David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
A una puerta pobre un día
la Parca negra llamaba,
al minuto el pobre daba
la vida, y se despedía
del mundo y de lo que amaba.
A la puerta de un señor
a la semana siguiente,
golpeaba la doliente
Muerte, con seco dolor
y con puño indiferente.
Le daba el rico dinero
por librarse del destino,
mas la muerte, un asesino
que jamás admite fuero,
le advirtió su desatino:
"Tu dinero no me vale
pues ya no tiene poder,
nada ya puedes hacer,
nunca hay oferta que iguale
al fin que es mi proceder."
Aprendamos que la muerte
que nos llega en el final
es a todos mismo mal:
rico o pobre, exacta suerte,
pues su poder es igual.
la Parca negra llamaba,
al minuto el pobre daba
la vida, y se despedía
del mundo y de lo que amaba.
A la puerta de un señor
a la semana siguiente,
golpeaba la doliente
Muerte, con seco dolor
y con puño indiferente.
Le daba el rico dinero
por librarse del destino,
mas la muerte, un asesino
que jamás admite fuero,
le advirtió su desatino:
"Tu dinero no me vale
pues ya no tiene poder,
nada ya puedes hacer,
nunca hay oferta que iguale
al fin que es mi proceder."
Aprendamos que la muerte
que nos llega en el final
es a todos mismo mal:
rico o pobre, exacta suerte,
pues su poder es igual.
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