Nunca es Tarde para Amar

Glendalis Lugo

Poeta veterano en el portal
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Nunca es tarde para amar

Era una noche fría y llena de soledad y yo sólo miraba su retrato, lloraba por un amor del pasado. Venían a mi mente tantos momentos vividos al lado de ella, su nombre era Sandra, piel morena, ojos verdes encantadores y una melena negra hermosa, era un placer estar con ella. La dejé porque en esos momentos tenía muchas ambiciones y no quería compromisos, aunque la amaba, culminar mis metas eran primero que nada. Lo último que supe de ella era que estaba embarazada, siempre me pregunté si el hijo de su vientre era mío pero ella nunca me buscó, ni cuando dio a luz a su bebé y ya jamás la volví a ver. De eso hace más de cinco años. Me decía que debía de buscarla y pedirle perdón por mi egoísmo y cobardía, más ahora que mi vida se acababa con un cáncer alojado en uno de mis pulmones y que se había regado por todo mi cuerpo, todo por mi mal hábito de fumar. No me quedaba mucho tiempo de vida, quizás, dos o tres meses.

Contraté un detective privado, le di todos los datos que me acordé de ella y esperé que me llamara. Mientras tanto aproveché mi poco tiempo de vida y ayudé a muchas personas como yo y a familiares con pacientes de cáncer, ofreciendo seminarios de cómo sobrevivir con el cáncer, les daba esperanza a pesar de haber perdido toda la mía. Pasaron días, el detective no daba con ella, era como si se la hubiera tragado la tierra pero no claudiqué, seguí empeñado en encontrarla. Mi corazón me afirmaba que la encontraría. Una tarde salí a caminar y llegué a un parque donde muchos niños jugaban con sus familias. Casi no tenía fuerzas, sí mucho dolor y los medicamentos no me ayudaban mucho. Me senté en una banca para ver los niños jugando, era raro pero el dolor en esos momentos casi no lo sentía. Me quedaba dormido cuando un balón de fútbol tocó mis pies, lo agarré y esperé que llegaran para devolverlo pero nadie llegaba, me fijé en el balón, tenía un nombre grabado, Samir, era gracioso porque era mi nombre.

Dejé el balón en la banca y procedí a irme, de repente escuché que alguien decía mi nombre, volteé y la vi, era Sandra. Dejé que se acercara, no había cambiado nada, seguía siendo la mujer más bella que había conocido. Ella me preguntó si había visto a su hijo sin ni siquiera mirarme a la cara, noté su angustia. Le contesté que no y le devolví la pelota, en esos momentos fue que ella me miró, noté su impresión, era como si todo el dolor regresara a su vida de un sopetón. En su rostro se veían sentimientos encontrados, de la impresión pasó a la furia y de la furia pasó a la compasión porque sabía que algo pasaba conmigo. Eso me mató literalmente ¿como una mujer a la cual yo le había hecho tanto daño me había perdonado con sólo mirarme? En esos momentos entendí la grandeza del amor y el perdón.


Empecé a toser fuertemente, no me podía contener y no tenía ni las fuerzas para hacerlo. Ella me sentó en la banca y buscó agua pero eso no fue suficiente, la tos me hacía votar sangre por la boca, no podía creer que en esos momentos mi vida llegaba a su fin. Yo quería hablarle pero ella no me dejaba, entonces apareció el niño, un hombre lo traía de la mano. Aún en mi ataque de tos y dolor me di cuenta que él era mi hijo. Era como mirarme en un espejo, traté de abrazarlo pero en esos momentos todo se tornó oscuro, pensé que en esos momentos llegaba mi final.



Desperté en un hospital rodeado de enfermeras, yo no podía hablar, algo estaba en mi garganta y traté de sacarlo pero eran tubos que me ataban a un respirador. Médicos y enfermeras no se despegaban de mi lado y yo sólo quería irme de allí. Quería ir donde mi hijo, estar con él, lo último que me quedaba de vida y devolverle a ella un poco de felicidad. Lágrimas bajaban por mi rostro y siempre había una enfermera que me las secaba. Varios días después me había recuperado, me quitaron el respirador y ya pude respirar por mí mismo, el doctor me dijo que tenía que cuidarme y que ya el cáncer había avanzado demasiado. Mi madre me llevó a su casa, antes de salir del hospital dejé mi dirección y teléfono por si Sandra regresaba y preguntaba por mí.


Para mí todo esto era tan difícil ya que era un hombre próspero, joven y con muchas ideas, moría lentamente. La vida era injusta, lo sabía; sólo le pedía a Dios estar con mi hijo. Ese día llegó, estaba sentado en una butaca en la sala, me había aburrido de la cama, la odiaba realmente y siempre trataba de salir de ella pero siempre bajo los regaños de mi madre que se preocupaba demasiado. Ella no me demostraba compasión en mi presencia pero en las noches la oía llorar, no debía ser fácil saber que su único hijo moría lentamente, tener las manos atadas y sólo esperar el final.


Oí el timbre, me levanté con mucho esfuerzo pero pude abrir, era Sandra y junto a ella nuestro hijo. Él llevaba en sus manos un regalo y me miraba con ternura y curiosidad, creía que me desmayaría por la emoción pero debía ser fuerte. Mi hijo se merecía felicidad, no tristeza. Los invité a pasar, mi madre al ver a Samir casi se desmaya, ya le había hablado de él pero verlo en persona era muy diferente, le dio un abrazo, era como si la vida le devolviera una réplica exacta de mí.


Abrí el regalo, era un álbum de fotos de él mismo desde que nació hasta su primer día de escuela, yo no sabía qué decir, la emoción era tan grande que sólo comencé a llorar. Ellos me reconfortaron, abrazándome. Sandra no dejaba de mirarme, era como si todavía no creyera todo lo que estaba pasando. El poco tiempo que compartí con mi hijo lo disfrutamos al máximo, a pesar de mi condición traté de dar lo mejor de mí. Le pedí matrimonio a Sandra y ella aceptó gustosa. Fue una boda sencilla pero feliz, los médicos se quedaban asombrados pues mi mejoría era notable. Samir ya me decía papá e hicimos tantas cosas juntos que sé que él jamás las olvidará.


Fue un mes más tarde que una tarde después que Samir se había quedado dormido, tomé una decisión muy drástica. No me despedí de nadie, sólo quería morir lejos de allí, ya lo que tenía que hacer lo había hecho y no quería causar más dolor ni sufrimiento. Dejé una carta explicando mi decisión y que ya lo tenía todo planeado, que no se preocuparan. Llegué a una cabaña que había rentado cerca de un lago no muy lejos de allí. Esa misma noche mirando el lago y su belleza, cerré mis ojos para siempre.



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Intensas notas como intenso el contenido, muy triste alberguio de su pobre alma en pena, una lama mas al cielo? no lo creo, buena prosa cielo, un beso estrellas.
 
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Nunca es tarde para amar




Era una noche fría y llena de soledad y yo sólo miraba su retrato, lloraba por un amor del pasado. Venían a mi mente tantos momentos vividos al lado de ella, su nombre era Sandra, de piel morena clara, ojos verdes encantadores y una melena negra hermosa, era un placer estar con ella. La dejé porque en esos momentos tenia muchas ambiciones y no quería compromisos, aunque la amaba culminar mis metas eran primero que nada. Lo último que supe de ella era que estaba embarazada, siempre me pregunté si era mio pero ella nunca me buscó, ni cuando dio a luz a su bebe y ya jamás la volví a ver. De eso hace mas de cinco años. Me decía que debía de buscarla y pedirle perdón por mi egoísmo y cobardía, más ahora que mi vida se acababa con un cáncer alojado en uno de mis pulmones y que se había regado por todo mi cuerpo. Todo por mi mal hábito de fumar. No me quedaba mucho tiempo de vida quizás dos o tres meses.

Contraté un detective privado, le di todos los datos que me acordé de ella y esperé que me llamara. Mientras tanto aproveché mi poco tiempo de vida y ayudé a muchas personas como yo y a familiares con pacientes de cáncer, ofreciendo seminarios de como sobrevivir con el cáncer, les daba esperanza a pesar de haber perdido toda la mía. Pasaron días, el detective no daba con ella era como si se la hubiera tragado la tierra pero no claudiqué, seguí empeñado en encontrarla. Mi corazón me afirmaba que la encontraría. Una tarde salí a caminar y llegué a un parque donde muchos niños jugaban con sus familias. Casi no tenia fuerzas, tenia mucho dolor y los medicamentos no me ayudaban mucho. Me senté en una banca para ver los niños jugando, era raro pero el dolor en esos momentos casi no lo sentía. Me quedaba dormido cuando un balón de fútbol tocó mis pies, lo agarré y esperé que llegaran para devolverlo pero nadie llegaba, me fijé en el balón tenia un nombre grabado era Samir, era gracioso porque era mi nombre.

Dejé el balón en la banca y procedí a irme, de repente escuchéque alguien decía mi nombre, me voltié y la vi, era Sandra. Dejé que se acercara, no había cambiado nada seguía siendo la mujer mas bella que había conocido. Ella me preguntó si había visto a su hijo sin ni siquiera mirarme a la cara, noté su angustia. Le contesté que no, y le devolví la pelota, en esos momentos fue que ella me miro, noté su impresión era como si todo el dolor regresara a su vida de un sopetón. En su rostro se veían sentimientos encontrados, de la impresión paso a la furia y de la furia paso a la compasión ,porque sabia que algo pasaba conmigo. Eso me mató literalmente ¿como una mujer la cual yo le había hecho tanto daño me había perdonado con sólo mirarme? En esos momentos entendí la grandeza del amor y el perdón.


Empecé a toser fuertemente, no me podía contener y no tenia ni las fuerzas para hacerlo. Ella me sentó en la banca y busco agua, pero eso no fue suficiente la tos me hacia votar sangre por la boca, no podía creer que en esos momentos mi vida llegaba a su fin. Yo quería hablarle pero ella no me dejaba, entonces apareció el niño un hombre lo traía de la mano. Aún en mi ataque de tos y dolor me di cuenta que él era mi hijo. Era como mirarme en un espejo, traté de abrazarlo pero en esos momentos todo se torno oscuro pensé que en esos momentos llegaba mi final.



Desperté en un hospital rodeado de enfermeras, yo no podía hablar algo estaba en mi garganta traté de sacarlo pero eran tubos que me ataban a un respirador. Médicos y enfermeras no se despegaban de mi lado y yo sólo quería irme de allí. Quería ir donde mi hijo, estar con él lo último que me quedaba de vida y devolverle a ella una poca de felicidad. Lágrimas bajaban por mi rostro y siempre había una enfermera que me las secaba. Varios días después me había recuperado, me quitaron el respirador y ya pude respirar por mi mismo, el doctor me dijo que tenia que cuidarme y que ya el cáncer había avanzado demasiado. Mi madre me llevo a su casa, antes de salir del hospital dejémi dirección y teléfono por si Sandra regresaba y preguntaba por mi.


Para mi todo esto era tan difícil yo que era un hombre prospero ,joven y con muchas ideas moría lentamente. La vida era injusta lo sabia; solo le pedía a Dios estar con mi hijo. Ese día llego, estaba sentado en una butaca en la sala, me había aburrido de la cama, la odiaba realmente y siempre trataba de salir de ella. Pero siempre bajo los regaños de mi madre que se preocupaba demasiado. Ella no me demostraba compasión en mi presencia pero en las noches la oía llorar, no debía ser fácil saber que tu único hijo moría lentamente, tener las manos atadas y sólo esperar el final.


Oí el timbre de la puerta me levanté con mucho esfuerzo pero pude abrirla era Sandra y junto a ella nuestro hijo. Él llevaba en sus manos un regalo y me miraba con ternura y curiosidad, creía que me desmayaría por la emoción pero debía ser fuerte. Mi hijo se merecía felicidad no tristeza, los invité a pasar, mi madre al ver a Samir casi se desmaya, ya le había hablado de él pero verlo en persona era muy diferente, le dio un abrazo era como si la vida le devolviera una replica exacta de mi.


Abrí el regalo, era un álbum de fotos de él mismo desde que nació hasta su primer día de escuela, yo no sabia que decir la emoción era tan grande que sólo comencé a llorar. Ellos me reconfortaron abrazándome, Sandra no dejaba de mirarme era como si todavía no creyera todo lo que estaba pasando. El poco tiempo que compartí con mi hijo lo disfrutamos al máximo a pesar de mi condición traté de dar lo mejor de mi. Le pedí matrimonio a Sandra y ella aceptó gustosa. Fue una boda sencilla pero feliz, los médicos se quedaban asombrados pues mi mejoría era notable. Samir ya me decía papa y hicimos tantas cosas juntos que se que él jamás las olvidara.


Fue un mes más tarde, que una tarde después de Samir haberse quedado dormido tomé una decisión muy drástica. No me despedí de nadie sólo quería morir lejos de allí, ya lo que tenia que hacer lo había hecho y no quería causar más dolor ni sufrimiento. Dejé una carta explicando mi decisión y que ya lo tenia todo planeado que no se preocuparan. Llegué a una cabaña que había rentado cerca de un lago no muy lejos de allí. Esa misma noche mirando el lago y su belleza cerré mis ojos para siempre.



Me gusta mucho Mariposa, realmente bonita y sentida, con un final que se confunde o fusiona la alegría con la desesperación y el deseo de no hacer sufrir más por su final, enfermedad. Un saludo y beso desde España. MAESE JOSMAN.
 
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Nunca es tarde para amar



Era una noche fría y llena de soledad y yo sólo miraba su retrato, lloraba por un amor del pasado. Venían a mi mente tantos momentos vividos al lado de ella, su nombre era Sandra, de piel morena clara, ojos verdes encantadores y una melena negra hermosa, era un placer estar con ella. La dejé porque en esos momentos tenia muchas ambiciones y no quería compromisos, aunque la amaba culminar mis metas eran primero que nada. Lo último que supe de ella era que estaba embarazada, siempre me pregunté si era mio pero ella nunca me buscó, ni cuando dio a luz a su bebe y ya jamás la volví a ver. De eso hace mas de cinco años. Me decía que debía de buscarla y pedirle perdón por mi egoísmo y cobardía, más ahora que mi vida se acababa con un cáncer alojado en uno de mis pulmones y que se había regado por todo mi cuerpo. Todo por mi mal hábito de fumar. No me quedaba mucho tiempo de vida quizás dos o tres meses.

Contraté un detective privado, le di todos los datos que me acordé de ella y esperé que me llamara. Mientras tanto aproveché mi poco tiempo de vida y ayudé a muchas personas como yo y a familiares con pacientes de cáncer, ofreciendo seminarios de como sobrevivir con el cáncer, les daba esperanza a pesar de haber perdido toda la mía. Pasaron días, el detective no daba con ella era como si se la hubiera tragado la tierra pero no claudiqué, seguí empeñado en encontrarla. Mi corazón me afirmaba que la encontraría. Una tarde salí a caminar y llegué a un parque donde muchos niños jugaban con sus familias. Casi no tenia fuerzas, tenia mucho dolor y los medicamentos no me ayudaban mucho. Me senté en una banca para ver los niños jugando, era raro pero el dolor en esos momentos casi no lo sentía. Me quedaba dormido cuando un balón de fútbol tocó mis pies, lo agarré y esperé que llegaran para devolverlo pero nadie llegaba, me fijé en el balón tenia un nombre grabado era Samir, era gracioso porque era mi nombre.

Dejé el balón en la banca y procedí a irme, de repente escuchéque alguien decía mi nombre, me voltié y la vi, era Sandra. Dejé que se acercara, no había cambiado nada seguía siendo la mujer mas bella que había conocido. Ella me preguntó si había visto a su hijo sin ni siquiera mirarme a la cara, noté su angustia. Le contesté que no, y le devolví la pelota, en esos momentos fue que ella me miro, noté su impresión era como si todo el dolor regresara a su vida de un sopetón. En su rostro se veían sentimientos encontrados, de la impresión paso a la furia y de la furia paso a la compasión ,porque sabia que algo pasaba conmigo. Eso me mató literalmente ¿como una mujer la cual yo le había hecho tanto daño me había perdonado con sólo mirarme? En esos momentos entendí la grandeza del amor y el perdón.


Empecé a toser fuertemente, no me podía contener y no tenia ni las fuerzas para hacerlo. Ella me sentó en la banca y busco agua, pero eso no fue suficiente la tos me hacia votar sangre por la boca, no podía creer que en esos momentos mi vida llegaba a su fin. Yo quería hablarle pero ella no me dejaba, entonces apareció el niño un hombre lo traía de la mano. Aún en mi ataque de tos y dolor me di cuenta que él era mi hijo. Era como mirarme en un espejo, traté de abrazarlo pero en esos momentos todo se torno oscuro pensé que en esos momentos llegaba mi final.



Desperté en un hospital rodeado de enfermeras, yo no podía hablar algo estaba en mi garganta traté de sacarlo pero eran tubos que me ataban a un respirador. Médicos y enfermeras no se despegaban de mi lado y yo sólo quería irme de allí. Quería ir donde mi hijo, estar con él lo último que me quedaba de vida y devolverle a ella una poca de felicidad. Lágrimas bajaban por mi rostro y siempre había una enfermera que me las secaba. Varios días después me había recuperado, me quitaron el respirador y ya pude respirar por mi mismo, el doctor me dijo que tenia que cuidarme y que ya el cáncer había avanzado demasiado. Mi madre me llevo a su casa, antes de salir del hospital dejémi dirección y teléfono por si Sandra regresaba y preguntaba por mi.


Para mi todo esto era tan difícil yo que era un hombre prospero ,joven y con muchas ideas moría lentamente. La vida era injusta lo sabia; solo le pedía a Dios estar con mi hijo. Ese día llego, estaba sentado en una butaca en la sala, me había aburrido de la cama, la odiaba realmente y siempre trataba de salir de ella. Pero siempre bajo los regaños de mi madre que se preocupaba demasiado. Ella no me demostraba compasión en mi presencia pero en las noches la oía llorar, no debía ser fácil saber que tu único hijo moría lentamente, tener las manos atadas y sólo esperar el final.


Oí el timbre de la puerta me levanté con mucho esfuerzo pero pude abrirla era Sandra y junto a ella nuestro hijo. Él llevaba en sus manos un regalo y me miraba con ternura y curiosidad, creía que me desmayaría por la emoción pero debía ser fuerte. Mi hijo se merecía felicidad no tristeza, los invité a pasar, mi madre al ver a Samir casi se desmaya, ya le había hablado de él pero verlo en persona era muy diferente, le dio un abrazo era como si la vida le devolviera una replica exacta de mi.


Abrí el regalo, era un álbum de fotos de él mismo desde que nació hasta su primer día de escuela, yo no sabia que decir la emoción era tan grande que sólo comencé a llorar. Ellos me reconfortaron abrazándome, Sandra no dejaba de mirarme era como si todavía no creyera todo lo que estaba pasando. El poco tiempo que compartí con mi hijo lo disfrutamos al máximo a pesar de mi condición traté de dar lo mejor de mi. Le pedí matrimonio a Sandra y ella aceptó gustosa. Fue una boda sencilla pero feliz, los médicos se quedaban asombrados pues mi mejoría era notable. Samir ya me decía papa y hicimos tantas cosas juntos que se que él jamás las olvidara.


Fue un mes más tarde, que una tarde después de Samir haberse quedado dormido tomé una decisión muy drástica. No me despedí de nadie sólo quería morir lejos de allí, ya lo que tenia que hacer lo había hecho y no quería causar más dolor ni sufrimiento. Dejé una carta explicando mi decisión y que ya lo tenia todo planeado que no se preocuparan. Llegué a una cabaña que había rentado cerca de un lago no muy lejos de allí. Esa misma noche mirando el lago y su belleza cerré mis ojos para siempre.



Amiga es una historia triste pero hermosa en donde triunfa el amor sobre todas las cosas,aún en el momento de su partida en soledad lo hace impulsado por el amor,tratando de evitar el dolor de sus seres amados.Mis felicitaciones Glendalis,te quedó preciosa,un placer pasar por tus letras,un beso Sandra
 
Interesante contenido, amiga, un poco triste la historia, pero encontré mucho sentimiento....a veces el camino mas difícil es el único que hay... aprendí que tenemos que cuidar nuestra salud y amar mas...Abrazos y estrellas.
 


Tan Sentida como intensa, un tanto larga y bastante triste,
pero donde triunfa al final el amor;
felicitaciones por obra tan bella de tu pluma creativa ,
un placer pasar por tus letras
.

Con mi admiración,
mi saludo y felicitación

 
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Nunca es tarde para amar




Era una noche fría y llena de soledad y yo sólo miraba su retrato, lloraba por un amor del pasado. Venían a mi mente tantos momentos vividos al lado de ella, su nombre era Sandra, de piel morena clara, ojos verdes encantadores y una melena negra hermosa, era un placer estar con ella. La dejé porque en esos momentos tenia muchas ambiciones y no quería compromisos, aunque la amaba culminar mis metas eran primero que nada. Lo último que supe de ella era que estaba embarazada, siempre me pregunté si era mio pero ella nunca me buscó, ni cuando dio a luz a su bebe y ya jamás la volví a ver. De eso hace mas de cinco años. Me decía que debía de buscarla y pedirle perdón por mi egoísmo y cobardía, más ahora que mi vida se acababa con un cáncer alojado en uno de mis pulmones y que se había regado por todo mi cuerpo. Todo por mi mal hábito de fumar. No me quedaba mucho tiempo de vida quizás dos o tres meses.

Contraté un detective privado, le di todos los datos que me acordé de ella y esperé que me llamara. Mientras tanto aproveché mi poco tiempo de vida y ayudé a muchas personas como yo y a familiares con pacientes de cáncer, ofreciendo seminarios de como sobrevivir con el cáncer, les daba esperanza a pesar de haber perdido toda la mía. Pasaron días, el detective no daba con ella era como si se la hubiera tragado la tierra pero no claudiqué, seguí empeñado en encontrarla. Mi corazón me afirmaba que la encontraría. Una tarde salí a caminar y llegué a un parque donde muchos niños jugaban con sus familias. Casi no tenia fuerzas, tenia mucho dolor y los medicamentos no me ayudaban mucho. Me senté en una banca para ver los niños jugando, era raro pero el dolor en esos momentos casi no lo sentía. Me quedaba dormido cuando un balón de fútbol tocó mis pies, lo agarré y esperé que llegaran para devolverlo pero nadie llegaba, me fijé en el balón tenia un nombre grabado era Samir, era gracioso porque era mi nombre.

Dejé el balón en la banca y procedí a irme, de repente escuchéque alguien decía mi nombre, me voltié y la vi, era Sandra. Dejé que se acercara, no había cambiado nada seguía siendo la mujer mas bella que había conocido. Ella me preguntó si había visto a su hijo sin ni siquiera mirarme a la cara, noté su angustia. Le contesté que no, y le devolví la pelota, en esos momentos fue que ella me miro, noté su impresión era como si todo el dolor regresara a su vida de un sopetón. En su rostro se veían sentimientos encontrados, de la impresión paso a la furia y de la furia paso a la compasión ,porque sabia que algo pasaba conmigo. Eso me mató literalmente ¿como una mujer la cual yo le había hecho tanto daño me había perdonado con sólo mirarme? En esos momentos entendí la grandeza del amor y el perdón.


Empecé a toser fuertemente, no me podía contener y no tenia ni las fuerzas para hacerlo. Ella me sentó en la banca y busco agua, pero eso no fue suficiente la tos me hacia votar sangre por la boca, no podía creer que en esos momentos mi vida llegaba a su fin. Yo quería hablarle pero ella no me dejaba, entonces apareció el niño un hombre lo traía de la mano. Aún en mi ataque de tos y dolor me di cuenta que él era mi hijo. Era como mirarme en un espejo, traté de abrazarlo pero en esos momentos todo se torno oscuro pensé que en esos momentos llegaba mi final.



Desperté en un hospital rodeado de enfermeras, yo no podía hablar algo estaba en mi garganta traté de sacarlo pero eran tubos que me ataban a un respirador. Médicos y enfermeras no se despegaban de mi lado y yo sólo quería irme de allí. Quería ir donde mi hijo, estar con él lo último que me quedaba de vida y devolverle a ella una poca de felicidad. Lágrimas bajaban por mi rostro y siempre había una enfermera que me las secaba. Varios días después me había recuperado, me quitaron el respirador y ya pude respirar por mi mismo, el doctor me dijo que tenia que cuidarme y que ya el cáncer había avanzado demasiado. Mi madre me llevo a su casa, antes de salir del hospital dejémi dirección y teléfono por si Sandra regresaba y preguntaba por mi.


Para mi todo esto era tan difícil yo que era un hombre prospero ,joven y con muchas ideas moría lentamente. La vida era injusta lo sabia; solo le pedía a Dios estar con mi hijo. Ese día llego, estaba sentado en una butaca en la sala, me había aburrido de la cama, la odiaba realmente y siempre trataba de salir de ella. Pero siempre bajo los regaños de mi madre que se preocupaba demasiado. Ella no me demostraba compasión en mi presencia pero en las noches la oía llorar, no debía ser fácil saber que tu único hijo moría lentamente, tener las manos atadas y sólo esperar el final.


Oí el timbre de la puerta me levanté con mucho esfuerzo pero pude abrirla era Sandra y junto a ella nuestro hijo. Él llevaba en sus manos un regalo y me miraba con ternura y curiosidad, creía que me desmayaría por la emoción pero debía ser fuerte. Mi hijo se merecía felicidad no tristeza, los invité a pasar, mi madre al ver a Samir casi se desmaya, ya le había hablado de él pero verlo en persona era muy diferente, le dio un abrazo era como si la vida le devolviera una replica exacta de mi.


Abrí el regalo, era un álbum de fotos de él mismo desde que nació hasta su primer día de escuela, yo no sabia que decir la emoción era tan grande que sólo comencé a llorar. Ellos me reconfortaron abrazándome, Sandra no dejaba de mirarme era como si todavía no creyera todo lo que estaba pasando. El poco tiempo que compartí con mi hijo lo disfrutamos al máximo a pesar de mi condición traté de dar lo mejor de mi. Le pedí matrimonio a Sandra y ella aceptó gustosa. Fue una boda sencilla pero feliz, los médicos se quedaban asombrados pues mi mejoría era notable. Samir ya me decía papa y hicimos tantas cosas juntos que se que él jamás las olvidara.


Fue un mes más tarde, que una tarde después de Samir haberse quedado dormido tomé una decisión muy drástica. No me despedí de nadie sólo quería morir lejos de allí, ya lo que tenia que hacer lo había hecho y no quería causar más dolor ni sufrimiento. Dejé una carta explicando mi decisión y que ya lo tenia todo planeado que no se preocuparan. Llegué a una cabaña que había rentado cerca de un lago no muy lejos de allí. Esa misma noche mirando el lago y su belleza cerré mis ojos para siempre.




Querida mariposa, excelente prosa, hay pero me has matado, que bien que la has hecho, yo loco, por tanto amor, todo venia tan bien y el final, mira aún estoy llorando, te felicito, pero he quedado mal, es tan buena tu Prosa, como sas peliculas, que uno ve y se imagina un final hermoso, lleno de amor y hacen como tu, te felicito, porque fue u gusto leeerte y tienes mucha calidad, para hacer Prosa, principalmente tener al lector hasta el final , eso no lo hace cualquiera, magnífico trabajo, para premiar, gracias por tu invitación.

FELICITACIONES, te dejo todo mi afecto y mi admiración a tus letras, excelente, todas las estrellas son tuyas, las del cielo tambien.Un beso poeta amiga.Bendiciones.


Hector Alberto Villarruel.
 
¡Hola mariposa73pr!

Te cuento que me ha hecho llorar, yo soy una persona muy sensible y esta historia caló intensamente en mí, eso significa que eres una gran prosista, por lo menos para mí; mis felicitaciones; no es cuento, yo soy muy sentimental, bastante emotivo; me has hecho llorar.

Suerte y cuidate.

Sigifredo Silva
 
Mariposa que buen relato lleno de reflexiones sobre los actos del ser humano,me he emocionado mucho ,pero me dejo un dejo de esperanza que dice que hasta el ultimo momento de nuestra vida Dios nos puede dar una oportunidad de despedirnos de ella con amor y dignidad

abrazo
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Nunca es tarde para amar



Era una noche fría y llena de soledad y yo sólo miraba su retrato, lloraba por un amor del pasado. Venían a mi mente tantos momentos vividos al lado de ella, su nombre era Sandra, de piel morena clara, ojos verdes encantadores y una melena negra hermosa, era un placer estar con ella. La dejé porque en esos momentos tenia muchas ambiciones y no quería compromisos, aunque la amaba culminar mis metas eran primero que nada. Lo último que supe de ella era que estaba embarazada, siempre me pregunté si era mio pero ella nunca me buscó, ni cuando dio a luz a su bebe y ya jamás la volví a ver. De eso hace mas de cinco años. Me decía que debía de buscarla y pedirle perdón por mi egoísmo y cobardía, más ahora que mi vida se acababa con un cáncer alojado en uno de mis pulmones y que se había regado por todo mi cuerpo. Todo por mi mal hábito de fumar. No me quedaba mucho tiempo de vida quizás dos o tres meses.

Contraté un detective privado, le di todos los datos que me acordé de ella y esperé que me llamara. Mientras tanto aproveché mi poco tiempo de vida y ayudé a muchas personas como yo y a familiares con pacientes de cáncer, ofreciendo seminarios de como sobrevivir con el cáncer, les daba esperanza a pesar de haber perdido toda la mía. Pasaron días, el detective no daba con ella era como si se la hubiera tragado la tierra pero no claudiqué, seguí empeñado en encontrarla. Mi corazón me afirmaba que la encontraría. Una tarde salí a caminar y llegué a un parque donde muchos niños jugaban con sus familias. Casi no tenia fuerzas, tenia mucho dolor y los medicamentos no me ayudaban mucho. Me senté en una banca para ver los niños jugando, era raro pero el dolor en esos momentos casi no lo sentía. Me quedaba dormido cuando un balón de fútbol tocó mis pies, lo agarré y esperé que llegaran para devolverlo pero nadie llegaba, me fijé en el balón tenia un nombre grabado era Samir, era gracioso porque era mi nombre.

Dejé el balón en la banca y procedí a irme, de repente escuchéque alguien decía mi nombre, me voltié y la vi, era Sandra. Dejé que se acercara, no había cambiado nada seguía siendo la mujer mas bella que había conocido. Ella me preguntó si había visto a su hijo sin ni siquiera mirarme a la cara, noté su angustia. Le contesté que no, y le devolví la pelota, en esos momentos fue que ella me miro, noté su impresión era como si todo el dolor regresara a su vida de un sopetón. En su rostro se veían sentimientos encontrados, de la impresión paso a la furia y de la furia paso a la compasión ,porque sabia que algo pasaba conmigo. Eso me mató literalmente ¿como una mujer la cual yo le había hecho tanto daño me había perdonado con sólo mirarme? En esos momentos entendí la grandeza del amor y el perdón.


Empecé a toser fuertemente, no me podía contener y no tenia ni las fuerzas para hacerlo. Ella me sentó en la banca y busco agua, pero eso no fue suficiente la tos me hacia votar sangre por la boca, no podía creer que en esos momentos mi vida llegaba a su fin. Yo quería hablarle pero ella no me dejaba, entonces apareció el niño un hombre lo traía de la mano. Aún en mi ataque de tos y dolor me di cuenta que él era mi hijo. Era como mirarme en un espejo, traté de abrazarlo pero en esos momentos todo se torno oscuro pensé que en esos momentos llegaba mi final.



Desperté en un hospital rodeado de enfermeras, yo no podía hablar algo estaba en mi garganta traté de sacarlo pero eran tubos que me ataban a un respirador. Médicos y enfermeras no se despegaban de mi lado y yo sólo quería irme de allí. Quería ir donde mi hijo, estar con él lo último que me quedaba de vida y devolverle a ella una poca de felicidad. Lágrimas bajaban por mi rostro y siempre había una enfermera que me las secaba. Varios días después me había recuperado, me quitaron el respirador y ya pude respirar por mi mismo, el doctor me dijo que tenia que cuidarme y que ya el cáncer había avanzado demasiado. Mi madre me llevo a su casa, antes de salir del hospital dejémi dirección y teléfono por si Sandra regresaba y preguntaba por mi.


Para mi todo esto era tan difícil yo que era un hombre prospero ,joven y con muchas ideas moría lentamente. La vida era injusta lo sabia; solo le pedía a Dios estar con mi hijo. Ese día llego, estaba sentado en una butaca en la sala, me había aburrido de la cama, la odiaba realmente y siempre trataba de salir de ella. Pero siempre bajo los regaños de mi madre que se preocupaba demasiado. Ella no me demostraba compasión en mi presencia pero en las noches la oía llorar, no debía ser fácil saber que tu único hijo moría lentamente, tener las manos atadas y sólo esperar el final.


Oí el timbre de la puerta me levanté con mucho esfuerzo pero pude abrirla era Sandra y junto a ella nuestro hijo. Él llevaba en sus manos un regalo y me miraba con ternura y curiosidad, creía que me desmayaría por la emoción pero debía ser fuerte. Mi hijo se merecía felicidad no tristeza, los invité a pasar, mi madre al ver a Samir casi se desmaya, ya le había hablado de él pero verlo en persona era muy diferente, le dio un abrazo era como si la vida le devolviera una replica exacta de mi.


Abrí el regalo, era un álbum de fotos de él mismo desde que nació hasta su primer día de escuela, yo no sabia que decir la emoción era tan grande que sólo comencé a llorar. Ellos me reconfortaron abrazándome, Sandra no dejaba de mirarme era como si todavía no creyera todo lo que estaba pasando. El poco tiempo que compartí con mi hijo lo disfrutamos al máximo a pesar de mi condición traté de dar lo mejor de mi. Le pedí matrimonio a Sandra y ella aceptó gustosa. Fue una boda sencilla pero feliz, los médicos se quedaban asombrados pues mi mejoría era notable. Samir ya me decía papa y hicimos tantas cosas juntos que se que él jamás las olvidara.


Fue un mes más tarde, que una tarde después de Samir haberse quedado dormido tomé una decisión muy drástica. No me despedí de nadie sólo quería morir lejos de allí, ya lo que tenia que hacer lo había hecho y no quería causar más dolor ni sufrimiento. Dejé una carta explicando mi decisión y que ya lo tenia todo planeado que no se preocuparan. Llegué a una cabaña que había rentado cerca de un lago no muy lejos de allí. Esa misma noche mirando el lago y su belleza cerré mis ojos para siempre.




Bello y conmovedor
Felicitaciones querida Mariposa
Un abrazo
Ana
 


Nunca es tarde para amar





Mariposa73


Un suceso tan real como los hay en la vida,
de corte muytriste como siempre en donde hay sentimientos de por medio,
mis felicitacionespor tu prosa,
logras llegar a las fibras sensibles de quien te lee,

Un abrazo y misaludo.

OSITO LINDO


images
 
Excelente historia con mensaje nunca es tarde
 
"Que bonita sensación
Es la que yo estoy sintiendo
Después de viejo queriendo
Y con todo el corazón
Aunque no me había llegado
Hoy se posó aquí en mi pecho
Y me siento satisfecho
Porque aunque tarde llegó"

Linda prosa, un gusto pasar, mis cariños y estrellas
 
Nunca es tarde para amar



Era una noche fría y llena de soledad y yo sólo miraba su retrato, lloraba por un amor del pasado. Venían a mi mente tantos momentos vividos al lado de ella,(«...» en lugar de «,») su nombre era Sandra, de piel morena clara, ojos verdes encantadores y una melena negra hermosa, era un placer estar con ella. La dejé porque en esos momentos tenia(«tenía») muchas ambiciones y no quería compromisos, aunque la amaba(,) culminar mis metas eran(«era») primero que nada. Lo último que supe de ella era que estaba embarazada, siempre(eliminaría «siempre») me pregunté si era mio(mío) pero ella nunca me buscó, ni cuando dio a luz a su bebe(,) y ya jamás la volví a ver. De eso hace mas de cinco años. Me decía que debía de(eliminar «de») buscarla y pedirle perdón por mi egoísmo y cobardía, más ahora que mi vida se acababa con un cáncer alojado en uno de mis pulmones y que se había regado por todo mi cuerpo. Todo por mi mal hábito de fumar. No me quedaba mucho tiempo de vida quizás dos o tres meses.

Contraté un detective privado, le di todos los datos que me acordé de ella y esperé que me llamara. Mientras tanto aproveché mi poco tiempo de vida y ayudé a muchas personas como yo y a familiares con(«de» en lugar de «con») pacientes de cáncer, ofreciendo seminarios de como sobrevivir con el cáncer, les daba esperanza a pesar de haber perdido toda la mía. Pasaron días, el detective no daba con ella(,) era como si se la hubiera tragado la tierra(,) pero no claudiqué, seguí empeñado en encontrarla. Mi corazón me afirmaba que la encontraría. Una tarde salí a caminar y llegué a un parque donde muchos niños jugaban con sus familias. Casi no tenia fuerzas, tenia(«tenía») mucho dolor y los medicamentos no me ayudaban mucho. Me senté en una banca para ver los niños jugando, era raro pero el dolor en esos momentos casi no lo sentía. Me quedaba dormido cuando un balón de fútbol tocó mis pies, lo agarré y esperé que llegaran para devolverlo pero nadie llegaba, me fijé en el balón tenia un nombre grabado era Samir, era gracioso porque era mi nombre.

Dejé el balón en la banca y procedí a irme, de repente escuché(espacio)que alguien decía mi nombre, me voltié y la vi,(«:» en lugar de «,») era Sandra. Dejé que se acercara, no había cambiado nada(«,») seguía siendo la mujer mas bella que había conocido. Ella me preguntó si había visto a su hijo sin ni siquiera mirarme a la cara, noté su angustia. Le contesté que no,(eliminar «,») y le devolví la pelota,(«;» en lugar de «,») en esos momentos fue que ella me miro(«miró»), noté su impresión («:») era como si todo el dolor regresara a su vida de un sopetón. En su rostro se veían sentimientos encontrados, de la impresión paso a la furia y de la furia paso a la compasión ,(«, »)porque sabia(«sabía») que algo pasaba conmigo. Eso me mató literalmente ¿como(«cómo») una mujer(«a») la cual yo le había hecho tanto daño me había perdonado con sólo mirarme? En esos momentos entendí la grandeza del amor y el(«del») perdón.


Empecé a toser fuertemente, no me podía contener y no tenia(«tenía») ni las fuerzas para hacerlo. Ella me sentó en la banca y busco(«buscó») agua, pero eso no fue suficiente(«,») la tos me hacia votar(«botar») sangre por la boca, no podía creer que en esos momentos mi vida llegaba a su fin. Yo quería hablarle pero ella no me dejaba, entonces apareció el niño(«,») un hombre lo traía de la mano. Aún en mi ataque de tos y dolor me di cuenta(«de») que él era mi hijo. Era como mirarme en un espejo, traté de abrazarlo pero en esos momentos todo se torno(«tornó») oscuro(«,») pensé que en esos momentos llegaba mi final.


Desperté en un hospital ro
 
Última edición por un moderador:
Desperté en un hospital rodeado de enfermeras, yo no podía hablar(«:») algo estaba en mi garganta traté de sacarlo pero eran tubos que me ataban a un respirador. Médicos y enfermeras no se despegaban de mi lado y yo sólo quería irme de allí. Quería ir donde mi hijo, estar con él lo último que me quedaba de vida y devolverle a ella una poca de felicidad. Lágrimas bajaban por mi rostro y siempre había una enfermera que me las secaba. Varios días después me había recuperado, me quitaron el respirador y ya pude respirar por mi(«mí») mismo, el doctor me dijo que tenia(«tenía») que cuidarme y que ya el cáncer había avanzado demasiado. Mi madre me llevo(«llevó») a su casa, antes de salir del hospital dejé(espacio)mi dirección y teléfono por si Sandra regresaba y preguntaba por mi(«mí»).


Para mi todo esto era tan difícil(«...») yo que era un hombre prospero(«próspero») ,(«, »)joven y con muchas ideas(«,») moría lentamente. La vida era injusta lo sabia(«sabía»); solo le pedía a Dios estar con mi hijo. Ese día llego(«llegó»), («yo»)estaba sentado en una butaca en la sala, me había aburrido de la cama, la odiaba realmente y siempre trataba de salir de ella. Pero siempre bajo los regaños de mi madre que se preocupaba demasiado. Ella no me demostraba compasión en mi presencia pero en las noches la oía llorar, no debía ser fácil saber que tu(«su») único hijo moría lentamente, tener las manos atadas y sólo esperar el final.


Oí el timbre de la puerta(«;») me levanté con mucho esfuerzo pero pude abrirla(«:») era Sandra y junto a ella nuestro hijo. Él llevaba en sus manos un regalo y me miraba con ternura y curiosidad, creía que me desmayaría por la emoción pero debía ser fuerte. Mi hijo se merecía felicidad no tristeza, los invité a pasar, mi madre al ver a Samir casi se desmaya, ya le había hablado de él pero verlo en persona era muy diferente, le dio un abrazo era como si la vida le devolviera una replica(«réplica») exacta de mi(«mí»).


Abrí el regalo, era un álbum de fotos de él mismo desde que nació hasta su primer día de escuela, yo no sabia que decir la emoción era tan grande que sólo comencé a llorar. Ellos me reconfortaron abrazándome, Sandra no dejaba de mirarme era como si todavía no creyera todo lo que estaba pasando. El poco tiempo que compartí con mi hijo lo disfrutamos al máximo a pesar de mi condición traté de dar lo mejor de mi(«mí»). Le pedí matrimonio a Sandra y ella aceptó gustosa. Fue una boda sencilla pero feliz, los médicos se quedaban asombrados pues mi mejoría era notable. Samir ya me decía papa(«papá») y(«e») hicimos tantas cosas juntos que se(«sé») que él jamás las olvidara(«olvidará»).


Fue un mes más tarde,(«:» en lugar de «,», eliminaría el «que») que una tarde después de Samir haberse quedado dormido tomé una decisión muy drástica. No me despedí de nadie sólo quería morir lejos de allí, ya lo que tenia que hacer lo había hecho y no quería causar más dolor ni sufrimiento. Dejé una carta explicando mi decisión y que ya lo tenia(«tenía») todo planeado(«,») que no se preocuparan. Llegué a una cabaña que había rentado cerca de un lago no muy lejos de allí. Esa misma noche mirando el lago y su belleza cerré mis ojos para siempre.
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Parece que mi mensaje fue demasiado largo...
Yo propongo y tu dispones, Mariposa, como siempre.

un beso
jorge
 
Gracias infinitas Jorge por ayudarme a mejor mi relato y por motivarme ,abrazos.

Desperté en un hospital rodeado de enfermeras, yo no podía hablar(«:») algo estaba en mi garganta traté de sacarlo pero eran tubos que me ataban a un respirador. Médicos y enfermeras no se despegaban de mi lado y yo sólo quería irme de allí. Quería ir donde mi hijo, estar con él lo último que me quedaba de vida y devolverle a ella una poca de felicidad. Lágrimas bajaban por mi rostro y siempre había una enfermera que me las secaba. Varios días después me había recuperado, me quitaron el respirador y ya pude respirar por mi(«mí») mismo, el doctor me dijo que tenia(«tenía») que cuidarme y que ya el cáncer había avanzado demasiado. Mi madre me llevo(«llevó») a su casa, antes de salir del hospital dejé(espacio)mi dirección y teléfono por si Sandra regresaba y preguntaba por mi(«mí»).


Para mi todo esto era tan difícil(«...») yo que era un hombre prospero(«próspero») ,(«, »)joven y con muchas ideas(«,») moría lentamente. La vida era injusta lo sabia(«sabía»); solo le pedía a Dios estar con mi hijo. Ese día llego(«llegó»), («yo»)estaba sentado en una butaca en la sala, me había aburrido de la cama, la odiaba realmente y siempre trataba de salir de ella. Pero siempre bajo los regaños de mi madre que se preocupaba demasiado. Ella no me demostraba compasión en mi presencia pero en las noches la oía llorar, no debía ser fácil saber que tu(«su») único hijo moría lentamente, tener las manos atadas y sólo esperar el final.


Oí el timbre de la puerta(«;») me levanté con mucho esfuerzo pero pude abrirla(«:») era Sandra y junto a ella nuestro hijo. Él llevaba en sus manos un regalo y me miraba con ternura y curiosidad, creía que me desmayaría por la emoción pero debía ser fuerte. Mi hijo se merecía felicidad no tristeza, los invité a pasar, mi madre al ver a Samir casi se desmaya, ya le había hablado de él pero verlo en persona era muy diferente, le dio un abrazo era como si la vida le devolviera una replica(«réplica») exacta de mi(«mí»).


Abrí el regalo, era un álbum de fotos de él mismo desde que nació hasta su primer día de escuela, yo no sabia que decir la emoción era tan grande que sólo comencé a llorar. Ellos me reconfortaron abrazándome, Sandra no dejaba de mirarme era como si todavía no creyera todo lo que estaba pasando. El poco tiempo que compartí con mi hijo lo disfrutamos al máximo a pesar de mi condición traté de dar lo mejor de mi(«mí»). Le pedí matrimonio a Sandra y ella aceptó gustosa. Fue una boda sencilla pero feliz, los médicos se quedaban asombrados pues mi mejoría era notable. Samir ya me decía papa(«papá») y(«e») hicimos tantas cosas juntos que se(«sé») que él jamás las olvidara(«olvidará»).


Fue un mes más tarde,(«:» en lugar de «,», eliminaría el «que») que una tarde después de Samir haberse quedado dormido tomé una decisión muy drástica. No me despedí de nadie sólo quería morir lejos de allí, ya lo que tenia que hacer lo había hecho y no quería causar más dolor ni sufrimiento. Dejé una carta explicando mi decisión y que ya lo tenia(«tenía») todo planeado(«,») que no se preocuparan. Llegué a una cabaña que había rentado cerca de un lago no muy lejos de allí. Esa misma noche mirando el lago y su belleza cerré mis ojos para siempre.
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Parece que mi mensaje fue demasiado largo...
Yo propongo y tu dispones, Mariposa, como siempre.

un beso
jorge
 
Triste, melancólico. Me hiciste acordar de hace un tiempo cuando tuve un pequeño tumorcito y todo lo que paso por mi mente. Felizmente fue sólo un leve susto. Hay tanta gente que pasa por eso y es cuando abrazamos la vida con fervor. Besos por escribir bondadosamente y ser estrella en el firmamento. Escribes muy bien mariposa. Abrazos.
 
Gracias Tinne me alegra te haya gustado mi relato ,saludos
Triste, melancólico. Me hiciste acordar de hace un tiempo cuando tuve un pequeño tumorcito y todo lo que paso por mi mente. Felizmente fue sólo un leve susto. Hay tanta gente que pasa por eso y es cuando abrazamos la vida con fervor. Besos por escribir bondadosamente y ser estrella en el firmamento. Escribes muy bien mariposa. Abrazos.
 
entre letras y letras se asoma el magico pincel que dejo todo con elegancia y cuidado... buena obra amiga Dios te bendiga como siempre un placer haberme perdido po un momento en tu sentir.
 
Wow, gracias por compartirme tu prosa.
Me gustó que combinaste ese sentir de tus letras con tan conmovedora canción. ;)
Besos.
 

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