¿Supiste amada estrella cuando sin luz me fui
buscando entre las olas de un mar embravecido
el rastro ya apagado de un sueño que perdido
creyendo ser eterno detrás se fue de ti?
Quizá nunca en tu loca carrera desbocada
pintada de colores por manos seductoras
que visten sus afanes de poses protectoras
te diste cuenta acaso de tu obra despiadada.
Mas no te culpo hermosa de ser sólo centella
fugaz que da su brillo por un instante al alma,
igual que en su inocencia la brisa sólo es calma
¿Podré acaso culparte de haber nacido bella?
Pusieron a tus plantas palacios hechos de oro
sutiles galas finas para cubrir tu infancia
y joyas y perfumes que en su banal fragancia
te hicieron sentir dueña del mundo y su tesoro.
Miraste avergonzada cual fuera tu pasado,
tus pies que hollaron barro vestidos ya de escarchas
danzaron siendo presa de afanes y de marchas,
igual que ufano canta el pájaro enjaulado.
Detrás tu falsa y vacua florida primavera
lograste se ocultara la bella que otra aurora
llenara de ilusiones su frente soñadora
para tan sólo hacerte deleite de cualquiera.
Y así pasó la vida de largo por tus días,
callaron los halagos, murieron los afanes
el tosco sol altivo de abusos y desmanes
dejó de lo que fueras tan sólo ruinas frías.
Las manos que otro tiempo raparon tu belleza
partieron tras de nuevas estrellas relucientes
que igual a ti mañana serán tan sólo ausentes
adustos cofres finos colmados de tristeza.
Ahora que la senda del destino te obliga
me buscas recelosa, quizá no quiera verte,
acaso mi mirada glacial como la muerte
no tenga para ti puntual tibieza amiga.
La herida que otro tiempo, mi vieja flor perdida,
juraba ya sanada resiente al contemplarte
y si un torrente insano me arrastra a despreciarte
amándote es inútil negar que eres mi vida.
Ven rauda, ya no temas, en mí hallarás consuelo,
aún eres la rapaza por quien pinté canciones;
la misma que en mis sueños colmados de ilusiones
llevé del viento en alas por un lozano cielo.
Silencio amada calla, no hay nada que acusarte,
aquellos sólo vieron en ti fugaz tersura;
yo sé de que estás hecha, conozco tu hermosura
silencio amada y llega, que sólo quiero amarte.
buscando entre las olas de un mar embravecido
el rastro ya apagado de un sueño que perdido
creyendo ser eterno detrás se fue de ti?
Quizá nunca en tu loca carrera desbocada
pintada de colores por manos seductoras
que visten sus afanes de poses protectoras
te diste cuenta acaso de tu obra despiadada.
Mas no te culpo hermosa de ser sólo centella
fugaz que da su brillo por un instante al alma,
igual que en su inocencia la brisa sólo es calma
¿Podré acaso culparte de haber nacido bella?
Pusieron a tus plantas palacios hechos de oro
sutiles galas finas para cubrir tu infancia
y joyas y perfumes que en su banal fragancia
te hicieron sentir dueña del mundo y su tesoro.
Miraste avergonzada cual fuera tu pasado,
tus pies que hollaron barro vestidos ya de escarchas
danzaron siendo presa de afanes y de marchas,
igual que ufano canta el pájaro enjaulado.
Detrás tu falsa y vacua florida primavera
lograste se ocultara la bella que otra aurora
llenara de ilusiones su frente soñadora
para tan sólo hacerte deleite de cualquiera.
Y así pasó la vida de largo por tus días,
callaron los halagos, murieron los afanes
el tosco sol altivo de abusos y desmanes
dejó de lo que fueras tan sólo ruinas frías.
Las manos que otro tiempo raparon tu belleza
partieron tras de nuevas estrellas relucientes
que igual a ti mañana serán tan sólo ausentes
adustos cofres finos colmados de tristeza.
Ahora que la senda del destino te obliga
me buscas recelosa, quizá no quiera verte,
acaso mi mirada glacial como la muerte
no tenga para ti puntual tibieza amiga.
La herida que otro tiempo, mi vieja flor perdida,
juraba ya sanada resiente al contemplarte
y si un torrente insano me arrastra a despreciarte
amándote es inútil negar que eres mi vida.
Ven rauda, ya no temas, en mí hallarás consuelo,
aún eres la rapaza por quien pinté canciones;
la misma que en mis sueños colmados de ilusiones
llevé del viento en alas por un lozano cielo.
Silencio amada calla, no hay nada que acusarte,
aquellos sólo vieron en ti fugaz tersura;
yo sé de que estás hecha, conozco tu hermosura
silencio amada y llega, que sólo quiero amarte.
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