Enrique Quiroz Castro
Poeta que considera el portal su segunda casa
AMOR EN PRIMAVERA
La estrella solitaria suspiraba,
buscando alrededor, fiel compañía.
El fuego del amor siempre soñaba,
pues, siendo muy ardiente estaba fría.
La estrella, un tierno amor nunca encontraba,
y a Dios, se lo pedía en poesía.
Entonces Dios, mirando que lloraba,
llamó al guardián del templo de alegría.
Aquel que su existencia consagraba
a Dios, con plenitud, con pleitesía.
Llegó hasta la estrellita que penaba
por culpa del dolor de una falsía.
La estrella, con asombro lo admiraba,
sabiendo que era Dios quien lo traía.
Y supo que el amor la visitaba,
al ver que entre sus brazos revivía.
Él dijo a la estrellita que la amaba,
la estrella, desterró toda agonía.
La luz de un gran amor se vislumbraba,
la mano del Señor, los bendecía.
Y su alma, en primavera improvisaba,
mil cantos amorosos, cada día.
Feliz, como la brisa jugueteaba.
Feliz, al Dios de amor agradecía.
Y vi como a la tierra iluminaba,
brillando en la dulzura que tenía.
Y cuando, desde el alma ella alababa,
yo amé, como la estrella sonreía.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
PIURA-PERÚ
POR FAVOR,
SOLICITO LA APROBACIÓN DE LOS MODERADORES PARA ESTE POEMA,
MIL GRACIAS POR ADELANTADO..
La estrella solitaria suspiraba,
buscando alrededor, fiel compañía.
El fuego del amor siempre soñaba,
pues, siendo muy ardiente estaba fría.
La estrella, un tierno amor nunca encontraba,
y a Dios, se lo pedía en poesía.
Entonces Dios, mirando que lloraba,
llamó al guardián del templo de alegría.
Aquel que su existencia consagraba
a Dios, con plenitud, con pleitesía.
Llegó hasta la estrellita que penaba
por culpa del dolor de una falsía.
La estrella, con asombro lo admiraba,
sabiendo que era Dios quien lo traía.
Y supo que el amor la visitaba,
al ver que entre sus brazos revivía.
Él dijo a la estrellita que la amaba,
la estrella, desterró toda agonía.
La luz de un gran amor se vislumbraba,
la mano del Señor, los bendecía.
Y su alma, en primavera improvisaba,
mil cantos amorosos, cada día.
Feliz, como la brisa jugueteaba.
Feliz, al Dios de amor agradecía.
Y vi como a la tierra iluminaba,
brillando en la dulzura que tenía.
Y cuando, desde el alma ella alababa,
yo amé, como la estrella sonreía.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
PIURA-PERÚ
POR FAVOR,
SOLICITO LA APROBACIÓN DE LOS MODERADORES PARA ESTE POEMA,
MIL GRACIAS POR ADELANTADO..