dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Cerré los ojos mientras la besaba en los labios y cuando los abrí había desaparecido. Besarla no era precisamente un placer sino todo lo contrario. La besaba para no perder mi privilegiada posición económica conseguida gracias a su fortuna. La engañaba con mis besos aunque la odiaba con todas mis fuerzas. Su desaparición era un enigma. Nunca fui feliz con ella, pero al desaparecer me había entregado toda la felicidad negada durante tantos años. Dichosos son los hombres capaces de vivir sin una mujer al lado; yo no necesito a mi mujer, pero sí el dinero que ella tiene. No puedo acceder a su fortuna, al no haber sido declarada como muerta su dinero todavía le sigue perteneciendo. Sospecho que la maldita nunca dejará de hacerme sufrir. Así que ahora lo que más deseo es que vuelva conmigo desde donde quiera que esté; o quizás no lo desee tanto; la verdad es ya no sé qué es lo mejor. Estoy preso de una gran incertidumbre. Decidme vosotros qué es mejor, ¿ser rico y vivir en el infierno o esta sensación de felicidad aunque no pueda tocar su fortuna?
Eladio Parreño Elías
26-Octubre-2012