edelabarra
Mod. Enseñante. Mod. foro: Una imagen, un poema
Visita a la casa de Cervantes.
Hoy lunes 11 de julio de 2005, me fuí temprano en tren a la ciudad de Alcalá de Henares, ex Complutus, a visitar la casa del "todo", del "genio alcalaíno" Don Miguel de Cervantes, con tan mala suerte que la hallé cerrada por ser lunes, pero en la puerta me los encontré sentados en un banco de piedra a Don Quijote y a Sancho Panza, conversando animadamente, y como había un espacio entre ellos, me senté allí, le pasé un brazo sobre los hombros al hidalgo manchego y me saqué una foto, que ya les remitiré por esta vía.
Recorrí todo con sumo interés, después me fuí a almorzar unas tapas consistentes en cayos a la madrileña, cazuelita de mariscos y natillas, luego recorrí casi toda la Universidad y depués por el calor decidí volver al tren, que me trajo de vuelta.
Sentía esta excursión como una deuda que debe pagar todo aquel que use el castellano para hablar o escribir y no podía dejar pasar la oportunidad.
Recién ayer tuve las copias que me envió Sancho y aprovecho para mandarles una. No es muy buena porque "me cortaron las piernas" como decía nuestro 10, pero no quería que pasaran sin este recuerdo de un momento trascendental de mi viaje. El espacio libre entre Sancho y yo, me hubiera gustado que lo ocuparas vos, Carlos. (Carlos es mi hermano mayor).
Dado el parcial fracaso de este viaje veraniego, aproveché mi segunda venida a España, en el invierno 2005-2006 y el martes 3 de enero, volví a tomar el tren de cercanías como lo llaman aquí, solo, cambiando de tren en Atocha, unos meses después del atentado criminal, tomé el otro a Alcalá de Henares, con renovadas ilusiones, que esta vez no se vieron defraudadas.
Efectivamente, ya en Alcalá (con mi máquina de fotos nueva), me dirigí primero a un restaurante italiano, porque ya era pasada la una, dejando para después la visita al museo.
Me ofrecieron chuleta de ternera, a lo que contesté que yo venía de la Argentina y si no se ofendía prefería que me sorprendiera con algo distinto y de buena calidad.
Me trajeron muslo de pintada (que es una especie de perdiz grande), al horno, con una salsa de foie con canapés de manzanas acarameladas sobre rebanadas de berenjenas. con una salsita de frutos del bosque, pan de trigo con aceitunas, una copa de vino blanco y en platito aparte astillas de queso parmiggiano humedecido con aceto balsámico. De postre tres flancitos de ricotta a los tres gustos, llamado \"La Panna Cotta Casera a las Tres Maneras\" y café.
Salí de allí con el ánimo un poco mejor predispuesto para disfrutar de la casa del ingenioso Don Miguel y debo reconocer que al entrar en las habitaciones donde él pasó su primera infancia, comprendí parte de sus sueños y fantasías, porque siendo su padre un pobre boticario, el ambiente restaurado de la peluquería, con muebles de época, me hizo ver al pequeño Cervantes corriendo entre los toscos utensillos de cirujano y probándose la famosa bacía de peluquero a manera de yelmo, mientras jugaba a ser un caballero y esa visión me resultó sumamente emocionante.
No es raro que una novela salida de su genio y de sus frustraciones, haya recurrido al grotesco, colocando en la cabeza de su loco protagonista, el cotidiano objeto que lo convertía de pequeño, en el paladín de sus sueños.
Los cuartos privados, donde está todo colocado como si la familia estuviera viviendo en la casa, contribuyeron a lograr el momento tan especial. Se oían las conversaciones de las comadres y el corretear de los niños, las camas a medio hacer y algunas ropas en las sillas.
Ésta sola visita, valió mi viaje a España y a mitigar la pena producida por la frustrada visita a la Real Academia, a la que no me dejaron entrar.
Para saber más sobre la casa de Cervantes:
http://www.museocasanataldecervantes.org/el-edificio/
Eduardo León de la Barra.
Hoy lunes 11 de julio de 2005, me fuí temprano en tren a la ciudad de Alcalá de Henares, ex Complutus, a visitar la casa del "todo", del "genio alcalaíno" Don Miguel de Cervantes, con tan mala suerte que la hallé cerrada por ser lunes, pero en la puerta me los encontré sentados en un banco de piedra a Don Quijote y a Sancho Panza, conversando animadamente, y como había un espacio entre ellos, me senté allí, le pasé un brazo sobre los hombros al hidalgo manchego y me saqué una foto, que ya les remitiré por esta vía.
Recorrí todo con sumo interés, después me fuí a almorzar unas tapas consistentes en cayos a la madrileña, cazuelita de mariscos y natillas, luego recorrí casi toda la Universidad y depués por el calor decidí volver al tren, que me trajo de vuelta.
Sentía esta excursión como una deuda que debe pagar todo aquel que use el castellano para hablar o escribir y no podía dejar pasar la oportunidad.
Recién ayer tuve las copias que me envió Sancho y aprovecho para mandarles una. No es muy buena porque "me cortaron las piernas" como decía nuestro 10, pero no quería que pasaran sin este recuerdo de un momento trascendental de mi viaje. El espacio libre entre Sancho y yo, me hubiera gustado que lo ocuparas vos, Carlos. (Carlos es mi hermano mayor).
--------------------
<>
.--------------------
Dado el parcial fracaso de este viaje veraniego, aproveché mi segunda venida a España, en el invierno 2005-2006 y el martes 3 de enero, volví a tomar el tren de cercanías como lo llaman aquí, solo, cambiando de tren en Atocha, unos meses después del atentado criminal, tomé el otro a Alcalá de Henares, con renovadas ilusiones, que esta vez no se vieron defraudadas.
Efectivamente, ya en Alcalá (con mi máquina de fotos nueva), me dirigí primero a un restaurante italiano, porque ya era pasada la una, dejando para después la visita al museo.
Me ofrecieron chuleta de ternera, a lo que contesté que yo venía de la Argentina y si no se ofendía prefería que me sorprendiera con algo distinto y de buena calidad.
Me trajeron muslo de pintada (que es una especie de perdiz grande), al horno, con una salsa de foie con canapés de manzanas acarameladas sobre rebanadas de berenjenas. con una salsita de frutos del bosque, pan de trigo con aceitunas, una copa de vino blanco y en platito aparte astillas de queso parmiggiano humedecido con aceto balsámico. De postre tres flancitos de ricotta a los tres gustos, llamado \"La Panna Cotta Casera a las Tres Maneras\" y café.
Salí de allí con el ánimo un poco mejor predispuesto para disfrutar de la casa del ingenioso Don Miguel y debo reconocer que al entrar en las habitaciones donde él pasó su primera infancia, comprendí parte de sus sueños y fantasías, porque siendo su padre un pobre boticario, el ambiente restaurado de la peluquería, con muebles de época, me hizo ver al pequeño Cervantes corriendo entre los toscos utensillos de cirujano y probándose la famosa bacía de peluquero a manera de yelmo, mientras jugaba a ser un caballero y esa visión me resultó sumamente emocionante.
No es raro que una novela salida de su genio y de sus frustraciones, haya recurrido al grotesco, colocando en la cabeza de su loco protagonista, el cotidiano objeto que lo convertía de pequeño, en el paladín de sus sueños.
Los cuartos privados, donde está todo colocado como si la familia estuviera viviendo en la casa, contribuyeron a lograr el momento tan especial. Se oían las conversaciones de las comadres y el corretear de los niños, las camas a medio hacer y algunas ropas en las sillas.
Ésta sola visita, valió mi viaje a España y a mitigar la pena producida por la frustrada visita a la Real Academia, a la que no me dejaron entrar.
Para saber más sobre la casa de Cervantes:
http://www.museocasanataldecervantes.org/el-edificio/
Eduardo León de la Barra.
Última edición: