Redivivus
Poeta fiel al portal
Y LA MUERTE
De pie imposiblemente callado
mi cuerpo respondiendo a su ritmo
contra la pared la espalda
y el golpe áspero de su aroma.
La tarde lentamente me muerde.
Es la obscura llama de su pelo
en su albo cuello ondulando
y la ropa que renuncia a su oficio.
Espesas nubes ocultan la luz
que morosa traspasa la ventana
las ataduras se ajustan fuertemente
y sus manos ciñen mis cadenas.
Despacio el día se disuelve con la lluvia
un relámpago aguza el cortante
borde de su impúdica mirada
y el filo que hiende a mi pecho.
Ruidoso el aguacero golpea a la penumbra
hilillos de agua surcan los cristales
dibujando incomprensibles símbolos,
surcan líquidos sus labios carmesíes,
y el tajo de su beso en mi cuello.
Muerde ya la noche a mi cuerpo
el rasgar de su voz en mis oídos
que anuncia la frialdad de mi dolor
y sus dedos garfios y puñales.
Sofocante la oscuridad lastima
a mis piernas, torso y cabeza
el abrazo de su cuerpo me satura
y su mano oprimiendo a mi boca.
Tiembla el mundo a mis pies
la noche más obscura me rodea
el tiempo como mar fluyendo
y refluyendo un oleaje de mujer.
La obscura llama de su pelo
las manos que ciñen mis cadenas
el tajo de su beso en mi cuello
sus dedos garfios y puñales.
Y la muerte
que no se cansa de esperar.
Extraído del poemario Visiones alternas. 2003.
“¿Recuerdas?...¿Recuerdas? aquella emoción
llena de sangre? ¿Recuerdas aquel rostro en el
paroxismo de cuya visión tu cuerpo se hizo mío?”
Farabeuf
Salvador Elizondo
llena de sangre? ¿Recuerdas aquel rostro en el
paroxismo de cuya visión tu cuerpo se hizo mío?”
Farabeuf
Salvador Elizondo
De pie imposiblemente callado
mi cuerpo respondiendo a su ritmo
contra la pared la espalda
y el golpe áspero de su aroma.
La tarde lentamente me muerde.
Es la obscura llama de su pelo
en su albo cuello ondulando
y la ropa que renuncia a su oficio.
Espesas nubes ocultan la luz
que morosa traspasa la ventana
las ataduras se ajustan fuertemente
y sus manos ciñen mis cadenas.
Despacio el día se disuelve con la lluvia
un relámpago aguza el cortante
borde de su impúdica mirada
y el filo que hiende a mi pecho.
Ruidoso el aguacero golpea a la penumbra
hilillos de agua surcan los cristales
dibujando incomprensibles símbolos,
surcan líquidos sus labios carmesíes,
y el tajo de su beso en mi cuello.
Muerde ya la noche a mi cuerpo
el rasgar de su voz en mis oídos
que anuncia la frialdad de mi dolor
y sus dedos garfios y puñales.
Sofocante la oscuridad lastima
a mis piernas, torso y cabeza
el abrazo de su cuerpo me satura
y su mano oprimiendo a mi boca.
Tiembla el mundo a mis pies
la noche más obscura me rodea
el tiempo como mar fluyendo
y refluyendo un oleaje de mujer.
La obscura llama de su pelo
las manos que ciñen mis cadenas
el tajo de su beso en mi cuello
sus dedos garfios y puñales.
Y la muerte
que no se cansa de esperar.
Extraído del poemario Visiones alternas. 2003.
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