Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Mírame ahora, ¡mira¡,
lo que a quedado
después de tu partida
el olvido a aniquilado el brillo de mis ojos
y a despojado de sonrisa
mi boca.
Los colores, se han ido,
el mundo se ha detenido y mi alma obscurecido.
Llueve por dentro y duele,
¿sabes como llora el alma?,
¿sabes como luce una de sus lágrimas?
El silencio y la noche negra,
como esta pena que siento,
me envuelven junto
a un profundo suspiro,
me recojo en la cama y doy vueltas y vueltas
y encuentro razones y sin razones
y tu ausencia...
Esta es tan basta que me roba la conciencia
y el delirio entra en mi cama,
me duele el corazón de tanto pensarte,
me duele todo y hasta los árboles de afuera
entienden mi dolor, solo tu, no.
La conciencia se nubla de ira,
luego de llanto, de añoranzas y los ojos
empiezan a ver en la oscuridad.
De pronto, todo se aclara
y ni siquiera vi entrar el día por mi ventana,
es el momento
en que la razón vuelve y te das cuenta
que a pesar de la noche, nada
a cambiado, que no estas
y que te has ido.
Sin embargo, estoy yo y el olvido
y el cuaderno donde te escribo.
Los mares que me dejaste en los ojos se han secado,
solo queda el alma que
llora y sus lagrimas lucen azules
como estos versos que escribo.
lo que a quedado
después de tu partida
el olvido a aniquilado el brillo de mis ojos
y a despojado de sonrisa
mi boca.
Los colores, se han ido,
el mundo se ha detenido y mi alma obscurecido.
Llueve por dentro y duele,
¿sabes como llora el alma?,
¿sabes como luce una de sus lágrimas?
El silencio y la noche negra,
como esta pena que siento,
me envuelven junto
a un profundo suspiro,
me recojo en la cama y doy vueltas y vueltas
y encuentro razones y sin razones
y tu ausencia...
Esta es tan basta que me roba la conciencia
y el delirio entra en mi cama,
me duele el corazón de tanto pensarte,
me duele todo y hasta los árboles de afuera
entienden mi dolor, solo tu, no.
La conciencia se nubla de ira,
luego de llanto, de añoranzas y los ojos
empiezan a ver en la oscuridad.
De pronto, todo se aclara
y ni siquiera vi entrar el día por mi ventana,
es el momento
en que la razón vuelve y te das cuenta
que a pesar de la noche, nada
a cambiado, que no estas
y que te has ido.
Sin embargo, estoy yo y el olvido
y el cuaderno donde te escribo.
Los mares que me dejaste en los ojos se han secado,
solo queda el alma que
llora y sus lagrimas lucen azules
como estos versos que escribo.
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