ropittella
Poeta veterana en el Portal
Tío Gordo. La letra que le debía a YAYO.
Cuando se roben las sombras de la eternidad
tus pasos lentos,
que se arrastran por el brillo indecente
de los callejones viejos de adoquín,
se irán tras ellos mis silencios
escuchando los taquitos de tus tangos.
Tío Gordo, que me diste el eco intuitivo
del taconeo feliz.
Tu agudo peso afirma la gloria
de la música que mamó mi historia.
Mis manos sobre el plaqué,
mi voz plagada de tu memoria,
escriben notas emocionadas de f'ábula.
Repiqueteos de milongas,
mujeres todas tuyas,
prisioneras amarradas
al arrabal de las madrugadas
que bailando amabas,
sin desfallecer.
Siempre el traje negro, incansable,
arrugado bandoneón sobre tu piel.
Ese pucho aferrado silbando con tus labios
el humo de la noche que te veía florecer.
Lucecitas de añejos faroles
reflejan en tus ojos el amor que no quiero olvidar,
Tío Gordo, nunca serás ayer,
ni lejano animador que se recuerda al pasar.
Si te acompañan girando las flores
del Caminito amigo que entonaba Gardel.
Y los acordes trabados de un Taquito Militar,
partiéndote el corazón te hacen cosquillas en los pies.
Tío Gordo trashumante, alegre intransigente,
transeúnte indomable de las calles de la ciudad,
con vos baila, inocente el Cambalache, sin soledad.
tus pasos lentos,
que se arrastran por el brillo indecente
de los callejones viejos de adoquín,
se irán tras ellos mis silencios
escuchando los taquitos de tus tangos.
Tío Gordo, que me diste el eco intuitivo
del taconeo feliz.
Tu agudo peso afirma la gloria
de la música que mamó mi historia.
Mis manos sobre el plaqué,
mi voz plagada de tu memoria,
escriben notas emocionadas de f'ábula.
Repiqueteos de milongas,
mujeres todas tuyas,
prisioneras amarradas
al arrabal de las madrugadas
que bailando amabas,
sin desfallecer.
Siempre el traje negro, incansable,
arrugado bandoneón sobre tu piel.
Ese pucho aferrado silbando con tus labios
el humo de la noche que te veía florecer.
Lucecitas de añejos faroles
reflejan en tus ojos el amor que no quiero olvidar,
Tío Gordo, nunca serás ayer,
ni lejano animador que se recuerda al pasar.
Si te acompañan girando las flores
del Caminito amigo que entonaba Gardel.
Y los acordes trabados de un Taquito Militar,
partiéndote el corazón te hacen cosquillas en los pies.
Tío Gordo trashumante, alegre intransigente,
transeúnte indomable de las calles de la ciudad,
con vos baila, inocente el Cambalache, sin soledad.
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