luna isabella
Poeta recién llegado
Navegando al borde del precipicio,
vestida con la obscuridad de mis días,
con la fatiga arraigada a mis rodillas
Y la la atadura negra de un maleficio.
Embustera la mañana silentosa,
se disfraza de esperanza, de piadosa.
Y me pierdo en el augurio de sus ojos,
me someto a los látigos de su enojo
Voluptuosa la llama que me oprime,
que me abraza con su mano congelada.
La tristeza con su mira constelada,
se me lanza como lluvia que comprime.
Mi verdugo que me mira fijamente,
que se mofa sin piedad y sin clemencia
va su aguja caminando lentamente,
despertando el furor de mi demencia.
Me confunde el traficar de mis vivencia,
en esta silla que me juzga y me condena,
que me arrastra a la viva turbulencia
de mi vulnerable y trágica pena.
Me marcho en el cénit de mi tormento
me marcho con mi llanto sosegado.
sin mirar .....lo que me espera al otro lado!
vestida con la obscuridad de mis días,
con la fatiga arraigada a mis rodillas
Y la la atadura negra de un maleficio.
Embustera la mañana silentosa,
se disfraza de esperanza, de piadosa.
Y me pierdo en el augurio de sus ojos,
me someto a los látigos de su enojo
Voluptuosa la llama que me oprime,
que me abraza con su mano congelada.
La tristeza con su mira constelada,
se me lanza como lluvia que comprime.
Mi verdugo que me mira fijamente,
que se mofa sin piedad y sin clemencia
va su aguja caminando lentamente,
despertando el furor de mi demencia.
Me confunde el traficar de mis vivencia,
en esta silla que me juzga y me condena,
que me arrastra a la viva turbulencia
de mi vulnerable y trágica pena.
Me marcho en el cénit de mi tormento
me marcho con mi llanto sosegado.
sin mirar .....lo que me espera al otro lado!