A ti, que colocas en mi rostro
la sonrisa eterna de un te quiero,
una pasión, una leyenda;
gloriosa liberación de mis pupilas
verte acostado entre mis sueños.
Me enredo en acertijos
del escorpión que te acompaña;
gran besador:
Tu astrología quiero tejerla en mi pecado,
al compás de tu voz que me avasalla.
A ti, que haces descansar mis ojos
en el mar de tu mirada
y me elevas al lugar
donde se establece el alma,
que agilizas la certeza
de encontrarte en mi inventario;
amor de alas bautizadas
por la luna y su legado.
Para ti, ángel dulce y calma
que ameniza con canciones mis mañanas
y me dejas pernoctar en el sol de tu vehemencia,
escóndeme en la causa del anhelo que provocas
y desglosa mi oración en la luz de tu presencia.
Cobíjate ansioso en las orillas de mi noche,
aférrate extasiado en los valles de mi boca.