A menudo me pregunto: ¿por qué discutimos?, ¿por qué simplemente no charlamos?... exponemos todo lo que nos mortifica el alma y escuchamos alternativas para sanar aquella sensación sin llegar a un argumento ofensivo o una recriminación antagónica.
Cuando los argumentos no son suficientes nos sentimos agredidos y levantamos la voz... si pudiéramos simplemente dedicarnos un segundo para respirar y sonreír internamente, invitar mediante una mirada y una palmada amigable a caminar y cambiar de aires... podríamos llegar a acuerdos más provechosos para todos.
Hablo como la persona más intransigente del mundo, no como docto en temas de negociación... sino como aquel que ha sido doblegado por la sonrisa amena y sincera de un amigo.
Emulo a Javier, un gran amigo, y desde donde esté, sé que con una sonrisa condescendiente y un amago de palmada en la espalda me dirá: Sé feliz.
Todo argumento lleva implícito una negociación y todas ellas buscan un fin... un fin específico... que si no es planteado abiertamente es porque sabemos que tiene oculto un recoveco...
Algo que es autentico, una cuestión verdadera e imparcial, dirigida para el progreso de todos es expuesto sin tapujos, sin ambivalencias. Es decir sin medias tintas y en palabras simples. Para que el alma las reciba intactas.
Entonces... si decimos las cosas como son en beneficio de una sana negociación, llegaremos a una convivencia más amena y ya no será necesario discutir.
El bien que regalemos regresará a nosotros como una sonrisa o una mirada especifica.
No desperdiciemos la oportunidad de alegrar el día a alguien.
Cuando los argumentos no son suficientes nos sentimos agredidos y levantamos la voz... si pudiéramos simplemente dedicarnos un segundo para respirar y sonreír internamente, invitar mediante una mirada y una palmada amigable a caminar y cambiar de aires... podríamos llegar a acuerdos más provechosos para todos.
Hablo como la persona más intransigente del mundo, no como docto en temas de negociación... sino como aquel que ha sido doblegado por la sonrisa amena y sincera de un amigo.
Emulo a Javier, un gran amigo, y desde donde esté, sé que con una sonrisa condescendiente y un amago de palmada en la espalda me dirá: Sé feliz.
Todo argumento lleva implícito una negociación y todas ellas buscan un fin... un fin específico... que si no es planteado abiertamente es porque sabemos que tiene oculto un recoveco...
Algo que es autentico, una cuestión verdadera e imparcial, dirigida para el progreso de todos es expuesto sin tapujos, sin ambivalencias. Es decir sin medias tintas y en palabras simples. Para que el alma las reciba intactas.
Entonces... si decimos las cosas como son en beneficio de una sana negociación, llegaremos a una convivencia más amena y ya no será necesario discutir.
El bien que regalemos regresará a nosotros como una sonrisa o una mirada especifica.
No desperdiciemos la oportunidad de alegrar el día a alguien.
Última edición: