Los astros soberanos ya cobijan
el hado misterioso
que lleva entre sus manos presuroso
las horas que al huir se regocijan
soñando en un mañana venturoso.
Se eleva tras los cerros la esperanza
aun cuando sobre el llano solo hay muerte,
esperase bonanza.
Anclado el corazón en su confianza
se abandona al abrazo de su suerte.
Estalla como un eco en la arboleda
el ansia que el silencio lleva inclusa,
vistiendo de verdor su piel de seda
amansa la razón con una excusa
que no haga de su fé sutil quimera
la historia ya conclusa
de un hada que vistió de pordiosera.
Amor quizá perdido
su duda quiere asir y lo confiesa;
aun cuando no da el sueño la certeza
que abriga entre sus ramas el consuelo;
acaso todo el llanto ya vertido
presuroso abra el cielo
do habita la razón de su tristeza.
el hado misterioso
que lleva entre sus manos presuroso
las horas que al huir se regocijan
soñando en un mañana venturoso.
Se eleva tras los cerros la esperanza
aun cuando sobre el llano solo hay muerte,
esperase bonanza.
Anclado el corazón en su confianza
se abandona al abrazo de su suerte.
Estalla como un eco en la arboleda
el ansia que el silencio lleva inclusa,
vistiendo de verdor su piel de seda
amansa la razón con una excusa
que no haga de su fé sutil quimera
la historia ya conclusa
de un hada que vistió de pordiosera.
Amor quizá perdido
su duda quiere asir y lo confiesa;
aun cuando no da el sueño la certeza
que abriga entre sus ramas el consuelo;
acaso todo el llanto ya vertido
presuroso abra el cielo
do habita la razón de su tristeza.