chc
Christian
Tengo esa costumbre de andar
montado a las tormentas,
ajustando decibeles de tristeza
que no es precisamente triste.
Me enhebro en las agujas
que cosen los desconciertos,
me abrocho los cinturones
cuando las luces se apagan.
Pretendo modernizar
el parámetro clasicista,
vivo mi muerte sin prisa
aunque mate la vida
de aburrimiento.
Me acuesto con la noche
porque no gime,
ni finge placeres ausentes,
ni tiene la osadía
de un bien necesario.
Tengo
curiosidad incontinente,
por saber dónde escondo
las mentiras de patas largas,
y las pocas verdades
que me dijeron que son ciertas.
Muy de vez en cuando
racionalizo los sueños,
como si esto fuera
un chequeo de rutina,
y escucho al médico de turno
que me atiende desde adentro
indicarme un buen reposo,
sólo tengo
resaca de conciencia.
Y muy seguido voy siguiendo,
al azar,
algún retazo de paisaje,
buscando el talle que me quede,
probando el color que me defina.
Pero nadie regala lo imposible
y nadie mejor que uno
para ser sastre
de su tormenta.
montado a las tormentas,
ajustando decibeles de tristeza
que no es precisamente triste.
Me enhebro en las agujas
que cosen los desconciertos,
me abrocho los cinturones
cuando las luces se apagan.
Pretendo modernizar
el parámetro clasicista,
vivo mi muerte sin prisa
aunque mate la vida
de aburrimiento.
Me acuesto con la noche
porque no gime,
ni finge placeres ausentes,
ni tiene la osadía
de un bien necesario.
Tengo
curiosidad incontinente,
por saber dónde escondo
las mentiras de patas largas,
y las pocas verdades
que me dijeron que son ciertas.
Muy de vez en cuando
racionalizo los sueños,
como si esto fuera
un chequeo de rutina,
y escucho al médico de turno
que me atiende desde adentro
indicarme un buen reposo,
sólo tengo
resaca de conciencia.
Y muy seguido voy siguiendo,
al azar,
algún retazo de paisaje,
buscando el talle que me quede,
probando el color que me defina.
Pero nadie regala lo imposible
y nadie mejor que uno
para ser sastre
de su tormenta.
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