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Un bar que se apaga

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa


UN BAR QUE SE APAGA


Bar candente y bullicioso

tu latido paró en seco
ayer, sin esquela ni aviso.
Al poco de tu partida
te has sumido en el silencio
de la mortal decadencia
y del amargo abandono:
ventanales coronados
por negruzcas telarañas
y una verja con tobillos rotos
haciendo equilibrios en la entrada.
Una nube de caspa roñosa
laca tus esquinas
notarias
de mil hazañas
y de mil mentiras.
Cuantas lágrimas con sabor a vino
inoculadas en la madera
de tu barra protectora.
Vislumbro entre las sombras
cartas huérfanas apiladas
sin destino ni lector,
albaranes y facturas
y algún poema
de amor.


Curioso ciclo el de los bares
se parece mucho al de los mortales.


Kalkbadan
Madrid, abril 2010




 
Última edición:
siento esto como un claro desahogo de sosiegos a la que estamos expuestos, abrazos
Bar candente y bullicioso
tu latido paró en seco
ayer, sin esquela ni aviso.
Al poco de tu partida
te has sumido en el silencio
de la mortal decadencia
y del amargo abandono:
ventanales coronados
por negruzcas telarañas
y una verja con tobillos rotos
haciendo equilibrios en la entrada.
Una nube de caspa roñosa
laca tus esquinas
notarias de mil hazañas
y de mil mentiras.
Cuantas lágrimas con sabor a vino
inoculadas en la madera
de tu barra protectora.
Vislumbro entre las sombras
cartas huérfanas apiladas
sin destino ni lector,
albaranes y facturas,
y algún poema
de amor.

Curioso ciclo el de los bares
se parece mucho al de los mortales.

Kalkbadan, abril 2010
 
Curioso ciclo, es verdad,
los bares son como la consulta de un psicólogo la mayoría de las veces,
pero no las cafeterías modernas, esas donde vas a tomar algo
y no conoces de nada a quien te sirve el café
si no los bares de siempre, esos bares que tienen vida,
que iban porque querían ver y hablar con su dueño,
con ese que estaba siempre detrás de la barra,
da igual lo que pasara fuera, lluvia, viento, frio, calor,
él o ella siempre están allí,
claro que tienen vida esas barras, poemas, cartas, verdades, mentiras,
son tan testigos como la luna
y da mucha penita cuando ves esos bares vacío
esos donde la gente acudía para que la escucharan,
a cambio de un café o un vino.
Y otras muchas veces esos bares fueron bancos,
y otras, fueron la cruz roja, y quitaron mucha hambre a mucha gente de barrio,
Yo lo sé, hace poco falleció un señor ejemplar, se merece un monumento en mi ciudad, en Orense,
tenía más de noventa años, era una de las personas más buenas del mundo,
yo le veía todos los días cuando iba a comprar con mi abuela y también cuando salía del cole,
y nunca se me olvidará su sonrisa, esa que me enseñaba todos los días cuando pasaba a su lado.
y muchos niños, que lo eran hace cincuenta y sensenta años, comieron gracias a él.

Ese señor se llamaba Horacio y alguna vez también le quitó el hambre a mi madre y a sus hermanos,
que eran huérfanos de padre. Y mira tú por dónde en un poema dedicado a esos bares
me has hecho llorar. Cuando se me quitará esta manía mía de hablar tanto.

Un beso Andreas, siempre me haces hablar mucho,
aunque tampoco es una cosa que me cueste demasiado,
Es que transmites mucho.
 
Última edición:
Estrellas y reconocimiento a tu mágica pluma que transmite tan claramente los sentimientos, en este caso la conclusión de un ciclo, o la muerte de un bar, dónde muchos hemos dejado nuestra historia sobre la mesa mientras tomabamos un vino o un café!!
Te dejo mis saludos y mis sinceras y humilde felicitaciones!!!
 
Curioso ciclo, es verdad,
los bares son como la consulta de un psicólogo la mayoría de las veces,
pero no las cafeterías modernas, esas donde vas a tomar algo
y no conoces de nada a quien te sirve el café
si no los bares de siempre, esos bares que tienen vida,
que iban porque querían ver y hablar con su dueño,
con ese que estaba siempre detrás de la barra,
da igual lo que pasara fuera, lluvia, viento, frio, calor,
él o ella siempre están allí,
claro que tienen vida esas barras, poemas, cartas, verdades, mentiras,
son tan testigos como la luna
y da mucha penita cuando ves esos bares vacío
esos donde la gente acudía para que la escucharan,
a cambio de un café o un vino.
Y otras muchas veces esos bares fueron bancos,
y otras, fueron la cruz roja, y quitaron mucha hambre a mucha gente de barrio,
Yo lo sé, hace poco falleció un señor ejemplar, se merece un monumento en mi ciudad, en Orense,
tenía más de noventa años, era una de las personas más buenas del mundo,
yo le veía todos los días cuando iba a comprar con mi abuela y también cuando salía del cole,
y nunca se me olvidará su sonrisa, esa que me enseñaba todos los días cuando pasaba a su lado.
y muchos niños, que lo eran hace cincuenta y sensenta años, comieron gracias a él.

Ese señor se llamaba Horacio y alguna vez también le quitó el hambre a mi madre y a sus hermanos,
que eran huérfanos de padre. Y mira tú por dónde en un poema dedicado a esos bares
me has hecho llorar. Cuando se me quitará esta manía mía de hablar tanto.

Un beso Andreas, siempre me haces hablar mucho,
aunque tampoco es una cosa que me cueste demasiado,
Es que transmites mucho.

Precioso comentario, Elenita, que tengo la suerte de leer.
Un pedazo de Horacio quedará por siempre en la amalgama del tiempo, gracias a gente como tú.
Un abrazo, compañera.
 
Estrellas y reconocimiento a tu mágica pluma que transmite tan claramente los sentimientos, en este caso la conclusión de un ciclo, o la muerte de un bar, dónde muchos hemos dejado nuestra historia sobre la mesa mientras tomabamos un vino o un café!!
Te dejo mis saludos y mis sinceras y humilde felicitaciones!!!
Ni que lo digas Mar; notarios de tanta vida que pasa.
Gracias por dejar tu huella.
Un saludo y sigue bien.
 

UN BAR QUE SE APAGA


Bar candente y bullicioso

tu latido paró en seco
ayer, sin esquela ni aviso.
Al poco de tu partida
te has sumido en el silencio
de la mortal decadencia
y del amargo abandono:
ventanales coronados
por negruzcas telarañas
y una verja con tobillos rotos
haciendo equilibrios en la entrada.
Una nube de caspa roñosa
laca tus esquinas
notarias
de mil hazañas
y de mil mentiras.
Cuantas lágrimas con sabor a vino
inoculadas en la madera
de tu barra protectora.
Vislumbro entre las sombras
cartas huérfanas apiladas
sin destino ni lector,
albaranes y facturas
y algún poema
de amor.


Curioso ciclo el de los bares
se parece mucho al de los mortales.


Kalkbadan
Madrid, abril 2010




Hay bares emblemáticos en nuestra vida que, cuando desaparecen, nos dejan un vacío tremendo, es como perder a un buen amigo. A mi siempre me ha dado mucha pena.
El comentario de Elena Morado es espectacular y lo define a la perfección.
Muy buen homenaje, Andreas, se apagan tal cual dices en tu poema y tu reflexión final me parece muy acertada.
Bueno, pues un brindis por ellos y por el pedazo poeta que firma la esquela. ;)
Como siempre, un admirado abrazo.
Javi
 

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