Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
La muerte de Chavela Vargas me ha llevado a evocar el fallecimiento de algunos de mis seres queridos que murieron a la misma edad. Por ejemplo mi abuela, a los 99 años, cuando se enfermó de gravedad sencillamente dijo: "Ya es hora". Ante la intención de la familia por esmerarse en más atenciones para que recuperara la salud sencillamente respondió: "En este mundo ya no tengo más a dónde ir", "ya se me acabaron los pasos", "los pies ya no me llevan a ningún sitio, mi ciclo terminó". A mí me impactó la seguridad de la abuela ante la muerte;su consciencia de ser alguien con un ciclo por cumplir, insalvable para nadie. Era su mirada una que, en los últimos instantes de su vida, se comía nuestras imágenes como si tuviera su memoria la capacidad eterna de conservar todos los recuerdos.
Las noticias que empezaron a llegar desde Morelos, sobre la enfermedad que aquejaba a la cantante mexicana por decisión me hicieron recordar estos otros instantes familiares. Algunas indicaciones de ella a sus médicos sobre "nada de resucitaciones", también. Me la imaginé muy consciente de que estaba frente al umbral del fin del ciclo y que estaba lista para el proceso. En éso se parecía tanto a mi abuela paterna.
¿Trascender? La idea del viaje, del paso que nos extingue de los espacios de los cuerpos, las masas y los reflejos de la luz. Más allá de los efectos del paso a un supuesto mundo de ultratumba que serían útiles para qué. La mujer ya ha trascendido en la raíces de una cultura que la adoptó como una de sus expresiones artísticas, una cultura que está más allá de la nacionalidad que delimitan las fronteras y que quizá se comprenda más si se piensa en la lengua y un poco en cuestiones raciales que nos son comunes: latina. Para quienes compartimos el idioma español como lengua madre y nuestros cantos, y nuestra forma de expresar los eventos emotivos de la vida, Chavela Vargas ya transcendió y seremos nosotros los guadianes de su memoria inspirados por su arte. Desde nuestra cuna cultural hasta los espacios artísticos ella estará presente siempre gracias a los avances de la tecnología que nos hacen posible revivirla a cada instante. Otros grandes latinos no tuvieron tal fortuna.
Entre homenajes populares y oficiales (no exentos algunos de intenciones lucrativas) sus restos vagarán estos últimos días entre las muchedumbres con que se identificó para luego eternizarse como ceniza entre nuestros polvos. Buena decisión, pienso, para un vehículo que completó tantos trabajos, porque Chavela no solo fue una cantante y actriz, ella fue una defensora in corpus de las reivindicaciones humanas, como lesbiana practicante y declarada en épocas más retrogradas de nuestro modelo de sociedad. Mujer desafiante y sincera, de gran expresividad artística, que nos identifica desde la Tierra de Fuego al Río Bravo pasando por la madre patria que también la reclama suya, porque de hecho lo es, como lo es de todos nosotros, como lo son todos nuestros grandes personajes.
De la otra trascendencia no sabemos a ciencia cierta, habría que invocarla para ver si nos viene a cantar entre sueños, que no hace falta, porque de su arte nos queda casi todo al alcance de la mano. En todo caso, a otra búsqueda, porque más de Chavela ya no se precisa repetir en otros ambientes. Ésta fue plena.
Hasta siempre Chavela
Las noticias que empezaron a llegar desde Morelos, sobre la enfermedad que aquejaba a la cantante mexicana por decisión me hicieron recordar estos otros instantes familiares. Algunas indicaciones de ella a sus médicos sobre "nada de resucitaciones", también. Me la imaginé muy consciente de que estaba frente al umbral del fin del ciclo y que estaba lista para el proceso. En éso se parecía tanto a mi abuela paterna.
¿Trascender? La idea del viaje, del paso que nos extingue de los espacios de los cuerpos, las masas y los reflejos de la luz. Más allá de los efectos del paso a un supuesto mundo de ultratumba que serían útiles para qué. La mujer ya ha trascendido en la raíces de una cultura que la adoptó como una de sus expresiones artísticas, una cultura que está más allá de la nacionalidad que delimitan las fronteras y que quizá se comprenda más si se piensa en la lengua y un poco en cuestiones raciales que nos son comunes: latina. Para quienes compartimos el idioma español como lengua madre y nuestros cantos, y nuestra forma de expresar los eventos emotivos de la vida, Chavela Vargas ya transcendió y seremos nosotros los guadianes de su memoria inspirados por su arte. Desde nuestra cuna cultural hasta los espacios artísticos ella estará presente siempre gracias a los avances de la tecnología que nos hacen posible revivirla a cada instante. Otros grandes latinos no tuvieron tal fortuna.
Entre homenajes populares y oficiales (no exentos algunos de intenciones lucrativas) sus restos vagarán estos últimos días entre las muchedumbres con que se identificó para luego eternizarse como ceniza entre nuestros polvos. Buena decisión, pienso, para un vehículo que completó tantos trabajos, porque Chavela no solo fue una cantante y actriz, ella fue una defensora in corpus de las reivindicaciones humanas, como lesbiana practicante y declarada en épocas más retrogradas de nuestro modelo de sociedad. Mujer desafiante y sincera, de gran expresividad artística, que nos identifica desde la Tierra de Fuego al Río Bravo pasando por la madre patria que también la reclama suya, porque de hecho lo es, como lo es de todos nosotros, como lo son todos nuestros grandes personajes.
De la otra trascendencia no sabemos a ciencia cierta, habría que invocarla para ver si nos viene a cantar entre sueños, que no hace falta, porque de su arte nos queda casi todo al alcance de la mano. En todo caso, a otra búsqueda, porque más de Chavela ya no se precisa repetir en otros ambientes. Ésta fue plena.
Hasta siempre Chavela
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