elbosco
Poeta fiel al portal
Es una simple e incuestionable verdad que los objetos perduran más que los seres, pero no deja de maravillarme que una fotografía sobreviva a la persona que retrata.
Impresa en un papel, veo la imagen de mi padre fallecido, y me resulta perturbador que esa imagen pueda incluso sobrevivirme.
Consciente de la longevidad de los objetos y las creaciones, ilusoriamente pretendo trascender a través de las cosas que me representan, como la escritura.
Hay en mis textos (estilo, historias, personajes y reflexiones) una intención de mantener latente mi identidad.
Pero transmitir un legado no garantiza salvarse del olvido. A la corta o a la larga todo se olvidará.
Yo aún recito de memoria un poema que escribió mi abuela Teresa, y he transmitido a mis hijos las graciosas anécdotas de mi abuelo Francisco, les he contado del sacrificio y virtud de mi abuelo Paco, al que no conocí. He conservado sus fotografías...
Con dulce melancolía miro el retrato de mi padre, y recuerdo de dónde vengo, y comprendo hacia dónde voy.
Tal vez mis hijos me recuerden al leer mis cuentos, y recordarán cuando cada noche, al acostarlos, les leía o inventaba alguna historia. Tal vez hasta recuerden mi voz. Pero inevitablemente, el tiempo se encargará de que no queden rastros de nada.
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Fernando M. Sassone
www.blog.singularidad.org
www.elbosco.net
www.singularidad.org
Impresa en un papel, veo la imagen de mi padre fallecido, y me resulta perturbador que esa imagen pueda incluso sobrevivirme.
Consciente de la longevidad de los objetos y las creaciones, ilusoriamente pretendo trascender a través de las cosas que me representan, como la escritura.
Hay en mis textos (estilo, historias, personajes y reflexiones) una intención de mantener latente mi identidad.
Pero transmitir un legado no garantiza salvarse del olvido. A la corta o a la larga todo se olvidará.
Yo aún recito de memoria un poema que escribió mi abuela Teresa, y he transmitido a mis hijos las graciosas anécdotas de mi abuelo Francisco, les he contado del sacrificio y virtud de mi abuelo Paco, al que no conocí. He conservado sus fotografías...
Con dulce melancolía miro el retrato de mi padre, y recuerdo de dónde vengo, y comprendo hacia dónde voy.
Tal vez mis hijos me recuerden al leer mis cuentos, y recordarán cuando cada noche, al acostarlos, les leía o inventaba alguna historia. Tal vez hasta recuerden mi voz. Pero inevitablemente, el tiempo se encargará de que no queden rastros de nada.
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