Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Hoy, atado de pies y manos vengo,
atado pero libre
de voces y de versos;
suspendido en la atmósfera,
paseando los vientos
que me rozan las hojas,
encantado de ser mi propio preso.
Atado por la soga
de un nudo que deshago,
de una cuerda que hilo con esmero,
de un hoy para mañana, de un espero
aunque a veces me marche
conmigo a mis adentros
a traerme de vuelta cuando vuelva,
a esperar si esperar es lo que quiero,
a taparme con ceras las orejas,
a abrigarme por dentro.
Vengo a la tenue luz
de todos mis luceros,
a desforjar el hierro de mis rejas,
a derretir el frío de mis hielos
para entrar o salir
con el mínimo esfuerzo
y con la intensidad que me convenga
en el justo momento.
Vengo a asomarme con la nada a cuestas,
a colgarme del filo de mi cielo,
a oír desde mi puerta
y a que me oigan vengo.
atado pero libre
de voces y de versos;
suspendido en la atmósfera,
paseando los vientos
que me rozan las hojas,
encantado de ser mi propio preso.
Atado por la soga
de un nudo que deshago,
de una cuerda que hilo con esmero,
de un hoy para mañana, de un espero
aunque a veces me marche
conmigo a mis adentros
a traerme de vuelta cuando vuelva,
a esperar si esperar es lo que quiero,
a taparme con ceras las orejas,
a abrigarme por dentro.
Vengo a la tenue luz
de todos mis luceros,
a desforjar el hierro de mis rejas,
a derretir el frío de mis hielos
para entrar o salir
con el mínimo esfuerzo
y con la intensidad que me convenga
en el justo momento.
Vengo a asomarme con la nada a cuestas,
a colgarme del filo de mi cielo,
a oír desde mi puerta
y a que me oigan vengo.
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