Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
A hurtadillas he abandonado mi cuerpo esta noche, despegándome de él con delicadeza para no despertarlo.
No sé por qué pero me preocupaba esa posibilidad.
Ascendiendo a pocos, sin mirar atrás, he salido por la ventana entreabierta.
Me he sentido libre; era un gran peso el que me quitaba de encima. Después he indagado, ya en la altura, lo que me rodeaba desde una perspectiva que me resultaba extraña. Flotando cerca de mí he adivinado a una joven, que por gestos indicaba que me acercara. He dudado, no me parecía familiar el entorno, pero sólo un instante. Acto seguido, de su mano, he recorrido la ingravidez de los campos y, sin hablar, hemos entendido todo lo que teníamos que entender, y que no recuerdo ahora qué era. De pronto, me he visto solo y al querer volver a entrar en la casa me he acercado a la pared sin lograr contactar con ella; la he atravesado como si de humo se tratase. La pared, mi cuerpo, sin espacios físicos, sin materia. Sólo con proponérmelo estaba dentro, flotando entre mis circunstancias.
Cuando me levanté estaba seguro de que no había sido un sueño y he desayunado con la mirada perdida recordando extasiado este viaje mío tan arriesgado; oí decir que muchos cuando vuelven ya no tienen cuerpo al que regresar. Han ido discurriendo las horas y me he dicho a mí mismo que esto no podía ser verdad: ¿cómo se explica si no, después de tanta libertad, que haya vuelto a mi cárcel de huesos oxidados, límites e imposiciones?