Orfelunio
Poeta veterano en el portal
♣
ZUMBIDO
Os espero donde sobran las palabras,
porque el silencio aún es voz;
lo que fuera la calle ancha,
con la distancia se estrecha,
y siempre es el ancla
la esencia que queda...,
residuo y calor.
Se inclina la tienda
que cede al árbol;
su manos son ramas
de hojas resecas
que llueven del cielo,
hacia un suelo cama
de la casa en que muero,
pero no sucumbió.
La oveja que veja a la abeja,
ni es abeja ni oveja,
es una vieja
de oreja pendeja.
Las ovejas están siempre hablando,
parece que hablen,
y si paran, rumian rumiando
las cinco vocales.
Y una abeja en el camino,
a la oveja la insultó,
con el canino de los cristos,
que en el risco estaba yo.
Ya la oveja no se inmuta,
estate quieto abejorrón;
yo balaba como oveja,
tu zumbabas el rejón.
Y al pararse, la saliva
me salía por las cejas;
la manada putativa,
disgregada se calló.
ZUMBIDO
Os espero donde sobran las palabras,
porque el silencio aún es voz;
lo que fuera la calle ancha,
con la distancia se estrecha,
y siempre es el ancla
la esencia que queda...,
residuo y calor.
Se inclina la tienda
que cede al árbol;
su manos son ramas
de hojas resecas
que llueven del cielo,
hacia un suelo cama
de la casa en que muero,
pero no sucumbió.
La oveja que veja a la abeja,
ni es abeja ni oveja,
es una vieja
de oreja pendeja.
Las ovejas están siempre hablando,
parece que hablen,
y si paran, rumian rumiando
las cinco vocales.
Y una abeja en el camino,
a la oveja la insultó,
con el canino de los cristos,
que en el risco estaba yo.
Ya la oveja no se inmuta,
estate quieto abejorrón;
yo balaba como oveja,
tu zumbabas el rejón.
Y al pararse, la saliva
me salía por las cejas;
la manada putativa,
disgregada se calló.
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