DIEGO
Poeta adicto al portal
Mis ojos quemados por el sol incandescente, me obligan al refriego masoquista. Mis puños son inútiles bálsamos que lejos de aliviarme, me atormentan.
Me sigues reclamando por tus necesidades de ser considerada dentro de mi vida. He perdido la cuenta de las veces que hemos hablado de ello.
Dices que la edad no importa, que no es diferencia sustancial. No me escuchas, no respetas mis argumentos.
Camino, ahora usando la palma de mi mano izquierda a modo de visera. La arena, brasa impiadosa, se ocupa de mis pies. Corta carrera hasta la orilla. Refresco.
Tú, ser sobrenatural, ni te enteras de los maltratos climáticos sobre mi humanidad. Para ti es un día soleado más. Para mí, rata de biblioteca, un suplicio calcinante y abrasador. El infierno en la tierra.
Sigues zumbando a mi alrededor. ¡No me creo eso de las diferencias; veinte años no es nada...!-
Automáticamente, mis oídos se cierran a tus pretenciosas ideas, pues esa última frase, me remite a la imagen del Morocho del Abasto ...
Vuelvo en mí con la secreta ilusión de que hayas cambiado de tema. Siempre me aburrió sobremanera la repetición de las cosas; para eso ya tengo mi vida.
Los ademanes que dan color a todo tu cuerpo cuasi adolescente, le inyectan tanta vida a tu vida... pero ni aún así logran potenciar tu petición.
Te observo detenidamente, toda tú. Aunque no lo sabes, no te escucho; sólo te admiro.
Nunca entenderás que deberás existir acorde a tu edad. Fue en un principio muy amable y halagador tu entusiasmo por mis letras. Pero no logro hacer que entiendas que este proyecto de escritor desahuciado de desamor, escribe como complemento de un todo que es más que eso. Las letras son letras; y adornadas o no, son sentimientos, experiencias pasadas, presentes y tal vez futuras; pero no necesariamente me transforman en un lírico incurable, que es lo que tu quisieras.
Eres extremadamente joven, bonita, y cabeza dura.
Mis pensamientos siguen rebotando en mi cerebro aturdido de historias que aún no empezaron a gestarse. Historias prematuras. Como tus ganas de ser mi mitad.
Bla, bla, bla... tus rojos labios siguen expeliendo palabras que aunque no escucho, imagino.
Ya no digas más, pienso; pero mi poder mental no se ha desarrollado lo suficiente para lograr que lo hagas.
De repente, salgo de mi limbo, y secamente te espeto: -transita la edad de la inocencia sin apuros, para vivir la vida real, ya tendrás tiempo.-
Cambio la dirección de mi camino, y allí te quedas, confundida. Sé que por hoy he ganado. Y sé que mañana será otro día.
Me sigues reclamando por tus necesidades de ser considerada dentro de mi vida. He perdido la cuenta de las veces que hemos hablado de ello.
Dices que la edad no importa, que no es diferencia sustancial. No me escuchas, no respetas mis argumentos.
Camino, ahora usando la palma de mi mano izquierda a modo de visera. La arena, brasa impiadosa, se ocupa de mis pies. Corta carrera hasta la orilla. Refresco.
Tú, ser sobrenatural, ni te enteras de los maltratos climáticos sobre mi humanidad. Para ti es un día soleado más. Para mí, rata de biblioteca, un suplicio calcinante y abrasador. El infierno en la tierra.
Sigues zumbando a mi alrededor. ¡No me creo eso de las diferencias; veinte años no es nada...!-
Automáticamente, mis oídos se cierran a tus pretenciosas ideas, pues esa última frase, me remite a la imagen del Morocho del Abasto ...
Vuelvo en mí con la secreta ilusión de que hayas cambiado de tema. Siempre me aburrió sobremanera la repetición de las cosas; para eso ya tengo mi vida.
Los ademanes que dan color a todo tu cuerpo cuasi adolescente, le inyectan tanta vida a tu vida... pero ni aún así logran potenciar tu petición.
Te observo detenidamente, toda tú. Aunque no lo sabes, no te escucho; sólo te admiro.
Nunca entenderás que deberás existir acorde a tu edad. Fue en un principio muy amable y halagador tu entusiasmo por mis letras. Pero no logro hacer que entiendas que este proyecto de escritor desahuciado de desamor, escribe como complemento de un todo que es más que eso. Las letras son letras; y adornadas o no, son sentimientos, experiencias pasadas, presentes y tal vez futuras; pero no necesariamente me transforman en un lírico incurable, que es lo que tu quisieras.
Eres extremadamente joven, bonita, y cabeza dura.
Mis pensamientos siguen rebotando en mi cerebro aturdido de historias que aún no empezaron a gestarse. Historias prematuras. Como tus ganas de ser mi mitad.
Bla, bla, bla... tus rojos labios siguen expeliendo palabras que aunque no escucho, imagino.
Ya no digas más, pienso; pero mi poder mental no se ha desarrollado lo suficiente para lograr que lo hagas.
De repente, salgo de mi limbo, y secamente te espeto: -transita la edad de la inocencia sin apuros, para vivir la vida real, ya tendrás tiempo.-
Cambio la dirección de mi camino, y allí te quedas, confundida. Sé que por hoy he ganado. Y sé que mañana será otro día.