Y la muerte

Redivivus

Poeta fiel al portal
Y LA MUERTE

“¿Recuerdas?...¿Recuerdas? aquella emoción
llena de sangre? ¿Recuerdas aquel rostro en el
paroxismo de cuya visión tu cuerpo se hizo mío?”
Farabeuf
Salvador Elizondo




De pie imposiblemente callado
mi cuerpo respondiendo a su ritmo
contra la pared la espalda
y el golpe áspero de su aroma.
La tarde lentamente me muerde.
Es la obscura llama de su pelo
en su albo cuello ondulando
y la ropa que renuncia a su oficio.
Espesas nubes ocultan la luz
que morosa traspasa la ventana
las ataduras se ajustan fuertemente
y sus manos ciñen mis cadenas.
Despacio el día se disuelve con la lluvia
un relámpago aguza el cortante
borde de su impúdica mirada
y el filo que hiende a mi pecho.
Ruidoso el aguacero golpea a la penumbra
hilillos de agua surcan los cristales
dibujando incomprensibles símbolos,
surcan líquidos sus labios carmesíes,
y el tajo de su beso en mi cuello.
Muerde ya la noche a mi cuerpo
el rasgar de su voz en mis oídos
que anuncia la frialdad de mi dolor
y sus dedos garfios y puñales.
Sofocante la oscuridad lastima
a mis piernas, torso y cabeza
el abrazo de su cuerpo me satura
y su mano oprimiendo a mi boca.

Tiembla el mundo a mis pies
la noche más obscura me rodea
el tiempo como mar fluyendo
y refluyendo un oleaje de mujer.

La obscura llama de su pelo
las manos que ciñen mis cadenas
el tajo de su beso en mi cuello
sus dedos garfios y puñales.

Y la muerte
que no se cansa de esperar.




Extraído del poemario Visiones alternas. 2003.
 
Última edición:
Estimado Botón rojo
Precisamente esa fue la razón del poema.
Reciba un agradecido abrazo por su acertado comentario.
 
Banderita verde

Gracias por seguir leyendo, o releyendo como es el caso, mis poemas, o en verdad eres mi amiga o eres una masoquista.
Sabes que se te estima un chi....
 
No, no me gusto la emoción que provoca, esa sensación de provocación, control y descontrol; no me gustan los cortes, ni los tajos ni las mordidas, no...
Al margen de que el manejo de significados e imágenes están bien logrados, no me gusta la sensación que produce. Da miedo sentir la vulnerabilidad ante la inminencia de la muerte.
Abrazos muchos, ahora si muchos...
 
Querida Liliou.

Esta es otra manifestación de amor, el dolor como placer y viceversa. Parafraseando al lema de Banderita verde te diré que el erotismo es como el arcoiris tiene muchos colores.
Te dejo un fuerte y sofocante abrazo y besos por igual.
 
Eros y Tánatos, Hedoné y Keres o mejor aún y para estar a tono con tu mexicanidad, Talacutetl y Mictlantecutli; el amor, el placer, el dolor y la muerte convocados en este poema. Muy bien.
El Oso te admira.
 
Señor Fegamonti
Interesante poema de suplicio ha escrito usted, una relectura del dolor como placer que bien planteo el Dr. Farabeuf en el libro de Elizondo. Muy bien.
Saludos.
Bellissimo comentario para la obra sugerente de
nuestra compañero Redivivus.
saludos amables de luzyabsenta
 
Y LA MUERTE

“¿Recuerdas?...¿Recuerdas? aquella emoción
llena de sangre? ¿Recuerdas aquel rostro en el
paroxismo de cuya visión tu cuerpo se hizo mío?”
Farabeuf
Salvador Elizondo




De pie imposiblemente callado
mi cuerpo respondiendo a su ritmo
contra la pared la espalda
y el golpe áspero de su aroma.
La tarde lentamente me muerde.
Es la obscura llama de su pelo
en su albo cuello ondulando
y la ropa que renuncia a su oficio.
Espesas nubes ocultan la luz
que morosa traspasa la ventana
las ataduras se ajustan fuertemente
y sus manos ciñen mis cadenas.
Despacio el día se disuelve con la lluvia
un relámpago aguza el cortante
borde de su impúdica mirada
y el filo que hiende a mi pecho.
Ruidoso el aguacero golpea a la penumbra
hilillos de agua surcan los cristales
dibujando incomprensibles símbolos,
surcan líquidos sus labios carmesíes,
y el tajo de su beso en mi cuello.
Muerde ya la noche a mi cuerpo
el rasgar de su voz en mis oídos
que anuncia la frialdad de mi dolor
y sus dedos garfios y puñales.
Sofocante la oscuridad lastima
a mis piernas, torso y cabeza
el abrazo de su cuerpo me satura
y su mano oprimiendo a mi boca.

Tiembla el mundo a mis pies
la noche más obscura me rodea
el tiempo como mar fluyendo
y refluyendo un oleaje de mujer.

La obscura llama de su pelo
las manos que ciñen mis cadenas
el tajo de su beso en mi cuello
sus dedos garfios y puñales.

Y la muerte
que no se cansa de esperar.




Extraído del poemario Visiones alternas. 2003.

Manifestar el amor y verterse a la vez en el dolor, una
dicotomia que deja espacios para que los colores bañen
de sensaciones nostalgicas el alma.
todo un flujo de espacios que drenan la lectura de un
poema que ofrece senderos de tristeza.
saludos amables de luzyabsenta. bellissimo
 

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