Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Es la profecía de un color deformado por la luz, hilo del misterio interminable de unos ojos que reflejan la oscuridad de sus aguas en sus pupilas infinitas. Ojos tristes porque conocen la belleza que los desnuda y temen el destino de quien se mira en ellos. Guardas el silencio preciso para que la esperanza crezca cuando el espíritu flote y ya estén escritas las líneas misteriosas que luego serán palabras.
Si dentro de cien años se contara esta historia ¿quién la iba a creer? Para entonces no tendría sentido, tus ojos serán sólo una ciudad apagada. Si dentro de cien años se contara que esta profecía se puede medir en metros cúbicos de universo, querrán saber su nombre, preguntar si el espacio que ocupa es fiable o por qué en ella pasan las cosas lentamente, tan despacio, que la velocidad del tiempo se estudia en la ecuación de un suspiro.
Hubo un antes del tiempo y un ayer. Hubo un antes del tiempo en que tuve un deseo encerrado en una caja de cristal como el que tiene un tesoro, era como un espejo invisible que se rompía al rozar con tus ojos mis palabras. Y de esta metamorfosis de espíritus, esperanzas, de dudas y deseos, de ojos y palabras, cristalizó una profecía. El agua de la vida aún la riega, no existe ningún muro para impedir su paso y al morir de la magia, suena su instrumento por la honda mella de la duda.
¿Oyes su llamada?... ¿Oyes? hay algo que susurra, cierra los párpados y también eso será ruido que te alcanza. La huella del más leve movimiento permanece visible en el silencio. Allí escucho tus lágrimas y el deseo que quisiera escaparse por tus labios. Yo también quisiera precipitarme sin paracaídas a través de lo más profundo de tus ojos. Y una vez envuelto en el letargo volver al instante pasado y , una vez pasado, volver a él, volver a pasarlo, volver a desearlo. Repetir cada momento tal y como fue, sin pensarlo. No buscar el momento, vivir el momento, ese es el secreto. De modo que mientras permanezcas ocupada cumpliendo la profecía, estaré en sincronía con tu alma, para que mi cuerpo sienta cuando te estremeces, para que mis ojos crucen tus pupilas cuando estés dormida, para que no te marches a otro lugar que ni siquiera sabes que existe.
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