Solaribus
Poeta veterano en el portal
Mi mente viaja y teje otras formas de encontrarte.
Inventa diferentes texturas para amarte
en la noche de los tiempos.
En el confín de un ADN caprichoso y enmarañado,
con distintas canciones de crepúsculo.
Te imagina, en sueños, disímil,
en otra piel, otros ojos, otra voz
otra femineidad de verde reposo,
y son otros también mis brazos y mi postura masculina,
son otras mis tradiciones, mis temores, mis valentías
que te aman prístina, nueva y primeriza.
Sólo tu alma es idéntica.
Sólo mi alma que te descubre,
que te desea,
que te aspira como un caballo de viento
aspira en la mañana la brisa perfumada de sal
para obtener así su alimento que lo hace vigoroso,
brioso de tormenta dulce y mansa,
furiosa rebeldía que ama en la
fuerza casta e inocente de los tornados.
Yo te llevo a volar sobre mi espalda salvaje
y te tomas de mi cabellera de estrellas fugaces
y te doy mis manos de mar y de montaña,
mi piel de cielo y abismo.
Y soy y eres y somos los mismos en la trama de los rojos.
Donde quiera que transcurro,
en la corteza más recóndita y difícil,
azorado y añil, allí yo te amo.
Dorado de cobres, plateado de espadas,
azul diamantino,
como un eterno destino
yo persigo la luz de tu espíritu.
Y los colibríes de mi sangre
emigran de eras buscando tu néctar
y las cuerdas de mi alma estallan
en lágrimas al percibir, en lo profundo,
esta perpetua permanencia de amor fiel
a través de los milenios.
Y un bosque luminoso y lejano,
perdido en los arrabales de la conciencia
me abre las palabras y la congoja de amarte
de todas las maneras posibles e imposibles.
Inventa diferentes texturas para amarte
en la noche de los tiempos.
En el confín de un ADN caprichoso y enmarañado,
con distintas canciones de crepúsculo.
Te imagina, en sueños, disímil,
en otra piel, otros ojos, otra voz
otra femineidad de verde reposo,
y son otros también mis brazos y mi postura masculina,
son otras mis tradiciones, mis temores, mis valentías
que te aman prístina, nueva y primeriza.
Sólo tu alma es idéntica.
Sólo mi alma que te descubre,
que te desea,
que te aspira como un caballo de viento
aspira en la mañana la brisa perfumada de sal
para obtener así su alimento que lo hace vigoroso,
brioso de tormenta dulce y mansa,
furiosa rebeldía que ama en la
fuerza casta e inocente de los tornados.
Yo te llevo a volar sobre mi espalda salvaje
y te tomas de mi cabellera de estrellas fugaces
y te doy mis manos de mar y de montaña,
mi piel de cielo y abismo.
Y soy y eres y somos los mismos en la trama de los rojos.
Donde quiera que transcurro,
en la corteza más recóndita y difícil,
azorado y añil, allí yo te amo.
Dorado de cobres, plateado de espadas,
azul diamantino,
como un eterno destino
yo persigo la luz de tu espíritu.
Y los colibríes de mi sangre
emigran de eras buscando tu néctar
y las cuerdas de mi alma estallan
en lágrimas al percibir, en lo profundo,
esta perpetua permanencia de amor fiel
a través de los milenios.
Y un bosque luminoso y lejano,
perdido en los arrabales de la conciencia
me abre las palabras y la congoja de amarte
de todas las maneras posibles e imposibles.