Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Arrasa el alma el recuerdo,
rehén quedó mi mañana
y el latido,
que atado a la nada pierdo,
tan sólo es una campana
sin tañido.
Doblando en sordo sonido,
mecida en el denso yugo
tercia el día
y esgrime en el labio herido
el nombre de su verdugo.
Todavía,
distingo en la lejanía
el humo de sus hogueras
que en mis ojos,
de aquella cuenca vacía
colmada de plañideras
y de abrojos,
al llanto anudó en cerrojos
quemando luego la llave
con su abrazo.
Y entonces fueron manojos
los cantos de sol en clave,
mi regazo,
cubierto ayer de sargazo,
de rosas alba florece
en la piel.
Mas fue un espejismo el lazo
que eterno vive y perece
en papel.
Y soy por ti ese lebrel
que aúlla siempre a la luna
sin pudor,
doliente mi letra fiel
repite mientras me acuna,
¡vuelve amor!