Love Craft
Poeta asiduo al portal
En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez ¿cuál es la única palabra prohibida?
El jardín de senderos que se bifurcan, Jorge Luis Borges
En el período descrito, los poetas reducen las letras a grilletes de encausto estampados, y soportan una corriente de sensaciones sin objeto aparente: aciago o no desgraciado el vaivén que despierta los ojos desgarrados por voces acercándonos la navaja para observarte en las turbias horas de penumbra. El relente reseca mi garganta, la pastilla sobre la cimera del Imperio salvaje invoca la paz bélica o detenida sobre la yema de las manos produce un efecto nocturno contradictorio: duerme y despierta la imagen blanco y negro o crispa y reverbera el alba hincada en puños, armaduras y pendones. Los movimientos en la marea estática son incomparables a los dichos y hechos del relámpago y el trueno: los dedos palpan con sus pupilas los extraños corderos de algodón y carbón, que transportan una tormenta de jeringas, confusión de oídos, timbre con fragancia a espadañas. El fuego incendia las lenguas, que paladeaban cenizas esparcidas por cometas de humo y cigarrillo. Los vasos rebalsan hojas auríferas de otoño y los copos coagulan el reloj sin sentido, anunciante de la lluvia sobre la mejilla.
La simiente de cualquier cosmogonía es el Caos, y de la aspereza nacen las estrellas.
Después de todo, es fácil matar al relatar que sudar con las manos rezando sobre el regazo. Aquél resurge de entre el polvo acumulado por fósforos y maderas de fénix. Después de todo, la humanidad no es coherente en demasía.
Un obstáculo sobreviene al reposo del cuervo figurado, aleteando su halo desbordante sobre el dédalo antiguo: la religión masacra la boca predicadora, la época oscurantista incinera el vapor despedido de máquinas pensantes, viven tantos detalles invisibles donde duerme Dios.
No existe ningún límite en la Realidad que procede a través nuestro, muriendo al hermetismo. Existirá gravedad alguna atando los pies a la tierra, pero no la habrá que detenga el suicidio u homicidio, ¿por qué debe llamarse pesadilla a la fantasía sádica? Allí, donde la tierra vuela y huele hierba violeta en los tejados, los temores sólo se arrojan bajo la apariencia de traumas infantiles. La gravedad inmaterial existe, justo al conocer la imaginación fronteras donde se trenzan helechos colgantes.
Iba a morir colgado, culpable de herejía, toda la vida insultada cuando una cuerda carga lo que años nunca sabrán comprender. ¿Cuál es su crimen? Una logia acentuada sobre ritos y sacrificios extraños y vanos, llamada ‘‘Los Temporales raudos’’; vestían túnicas desaforadas en matices que emulaban los relieves de la geometría terrestre.
-El conejo blanco-musitaba- fue el riesgo de búsqueda. Como palomas ensangrentadas enfurecían estrellas y vigor a la prosa, la nieve divulgada en su pelaje y la arena enfrascada en su clepsidra nos obligaba a masacrarlo. Con una sola gota de sangre cubriéndole, los holocaustos infecundos no habrían sido al poder vosotros verlo. Pero nunca llegamos, las madrigueras eran llanuras destrabándose en llanuras o postigos sin cerradura.
‘’Enloqueció a mi esposa, como aguas oscuras trinaban en mi hondo corazón desconfiado, espantó la siembra su sequía ambulante, ahogó el calor los gladiolos nimbados de belleza melancólica. ¿De qué sirven las preguntas? Su reloj detenido ante los espejos atónitos por una tragedia hiela las lágrimas y el…
En ese momento, la Luna y el Sol posaban para el pintor, y entonces la imagen simbólica escandalizaba la sala. ¿Qué circuló por sus ojos el pasado que bloqueó el futuro ya lapidado? El desierto quieto debajo nuestro juega con la mente: a cada uno un espejismo distinto nos distrae de la hostil textura.
Notamos al mundo discerniendo en sueños, es tan difícil explicar la moral y la moraleja cuando ya no viven ideales. Allí corren los ríos junto a riberas y sauces, allí lastima. ¿Serán nuestros días una compleja fantasía?
El jardín de senderos que se bifurcan, Jorge Luis Borges
En el período descrito, los poetas reducen las letras a grilletes de encausto estampados, y soportan una corriente de sensaciones sin objeto aparente: aciago o no desgraciado el vaivén que despierta los ojos desgarrados por voces acercándonos la navaja para observarte en las turbias horas de penumbra. El relente reseca mi garganta, la pastilla sobre la cimera del Imperio salvaje invoca la paz bélica o detenida sobre la yema de las manos produce un efecto nocturno contradictorio: duerme y despierta la imagen blanco y negro o crispa y reverbera el alba hincada en puños, armaduras y pendones. Los movimientos en la marea estática son incomparables a los dichos y hechos del relámpago y el trueno: los dedos palpan con sus pupilas los extraños corderos de algodón y carbón, que transportan una tormenta de jeringas, confusión de oídos, timbre con fragancia a espadañas. El fuego incendia las lenguas, que paladeaban cenizas esparcidas por cometas de humo y cigarrillo. Los vasos rebalsan hojas auríferas de otoño y los copos coagulan el reloj sin sentido, anunciante de la lluvia sobre la mejilla.
La simiente de cualquier cosmogonía es el Caos, y de la aspereza nacen las estrellas.
Después de todo, es fácil matar al relatar que sudar con las manos rezando sobre el regazo. Aquél resurge de entre el polvo acumulado por fósforos y maderas de fénix. Después de todo, la humanidad no es coherente en demasía.
Un obstáculo sobreviene al reposo del cuervo figurado, aleteando su halo desbordante sobre el dédalo antiguo: la religión masacra la boca predicadora, la época oscurantista incinera el vapor despedido de máquinas pensantes, viven tantos detalles invisibles donde duerme Dios.
No existe ningún límite en la Realidad que procede a través nuestro, muriendo al hermetismo. Existirá gravedad alguna atando los pies a la tierra, pero no la habrá que detenga el suicidio u homicidio, ¿por qué debe llamarse pesadilla a la fantasía sádica? Allí, donde la tierra vuela y huele hierba violeta en los tejados, los temores sólo se arrojan bajo la apariencia de traumas infantiles. La gravedad inmaterial existe, justo al conocer la imaginación fronteras donde se trenzan helechos colgantes.
Iba a morir colgado, culpable de herejía, toda la vida insultada cuando una cuerda carga lo que años nunca sabrán comprender. ¿Cuál es su crimen? Una logia acentuada sobre ritos y sacrificios extraños y vanos, llamada ‘‘Los Temporales raudos’’; vestían túnicas desaforadas en matices que emulaban los relieves de la geometría terrestre.
-El conejo blanco-musitaba- fue el riesgo de búsqueda. Como palomas ensangrentadas enfurecían estrellas y vigor a la prosa, la nieve divulgada en su pelaje y la arena enfrascada en su clepsidra nos obligaba a masacrarlo. Con una sola gota de sangre cubriéndole, los holocaustos infecundos no habrían sido al poder vosotros verlo. Pero nunca llegamos, las madrigueras eran llanuras destrabándose en llanuras o postigos sin cerradura.
‘’Enloqueció a mi esposa, como aguas oscuras trinaban en mi hondo corazón desconfiado, espantó la siembra su sequía ambulante, ahogó el calor los gladiolos nimbados de belleza melancólica. ¿De qué sirven las preguntas? Su reloj detenido ante los espejos atónitos por una tragedia hiela las lágrimas y el…
En ese momento, la Luna y el Sol posaban para el pintor, y entonces la imagen simbólica escandalizaba la sala. ¿Qué circuló por sus ojos el pasado que bloqueó el futuro ya lapidado? El desierto quieto debajo nuestro juega con la mente: a cada uno un espejismo distinto nos distrae de la hostil textura.
Notamos al mundo discerniendo en sueños, es tan difícil explicar la moral y la moraleja cuando ya no viven ideales. Allí corren los ríos junto a riberas y sauces, allí lastima. ¿Serán nuestros días una compleja fantasía?
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