emancipación del oficio, y una recta testigo que elude hablar de la percepción de su felino. Perspectivas y solteras, halagos y vaivenes, cubatas y pérfidos de estantería colectiva; un radio de hojas secas que penetra el oído con sus filamentos de oro, con sus fibras mortuorias, y una placa de finas sedimentaciones opacas que resguardan un ámbito más bien profano.

Hay la cordura enajenada y el palacio de las altas hierbas dormidas

un segundo de ternura y un pecio que embarranca distante

las termitas adeptas a Moctezuma, un río de balsas agresivas.

Están los altivos montes y las escopetas bien cargadas

avisando su pólvora de dientes color azufre.

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