Qalat Chabir
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Oh, este amor distinto que duerme velas
en la alcoba frágil de unos pensamientos
sin retorno!
Te necesito.
No me importa decírtelo
con la expresión amarga del soldado
cuando huele la vida a metros de distancia
porque la muerte lo mira ciertamente
por encima del hombro.
Amar, sufrir, recordar, amar;
el preso sabe de todo esto,
de la ilusión por una libertad condicionada
y unas puertas abiertas al exterior.
Fluyen las nieves en este mundo subterráneo
de ansiedades con prisas y se pueblan mis manos
con la nube negra que trae el cuervo de tus ausencias.
Siempre te he necesitado.
Siempre me he ido insinuando con el valor
de un adolescente tímido por adelantar el tiempo.
En este presente de hoy he amanecido insecto;
mi vida, en el reino y medio de tu piel,
dura no más de un sencillo segundo,
quizás algún minuto con prórroga.
Este diminuto insecto devorado por el olor fechado
de una habitación sin vistas al mar de tu cuerpo
que necesita del sabor de una lucha a vida o muerte
para sobrevivir.
Pero a pesar de todo, perdóname por haber llenado
tu casa de inviernos difíciles,
tu vida de postales sin dirección.
¿Sería posible que me concedieras
la posibilidad del éxito cuando te llame?
Porque ya me adentré por el camino incierto
de tus necesidades dibujadas para vivir.
Mar adentro,
con una pesada bruma para explicarte mis fracasos,
me agarro a un trozo de luz
que llega secuestrada desde el horizonte lejano
de ti misma.
Y aunque mis años estén marcados
por la huella de cierta derrota,
tu has sido definitivamente mi mejor triunfo.
en la alcoba frágil de unos pensamientos
sin retorno!
Te necesito.
No me importa decírtelo
con la expresión amarga del soldado
cuando huele la vida a metros de distancia
porque la muerte lo mira ciertamente
por encima del hombro.
Amar, sufrir, recordar, amar;
el preso sabe de todo esto,
de la ilusión por una libertad condicionada
y unas puertas abiertas al exterior.
Fluyen las nieves en este mundo subterráneo
de ansiedades con prisas y se pueblan mis manos
con la nube negra que trae el cuervo de tus ausencias.
Siempre te he necesitado.
Siempre me he ido insinuando con el valor
de un adolescente tímido por adelantar el tiempo.
En este presente de hoy he amanecido insecto;
mi vida, en el reino y medio de tu piel,
dura no más de un sencillo segundo,
quizás algún minuto con prórroga.
Este diminuto insecto devorado por el olor fechado
de una habitación sin vistas al mar de tu cuerpo
que necesita del sabor de una lucha a vida o muerte
para sobrevivir.
Pero a pesar de todo, perdóname por haber llenado
tu casa de inviernos difíciles,
tu vida de postales sin dirección.
¿Sería posible que me concedieras
la posibilidad del éxito cuando te llame?
Porque ya me adentré por el camino incierto
de tus necesidades dibujadas para vivir.
Mar adentro,
con una pesada bruma para explicarte mis fracasos,
me agarro a un trozo de luz
que llega secuestrada desde el horizonte lejano
de ti misma.
Y aunque mis años estén marcados
por la huella de cierta derrota,
tu has sido definitivamente mi mejor triunfo.
Última edición: