darwinsin
Poeta que considera el portal su segunda casa
El amor es como un virus que espera que tu sistema inmunológico decline para contaminarte e infectarte algún órgano palpitante.
Sentir amor es una debilidad, el amor provoca anemia idílica: manos sudorosas, mariposas en tu estómago, además los nervios te traicionan.
Adiós a la felicidad creada por tu mente, nuestra configuración sufre por el ataque masivo de un virus que se propaga rápidamente, es difícil de contrarrestar, las vitaminas no se asimilan por un éxtasis pueril.
Tu mente se aturde, se confunde, se alteran tus neuronas, haces lo que nunca esperaste hacer; parece que estás embriagado en placeres extracarnales.
Los suspiros llegan a un espacio enamorado colmado de un goce placentero.
Suspiros que llegan al éter, nubes ruborizadas se asemejan a los arreboles tristes de tardes soñolientas.
¿Podrá soportar un cuerpo todas estas sensaciones? ¿Será ilusión? ¿Será amor?
Recuerdos químicos lentamente se fusionan con sentimientos metálicos dúctiles, el virus recorre tu sistema fluido, se sumergen venas concatenadas en añoranzas perfumadas, se sulfuran seres nanobiológicos acelerando nuestro ritmo cardíaco.
El tiempo y la lejanía podrán reconstruir tu organismo, pero el virus ha traspasado la barrera que te protege del dolor, el amor es un virus que nos enferma diariamente hasta que nuestro cuerpo lo asimile en fólicos recuerdos.
