Sommbras
Poeta adicto al portal
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Aquí por la playa, desde un exquisito desangrar de la luz, la dominguera tarde nos fuma lento; despacito, comienzan a distinguirse astrolabios de tierno esqueleto, consejeras luciérnagas y otras sombras nerviosas.
De jueves a martes tu sonrisa es la misma pero tu mirada es otra. Por eso en esta hora inocente, yo y el que fui, sentados en el umbral de nuestra mirada, estamos esperando el soneto sumiso de tus palabras...
Mira esos cuatro barquitos, corderos pastando en el mar el amargo sargazo...
Yo te lo comento, tú me escuchas y sonríes, palafrén del amor más alto, tu sonrisa es un preámbulo de pájaros.
Pronúnciame amor, dime caracola, cualquier cosa, detállame en esta hora inocente que las gaviotas son tiranosaurios de luz, indícame lo que quieras en esta tarde de vértices quemados, despierta el vino blasonado que se quedó dormido, estamos en el mismo cielo, en los mismos ramos de sombras, en la misma nube que impidió a nuestros sueños el alto incienso blanco, doctora de la luz tú, tienes en tu sonrisa la maroma umbilical para niños marítimos como yo, sigue, sigue conversándome, háblame de un caballo que yo veré un ángel, que sin tu sonrisa soy casa hueca y quiero encerrar la redondez de esta playa, enhébrame porque mis paredes no sostienen las estrellas lácteas, porque cuando me hablas la eternidad está de tiza en tu sonrisa, y yo la abrillanto, la coloreo y declino, para decir que te escucho y beberla siempre más joven.
Sonríeme hasta que no esté conmigo, lánzame tus tambores afásicos de gasa, abracadabra, vibra las alas de mi pulso, adonízame hasta que mi sombra se separe de mí y se arroje entre las ruedas de tu boca, como hago al observarte.
Y tú no la otra, o la otra ni la misma en la otra, o en la otra la otra, sino la otra en mí. Y yo, mil un yo, y un yos con mi yo en mí, yo mínimamente yo, sin mí, ni yo al beso, sin bis y sin piel, el puro mí sin mí, una espuma cocinada como carne, un pavo al cava, todo aire.
Aquí por la playa, desde un exquisito desangrar de la luz, la dominguera tarde nos fuma lento; despacito, comienzan a distinguirse astrolabios de tierno esqueleto, consejeras luciérnagas y otras sombras nerviosas.
De jueves a martes tu sonrisa es la misma pero tu mirada es otra. Por eso en esta hora inocente, yo y el que fui, sentados en el umbral de nuestra mirada, estamos esperando el soneto sumiso de tus palabras...
Mira esos cuatro barquitos, corderos pastando en el mar el amargo sargazo...
Yo te lo comento, tú me escuchas y sonríes, palafrén del amor más alto, tu sonrisa es un preámbulo de pájaros.
Pronúnciame amor, dime caracola, cualquier cosa, detállame en esta hora inocente que las gaviotas son tiranosaurios de luz, indícame lo que quieras en esta tarde de vértices quemados, despierta el vino blasonado que se quedó dormido, estamos en el mismo cielo, en los mismos ramos de sombras, en la misma nube que impidió a nuestros sueños el alto incienso blanco, doctora de la luz tú, tienes en tu sonrisa la maroma umbilical para niños marítimos como yo, sigue, sigue conversándome, háblame de un caballo que yo veré un ángel, que sin tu sonrisa soy casa hueca y quiero encerrar la redondez de esta playa, enhébrame porque mis paredes no sostienen las estrellas lácteas, porque cuando me hablas la eternidad está de tiza en tu sonrisa, y yo la abrillanto, la coloreo y declino, para decir que te escucho y beberla siempre más joven.
Sonríeme hasta que no esté conmigo, lánzame tus tambores afásicos de gasa, abracadabra, vibra las alas de mi pulso, adonízame hasta que mi sombra se separe de mí y se arroje entre las ruedas de tu boca, como hago al observarte.
Y tú no la otra, o la otra ni la misma en la otra, o en la otra la otra, sino la otra en mí. Y yo, mil un yo, y un yos con mi yo en mí, yo mínimamente yo, sin mí, ni yo al beso, sin bis y sin piel, el puro mí sin mí, una espuma cocinada como carne, un pavo al cava, todo aire.
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Chus
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