Tres anécdotas

dragon_ecu

Esporádico permanente
Comentando sobre lo que es el amor, contaré estas tres anécdotas


Tres anécdotas

Una vez una moza se me acercó, con cara de interrogante en sus entrañas me dijo: - Responde. ¿Que sentirías por una mujer después de haber estado con ella?

Tragué saliva y medí mis palabras.
- Preciosa - le llamé.
- Yo sentiría por una mujer, después de tenernos, lo mismo que sentía antes de acostarnos.

Noté su mirada helada enfriar cuanto miraba.
La realidad dolorosa le caló más allá de lo que pensaba oír.

Un latido de corazón golpeó con fuerza su vientre, un latido silente callado y secreto.
Yo intuía lo que sucedía sin saberlo, así que debí aclarar.
- Preciosa, si antes le amaba, le seguiré amando.
- Si antes le deseaba, le seguiré deseando.
- No puedo decirte que sea incorrecto o ilegal, que el hombre no aprecie el valor de una entrega, porque por desgracia el hombre no mide lo que la naturaleza no le enseñó a medir.
- El hombre solo sabe de sudores y esfuerzos. La mujer conoce de desvelos y lamentos
- El hombre sabe de triunfos y fracasos, la mujer conoce de alegrías y quebrantos.
- Así que.. . no pidas que el hombre vea agrandado en sí mismo, lo que ella le ha entregado.
- El hombre seguirá siendo lo que es, no cambiará.
- La mujer cambiará de ser a lo que fue y a lo que será.


Ella soltó el llanto y al fin confesó. - Me entregué a él pensando tontamente que así retendría al otro.

Retrocedí torpe, asustado , imbécil. - ¿ Qué hay un tercero acaso? -

- Si - dijo ella, - y tú le conoces, le ves a diario. -

- Pero tan tonto es el imbécil que no se da cuenta de tu cariño. -


- Si - me dijo. - Eres tan tonto.

---------

La segunda anécdota se sucede años después.

Me le acerqué despacio por detrás, para no asustarle, pero ella ya sabía íntimamente quién era que le acechaba.
Y directa como es, me llamó.
- Torpe. Déjate de jugar y ven, ¿qué quieres decirme? -

- Nada, solo que el tiempo me ha dado una respuesta más completa a lo que una vez me preguntaste. -

- Habla pues y sé claro. Deja ya de dar vueltas a las palabras, que por rebuscarlas nunca me las dijiste, ni supiste oírmelas. -

- Bueno, que el hombre sentirá por quién se le entrega lo mismo que sentía antes de ese instante, será verdad. Siempre que el hombre no valore la entrega por lo que es, y deje de lado que una entrega sin condiciones, no es una entrega vacía, sino la entrega de una vida.

Regresó a verme, con los ojos llenos de cristales líquidos de furia, rumió en su boca un - ¡ tonto ! - y se marchó.

----------

La tercera anécdota sucedió hace menos de un año, mientras recorría las calles de piedra de una Atenas en mi tierra.

Me llega el mensaje de un aparato del demonio, no lo leo en seguida, pero me late que es grave.
Reviso luego y encuentro la noticia que leí y me dio la razón.

" El esposo de la moza está muerto. Ella está ahora llorando su pérdida, y el único de la familia cerca de las salas del velorio, eres tú en esa ciudad ".

Tragué saliva. Debo representar a mi familia, y debo consolar a los deudos.

Al llegar la madre llora. El padre balbucea, los hijos imploran.
Y la viuda solo seca, cada media hora, la salada lágrima que le resbala por su pálida mejilla.

Me ve. Enciende sus luces de rojos faroles en los ojos de dolores.
Se me acerca, me grita - ¡ TONTO ! - y cae en mis brazos.

Hace ya tres meses la dejé en brazos de su familia, pidiendo perdón por mi imprudencia, y tragándome el error de mi ignorancia.



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Versión narrada en http://www.mundopoesia.com/foros/temas/tres-anecdotas-ficcion.642361/
 
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Comentando sobre lo que es el amor, contaré estas tres anécdotas


Tres anécdotas

Una vez una moza se me acercó, con cara de interrogante en sus entrañas me dijo… "Responde … ¿que sentirías por una mujer después de haber estado con ella?"

Tragué saliva y medí mis palabras. "Preciosa", le llamé, "yo sentiría por una mujer, después de tenernos, lo mismo que sentía antes de acostarnos".

Noté su mirada helada enfriar cuanto miraba. La realidad dolorosa le caló más allá de lo que pensaba oír. Un latido de corazón golpeó con fuerza su vientre, un latido silente callado y secreto. Yo intuía lo que sucedía sin saberlo, así que debí aclarar. "Preciosa, si antes le amaba, le seguiré amando. Si antes le deseaba, le seguiré deseando. No puedo decirte que sea incorrecto o ilegal, que el hombre no aprecie el valor de una entrega, porque por desgracia el hombre no mide lo que la naturaleza no le enseño a medir. El hombre solo sabe de sudores y esfuerzos. La mujer conoce de desvelos y lamentos, el hombre sabe de triunfos y fracasos, la mujer conoce de alegrías y quebrantos. Así que.. . no pidas que el hombre vea agrandado en sí mismo, lo que ella le ha entregado. El hombre seguirá siendo lo que es, no cambiará. La mujer cambiará de ser a lo que fue y a lo que será".

Ella soltó el llanto y al fin confesó. "Me entregué a él pensando tontamente que así retendría al otro".

Retrocedí torpe, asustado , imbécil. "¿Que hay un tercero acaso?".

"Si" dijo ella, "y tú le conoces, le ves a diario".

"Pero tan tonto es el imbécil que no se da cuenta de tu cariño".

"Si" me dijo. "Eres tan tonto"

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La segunda anécdota se sucede años después. Me le acerqué despacio por detrás, para no asustarle, pero ella ya sabía íntimamente quién era quevle acechaba. vY directa como es, me llamó.
"Torpe déjate de jugar y ven, ¿que quieres decirme?".

"Nada, solo que el tiempo me ha dado una respuesta más completa a lo que una vez me preguntaste”.

"Habla pues y sé claro. Deja ya de dar vueltas a las palabras, que por rebuscarlas nunca me las dijiste, ni supiste oírmelas".

"Bueno, que el hombre sentirá por quién se le entrega lo mismo que sentía antes de ese instante, será verdad. Siempre que el hombre no valore la entrega por lo que es, y deje de lado que una entrega sin condiciones, no es una entrega vacía, sino la entrega de una vida".

Regresó a verme, con los ojos llenos de cristales líquidos de furia, rumió en su boca un "tonto!" y se marchó.

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La tercera anécdota sucedió hace menos de un año, mientras recorría las calles de piedra de una Atenas en mi tierra. Me llega el mensaje de un aparato del demonio, no lo leo en seguida, pero me late que es grave. Reviso luego y encuentro la noticia que leí y me dio la razón.
- El esposo de la moza está muerto. Ella está ahora llorando su pérdida, y el único de la familia cerca de las salas del velorio, eres tú en esa ciudad-.
Tragué saliva. Debo representar a mi familia, y debo consolar a los deudos.

Al llegar la madre llora. El padre balbucea, los hijos imploran. Y la viuda solo seca, cada media hora, la salada lágrima que le resbala por su pálida mejilla.
Me ve. Enciende sus luces de rojos faroles en los ojos de dolores. Se me acerca, me grita “TONTO!”… y cae en mis brazos.

Hace ya tres meses la dejé en brazos de su familia, pidiendo perdón por mi imprudencia,
y tragándome el error de mi ignorancia.



Primera anécdota
No te creo, cómo no vas a darte cuenta que es a ti a quien ella amaba...jajaja ya te imagino todo tú asombradisimo.....
a mi me pasó eso hace tiempo...jajaja el tipo se había estado deshaciendo y yo ni cuenta me había dado, hay que ver que para ciertas cosas andamos medio ciegos.

Segunda anécdota
me ha gustado aquello de la entrega de vida, creo que gran parte de las mujeres si nos entregamos es porque sentimos algo mucho más que el deseo, sentimos realmente que hay amor.

Tercera anécdota
Sabes no comprendí bien lo que hiciste...te la llevaste a la viuda? y hace poco la devolviste? Santo Dios qué me den luces...

Creo que al ser las tres anécdotas basadas en la misma persona en tiempos y escenarios diferentes yo concluiría que a veces no vemos ese amor que se nos presenta y que puede hacernos felices y tal vez provocamos en esa otra persona la toma de decisiones inadecuadas...creo también que el amor no siempre nos llega al mismo tiempo...a veces cuando nos llega al igual que la respuesta ya es tarde...

Me ha gustado leerte, no sé por qué esta prosa no tiene comentarios.
Estrellas y un abrazo
Ana
 
Esperaba romper un record de visitas sin comentarios... hoy se ha roto, pero me da gusto que hayas sido tu quien me hizo perder la virginidad. Me refiero al escrito.
Record.... 227 visitas sin comentarios.


Un abrazo.

Dragon Ecu
 
Me gusto mucho tu historia, es que a los hombres parece que hay que gritarles las cosas para que entiendan!!! como puede ser que a veces seamos tan ciegos en cuestiones del corazón??? un placer visitarte. saludos
 
Comentando sobre lo que es el amor, contaré estas tres anécdotas


Tres anécdotas

Una vez una moza se me acercó, con cara de interrogante en sus entrañas me dijo: - Responde. ¿Que sentirías por una mujer después de haber estado con ella?

Tragué saliva y medí mis palabras.
- Preciosa - le llamé.
- Yo sentiría por una mujer, después de tenernos, lo mismo que sentía antes de acostarnos.

Noté su mirada helada enfriar cuanto miraba.
La realidad dolorosa le caló más allá de lo que pensaba oír.

Un latido de corazón golpeó con fuerza su vientre, un latido silente callado y secreto.
Yo intuía lo que sucedía sin saberlo, así que debí aclarar.
- Preciosa, si antes le amaba, le seguiré amando.
- Si antes le deseaba, le seguiré deseando.
- No puedo decirte que sea incorrecto o ilegal, que el hombre no aprecie el valor de una entrega, porque por desgracia el hombre no mide lo que la naturaleza no le enseñó a medir.
- El hombre solo sabe de sudores y esfuerzos. La mujer conoce de desvelos y lamentos
- El hombre sabe de triunfos y fracasos, la mujer conoce de alegrías y quebrantos.
- Así que.. . no pidas que el hombre vea agrandado en sí mismo, lo que ella le ha entregado.
- El hombre seguirá siendo lo que es, no cambiará.
- La mujer cambiará de ser a lo que fue y a lo que será.


Ella soltó el llanto y al fin confesó. - Me entregué a él pensando tontamente que así retendría al otro.

Retrocedí torpe, asustado , imbécil. - ¿ Qué hay un tercero acaso? -

- Si - dijo ella, - y tú le conoces, le ves a diario. -

- Pero tan tonto es el imbécil que no se da cuenta de tu cariño. -


- Si - me dijo. - Eres tan tonto.

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La segunda anécdota se sucede años después.

Me le acerqué despacio por detrás, para no asustarle, pero ella ya sabía íntimamente quién era que le acechaba.
Y directa como es, me llamó.
- Torpe. Déjate de jugar y ven, ¿qué quieres decirme? -

- Nada, solo que el tiempo me ha dado una respuesta más completa a lo que una vez me preguntaste. -

- Habla pues y sé claro. Deja ya de dar vueltas a las palabras, que por rebuscarlas nunca me las dijiste, ni supiste oírmelas. -

- Bueno, que el hombre sentirá por quién se le entrega lo mismo que sentía antes de ese instante, será verdad. Siempre que el hombre no valore la entrega por lo que es, y deje de lado que una entrega sin condiciones, no es una entrega vacía, sino la entrega de una vida.

Regresó a verme, con los ojos llenos de cristales líquidos de furia, rumió en su boca un - ¡ tonto ! - y se marchó.

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La tercera anécdota sucedió hace menos de un año, mientras recorría las calles de piedra de una Atenas en mi tierra.

Me llega el mensaje de un aparato del demonio, no lo leo en seguida, pero me late que es grave.
Reviso luego y encuentro la noticia que leí y me dio la razón.

" El esposo de la moza está muerto. Ella está ahora llorando su pérdida, y el único de la familia cerca de las salas del velorio, eres tú en esa ciudad ".

Tragué saliva. Debo representar a mi familia, y debo consolar a los deudos.

Al llegar la madre llora. El padre balbucea, los hijos imploran.
Y la viuda solo seca, cada media hora, la salada lágrima que le resbala por su pálida mejilla.

Me ve. Enciende sus luces de rojos faroles en los ojos de dolores.
Se me acerca, me grita - ¡ TONTO ! - y cae en mis brazos.

Hace ya tres meses la dejé en brazos de su familia, pidiendo perdón por mi imprudencia, y tragándome el error de mi ignorancia.
Muy bellas historias y secuencias.

Saludos
 

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