Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Eres
ternura,
¡mi locura!,
haz de placeres.
Por más que atemperes
sería una impostura,
negarte que sin fisura
diste color a mis ayeres
y a mis mañanas, una esperanza
tejiéndose en el quicio de tu boca.
Rompiendo el silencio mi pulso te invoca
pues muere sin ti mi corazón de añoranza,
se quiebran los anclajes en mi frágil balanza
y me vencen los miedos que a la cordura trastoca.
Soy entonces sólo sombra bajo el peso de una roca
que te piensa y que te sueña mientras te versa en lontananza.
Sabes,
mi vida,
que es suicida
quemar las naves
si de los enclaves,
con tanta ida y venida,
de antemano enmohecida
está la muesca de tus llaves.
Mas a tu puerta, postro el anhelo
y aguardo que el destino al fin acceda
a darme la cara al lanzar la moneda
borrando la cruz que hasta hoy marcó su vuelo.
Y siento al otro lado tu amargo desconsuelo,
ese quiero y no puedo que a nuestro amor empareda
abatiendo el sentimiento que angostado en la vereda,
transita en el intrincado de este latir en paralelo.
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