amormejia
Poeta veterano en el portal
Padre,
me cobijo bajo tu mirada apacible
entre las iris de tus ojos de paz
escondido entre tus huellas digitales
en el ceño que han dejado tus años a mi lado,
entre el consejo de hermano que me diste.
Padre,
tus caricias de niño aun me estremecen
dan tibieza a mí magullado corazón
son fortaleza inagotable de tu amor
la herencia que hoy disfrutan tus nietos.
Padre,
del río de tu bondad me alimentaré siempre
porque, cuando no tuve, tú siempre me diste
aunque escarbaras entre la nada encontrabas,
hacías de paredes de cartón mansiones,
del camino polvoriento, una avenida principal;
siempre y cuando me tuvieras en tus brazos.
Padre,
el tiempo me confiesa que me parezco más a ti
lo dicen todos: amigos, familia y desconocidos.
¿Será que era el único que no se daba cuenta?
Me miro al espejo y veo una cara conocida,
tan familiar que lleva de regreso al parque
donde me mecías en columpios hechos aviones
donde tu fuerza era la turbina de mi emoción
confiable y duradera.
Padre,
tu sangre la llevo con orgullo hasta mi muerte
y mientras llega, doy testimonio de ser hijo tuyo
de tu pensamiento, de tu mente y de tu alma.
Quizá a nadie le importe, pero para mi es mí cúspide
el ser llamado hijo tuyo...
Padre,
jamás podré dejar de agradecerte
porque más allá del último suspiro
Sé que seguirás dándome ese amor
ese que, aunque no te has ido, ya extraño
y, aunque te fueras hoy, sé que no me faltará.
Te dejo mi tibio verso, para que lo lleves al infinito
para que dejes tu firma en cada letra,
porque, si no fuera por ti, mi pluma no escribiría
ni tampoco dejaría esta alma mía refugiada en tu presencia.
¡Padre, mi padre del alma!
Última edición: