cipres1957
Poeta veterano en el portal
Córdoba era una llama,
un clamor encendido
con antorchas y pancartas.
Un ulular de sirenas confundía la noche,
sus transeúntes amanecidos
sucumbían bajo lloviznas de hollín
que sangraban los rascacielos incendiados.
/Esa noche el viento barrió las huellas/
Desorientados faros escaneaban las calles,
los perros de fuego saboreaban un festín
mientras dos escobillas, sacudían el polvo de los ojos.
Y vos y yo, lamíamos las manos.
Los tornillos de un reloj desajustado
tañían las horas bajo una campana de silencios:
no pudimos decirnos adiós
y los ojos brillaron como vidrios en los rostros;
había tanta intemperie en los adoquines
que los pasos se enfriaron.
Luego explotó la luna
aplastando las cabezas de los amantes,
la ciudad ardió en Sodoma y Gomorra.
Cargó de azufre el aire,
los tímpanos de los edificios
abrieron los oídos de sus ventanas;
cayeron boca abajo
los últimos besos de lava.
Y nosotros, lamíamos las manos,
del último escalón al infierno.
un clamor encendido
con antorchas y pancartas.
Un ulular de sirenas confundía la noche,
sus transeúntes amanecidos
sucumbían bajo lloviznas de hollín
que sangraban los rascacielos incendiados.
/Esa noche el viento barrió las huellas/
Desorientados faros escaneaban las calles,
los perros de fuego saboreaban un festín
mientras dos escobillas, sacudían el polvo de los ojos.
Y vos y yo, lamíamos las manos.
Los tornillos de un reloj desajustado
tañían las horas bajo una campana de silencios:
no pudimos decirnos adiós
y los ojos brillaron como vidrios en los rostros;
había tanta intemperie en los adoquines
que los pasos se enfriaron.
Luego explotó la luna
aplastando las cabezas de los amantes,
la ciudad ardió en Sodoma y Gomorra.
Cargó de azufre el aire,
los tímpanos de los edificios
abrieron los oídos de sus ventanas;
cayeron boca abajo
los últimos besos de lava.
Y nosotros, lamíamos las manos,
del último escalón al infierno.
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