Callecitas trasnochadas, de vueltas serenateras
con caricias de rocío, y farolito lejano.
Domingo, bolsillos flacos, vaquita de calavera,
para el último vinito, en boliche suburbano.
Puentecito en la vereda, desafío en bicicleta
puertas de alambre tejido, gallitos despertadores.
La vieja con medio ojo, cerrado por la pebeta,
Zaguán que guardó promesas, y besos de picaflores.
Callecitas trasnochadas, que en la última farola
la noche se hacía más grande, y se apelaba al silbido.
En los cruces de las calles, se alargó la sombra sola,
de un bohemio que trazó, sigzagueante recorrido.
Zorzalito amanecido, que ya desplegó su orquesta,
cuzquito amenazador, de insobornable ladrido.
¡No despertés los vecinos, vení y haceme una fiesta!
que soy el mismo de ayer, descamisado y perdido.
Callecitas trasnochadas, paraísos y herrerías,
tapiales con dos linternas, de algún gato compañero.
Con su piadosa mirada, maullando mi correría,
bataraza ponedora, que alborotó el gallinero.
Viejita madrugadora, que miró con desconfianza
que se le v`acer señora, ya lo ve, así es la vida;
lo suyo es andar temprano, lo mio es solo tardanza,
aunque piense en sus adentros,la pucha con la bebida!
Callecitas trasnochadas, la barra ¿dónde se ha ido?
quiero tenerla conmigo, como las noches mejores.
Vamos a golpear la puerta, de un bolichito dormido,
que se encienda la bohemia,de los viejos mostradores.
Caserones de ladrillo, que en silencio me miraron,
yo no sé si avergonzados, yo no sé si conmovidos.
Hoy en su pila de escombros,para siempre sepultaron,
un tiempo serenatero, recostado en el olvido.
Callecitas trasnochadas, regreso hacia la barriada,
mediados de los sesenta,de madrugada cualquiera.
Cenizas tengo en las manos, cenizas,ya casi nada,
porque hoy paso y el cuzquito...ya ni torea siquiera.
Marino Fabianesi
con caricias de rocío, y farolito lejano.
Domingo, bolsillos flacos, vaquita de calavera,
para el último vinito, en boliche suburbano.
Puentecito en la vereda, desafío en bicicleta
puertas de alambre tejido, gallitos despertadores.
La vieja con medio ojo, cerrado por la pebeta,
Zaguán que guardó promesas, y besos de picaflores.
Callecitas trasnochadas, que en la última farola
la noche se hacía más grande, y se apelaba al silbido.
En los cruces de las calles, se alargó la sombra sola,
de un bohemio que trazó, sigzagueante recorrido.
Zorzalito amanecido, que ya desplegó su orquesta,
cuzquito amenazador, de insobornable ladrido.
¡No despertés los vecinos, vení y haceme una fiesta!
que soy el mismo de ayer, descamisado y perdido.
Callecitas trasnochadas, paraísos y herrerías,
tapiales con dos linternas, de algún gato compañero.
Con su piadosa mirada, maullando mi correría,
bataraza ponedora, que alborotó el gallinero.
Viejita madrugadora, que miró con desconfianza
que se le v`acer señora, ya lo ve, así es la vida;
lo suyo es andar temprano, lo mio es solo tardanza,
aunque piense en sus adentros,la pucha con la bebida!
Callecitas trasnochadas, la barra ¿dónde se ha ido?
quiero tenerla conmigo, como las noches mejores.
Vamos a golpear la puerta, de un bolichito dormido,
que se encienda la bohemia,de los viejos mostradores.
Caserones de ladrillo, que en silencio me miraron,
yo no sé si avergonzados, yo no sé si conmovidos.
Hoy en su pila de escombros,para siempre sepultaron,
un tiempo serenatero, recostado en el olvido.
Callecitas trasnochadas, regreso hacia la barriada,
mediados de los sesenta,de madrugada cualquiera.
Cenizas tengo en las manos, cenizas,ya casi nada,
porque hoy paso y el cuzquito...ya ni torea siquiera.
Marino Fabianesi