Francisco Redondo Benito
Moderador/enseñante del subforo de MÉTRICA y RIMA
Voy despidiendo días como trenes
entre brumas rojizas y serenas;
me voy quedando a solas con mis penas
y mi magro equipaje en los andenes.
El tiempo ha florecido por mis sienes,
ha surcado mi piel e hinchó mis venas;
los recuerdos de ayer son las cadenas
cuando debieran ser mis caros bienes.
¿A qué tanto llorar? Es miserable
cada poco gastar la vida en quejas
por el surco del tiempo, inexorable.
Las horas no son jóvenes ni viejas,
cada una comporta un gesto amable,
y un cantar no escuchado, si la dejas.
entre brumas rojizas y serenas;
me voy quedando a solas con mis penas
y mi magro equipaje en los andenes.
El tiempo ha florecido por mis sienes,
ha surcado mi piel e hinchó mis venas;
los recuerdos de ayer son las cadenas
cuando debieran ser mis caros bienes.
¿A qué tanto llorar? Es miserable
cada poco gastar la vida en quejas
por el surco del tiempo, inexorable.
Las horas no son jóvenes ni viejas,
cada una comporta un gesto amable,
y un cantar no escuchado, si la dejas.