Curioso ciclo, es verdad,
los bares son como la consulta de un psicólogo la mayoría de las veces,
pero no las cafeterías modernas, esas donde vas a tomar algo
y no conoces de nada a quien te sirve el café
si no los bares de siempre, esos bares que tienen vida,
que iban porque querían ver y hablar con su dueño,
con ese que estaba siempre detrás de la barra,
da igual lo que pasara fuera, lluvia, viento, frio, calor,
él o ella siempre están allí,
claro que tienen vida esas barras, poemas, cartas, verdades, mentiras,
son tan testigos como la luna
y da mucha penita cuando ves esos bares vacío
esos donde la gente acudía para que la escucharan,
a cambio de un café o un vino.
Y otras muchas veces esos bares fueron bancos,
y otras, fueron la cruz roja, y quitaron mucha hambre a mucha gente de barrio,
Yo lo sé, hace poco falleció un señor ejemplar, se merece un monumento en mi ciudad, en Orense,
tenía más de noventa años, era una de las personas más buenas del mundo,
yo le veía todos los días cuando iba a comprar con mi abuela y también cuando salía del cole,
y nunca se me olvidará su sonrisa, esa que me enseñaba todos los días cuando pasaba a su lado.
y muchos niños, que lo eran hace cincuenta y sensenta años, comieron gracias a él.
Ese señor se llamaba Horacio y alguna vez también le quitó el hambre a mi madre y a sus hermanos,
que eran huérfanos de padre. Y mira tú por dónde en un poema dedicado a esos bares
me has hecho llorar. Cuando se me quitará esta manía mía de hablar tanto.
Un beso Andreas, siempre me haces hablar mucho,
aunque tampoco es una cosa que me cueste demasiado,
Es que transmites mucho.