JBR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tal vez.
Eso fue, tal vez el amor incondicional que profese por ti y todos los bellos sentimientos que un día hice nacer dentro de mi corazón, y que ahora tan sólo se han convertido en lamentos que poco a poco va mancillando la palabra tan bella que es llamada amor.
Me quedo aquí y me quedo, sin saber qué hacer, porque sabes hasta mis días de rutina han desparecido, se han perdido y eso me hace sentirme en medio de un mar en tempestad, lleno de olas gigantes que poco a poco ahogan mi alma. Pero sé que en todo lo que estoy sintiendo ahora, los recuerdos tan bellos de ti y que me dé dejaste antes de irte, mitigan el dolor y la tristeza de la amarga experiencia de haberte amado.
Hoy me voy en medio de una terrible agonía, y digo agonía porque aunque te amaba, tu no me amabas, y aunque te quería con todas las fuerzas que un ser enamorado puede dar, tu traicionaste ese bendito amor que un día nació sin que nos diéramos cuenta, o mejor dicho sin que yo me diera cuenta porque tú nunca aceptaste que aquello floreciera, y se convirtiera en la más bella ilusión para mí.
Eso fue, tal vez el amor incondicional que profese por ti y todos los bellos sentimientos que un día hice nacer dentro de mi corazón, y que ahora tan sólo se han convertido en lamentos que poco a poco va mancillando la palabra tan bella que es llamada amor.
Me quedo aquí y me quedo, sin saber qué hacer, porque sabes hasta mis días de rutina han desparecido, se han perdido y eso me hace sentirme en medio de un mar en tempestad, lleno de olas gigantes que poco a poco ahogan mi alma. Pero sé que en todo lo que estoy sintiendo ahora, los recuerdos tan bellos de ti y que me dé dejaste antes de irte, mitigan el dolor y la tristeza de la amarga experiencia de haberte amado.
Hoy me voy en medio de una terrible agonía, y digo agonía porque aunque te amaba, tu no me amabas, y aunque te quería con todas las fuerzas que un ser enamorado puede dar, tu traicionaste ese bendito amor que un día nació sin que nos diéramos cuenta, o mejor dicho sin que yo me diera cuenta porque tú nunca aceptaste que aquello floreciera, y se convirtiera en la más bella ilusión para mí.