LuKaS
L'enfant terrible
Tu cuerpo se hace un nudo,
se envuelve como el humo,
de un incienso encendido.
Lavanda para los sentidos.
El vivo rojo de una brasa
y sus cenizas, se apagan.
Me manchan el cuaderno.
La madera se hace vaho,
y choca contra mis dedos.
La luz ya se apagó;
no huelo su aroma.
Mis ojos, en las sobras,
queriendo encender,
lo que ya se consumió.
Mas efímera que yo,
se detiene mi nariz,
en el tizne del carbón.
Y por un tiempo es feliz,
el presagio de una mancha,
se apodera de su ilusión.
Que idiotez, es esa de,
preocuparse demasiado.
El hierro por oxidado,
no pierde su rigidez.
La manga camuflada,
de una chaqueta militar,
atrae mi boca y mi ñata,
que siguen percibiendo,
el perfume del incienso,
que aún vive en la tela.
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